El término alude al proceso que los países implantan para lograr una economía con bajas emisiones de carbono
VAR, sobreturismo, los nadie, microplástico, descarbonizar… ¿Qué tienen todas estas palabras en común?, se preguntarán. Todas ellos forman parte de la lista de 12 elegidas por la Fundación del Español Urgente, más conocido como Fundéu, como palabras del año. Son vocablos que la fundación ha seleccionado como candidatas por su presencia en el debate social y en los medios de comunicación. Palabras que, además, pueden llevar a la confusión a la hora de utilizarlas, un motivo por el que la Fundéu se vio obligada a ofrecer diferentes aclaraciones sobre su uso.
Si se preguntan cuál de las doce ha sido la seleccionada como palabra del año, esa es microplástico, que se refiere a los diminutos trozos de plástico que, casi sin querer, acaban ingiriendo los peces en el mar. Se trata de una palabra adaptada a los tiempos que corren, una época, y un año 2018, en el que el cambio climático ha estado día sí y día también, o al menos debería haberlo estado, en la agenda mediática.
La propia Fundéu destaca la presencia de la terminología relacionada con el respeto al medio ambiente en la lista de las 12 palabras del año. «Entre nuestras candidatas hay menos política y, sin embargo, nos han surgido términos relacionados con el medio ambiente y la creciente conciencia de que debemos tomar medidas para preservar nuestro entorno». Entre los ejemplos que citaba: hibridar, microplástico y descarbonizar.
Posiblemente les suene esta última palabra. Sí, descarbonizar ha sido una de las palabras del año para la Fundéu, pero a decir verdad también lo ha sido para Andorra, Teruel, Aragón y España. Los términos descarbonizar y descarbonización han entrado con fuerza en la agenda mediática, política y social en este año 2018, sobre todo con el repentino cambio de gobierno que se produjo en España en el mes de junio. Pedro Sánchez llegaba a la Moncloa y con él, Teresa Ribera, la ministra «ecologista y firme detractora del uso de los combustibles fósiles para producir energía».
En este contexto, hablando en terminología medioambiental y energética, y según la Fundéu, descarbonizar no es lo contrario de carbonización. Esta nueva palabra alude al proceso mediante el que los países, u otras entidades, tratan de lograr una economía con bajas emisiones de carbono. En el caso de España, el objetivo es reducir estas emisiones en un 90% para el 2050, y así cumplir el Acuerdo de París. La primera medida: acabar con las centrales térmicas nacionales que no hayan acometido las inversiones para cumplir la normativa medioambiental.
Lo cierto es que, buceando en la hemeroteca, la primera vez que en La Comarca utilizábamos la palabra «descarbonizar» fue en junio, pocos días después de que la ministra de Transición Ecológica, el nuevo nombre de la cartera de Industria ya era una declaración de intenciones, tomara posesión. Fue durante una entrevista concedida a la Cadena Ser, cuando Ribera pronunció las palabras clave ante Pepa Bueno. El objetivo es «descarbonizar la economía española». Nueva palabra, nuevo objetivo y un horizonte muy negro, como el carbón, para la cuenca minera turolense.
A partir de entonces se hizo normal escuchar las palabras descarbonizar y descarbonización. Su uso se extendió, los portavoces de los partidos en las Cortes de Aragón hacían referencia a este término, también en la Diputación de Teruel, en ayuntamientos como Andorra y Ariño e incluso los sindicatos acuñaron este término para referirse, en conclusión, al final del carbón y de la Central Térmica de Andorra.
Lo que queda claro es que el 2018 ha sido el año de la descarbonización, el año en el que muchos han descubierto que el carbón tenía fecha de caducidad y el año en el que Endesa ha aclarado que la Térmica de Andorra dejará de echar humo en junio de 2020. Por delante quedan 12 meses en los que surgirán nuevas palabras en la agenda mediática, política y social, y solo queda esperar, y confiar, en que una de las seleccionadas tenga que ver con alternativas y soluciones. Reindustrialización ya está muy escuchada y también suena el término transición justa, aunque lo cierto es que nunca se llega a concretar.







