Recuperar la ilusión por la Semana Santa y seguir apostando por inculcar la tradición tamborilera a las nuevas generaciones. Es uno de los deseos para estas navidades de José Antonio Plana Conesa, empresario calandino que, pese a la crítica situación empresarial en la que le ha dejado la pandemia, no pierde el optimismo.
Heredó de sus padres una afición que se ha consolidado como su medio de vida, ya que Tambores Plana Conesa es una de las pocas empresas dedicadas únicamente a la percusión tradicional y la Semana Santa en la Ruta del Tambor y Bombo que, hasta que llegó la crisis, empleaba a cinco personas -incluido él. Ahora, queda José Antonio y una trabajadora en el taller de costura para confeccionar túnicas.
«Aunque principalmente vendemos instrumentos para Semana Santa no sólo lo hacemos en Semana Santa. La actividad se alarga durante todo el año porque, aunque en esta zona es la Cuaresma el periodo de más trabajo, en otras zonas no. Por ejemplo, en el Levante se gestionan muchos presupuestos en agosto y en septiembre se entregan muchas cosas. En Zaragoza también empiezan a ensayar antes y eso se nota», explica.
Vende por Internet a todo el país pero tiene muchos clientes que se desplazan a Calanda de todos los puntos del territorio nacional porque saben que el trato, la atención y la cercanía son vitales en un ámbito en el que la calidad y la tradición están por encima de todo.
«Este año no se ha empezado todavía a mover nada y es una pena», lamenta Plana Conesa, que subraya la necesidad de recuperar la ilusión perdida por el covid-19. «Hay niños que este año, si seguimos así, sumarán dos sin tocar el tambor. Y eso es muy peligroso para la tradición, porque será difícil luego reengancharles», reflexiona. En su caso, explica que su hijo, de apenas dos años, tiene el tambor preparado y que lo toca todos los días.
El calandino anima a los bajoaragoneses a aprovechar la Navidad para regalar tradición y, en ese sentido, no hay mejor opción que un tambor o un bombo para recordar «lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos». Para ello, llama a apoyar el comercio local, negocios que han sufrido la crisis del coronavirus y apenas han recibido ayudas para sobrevivir. En su caso, que pudo trabajar en el taller como autónomo, no estuvo obligado a cerrar.
José Antonio no sabe cómo, pero tiene claro que en 2021 habrá que tocar en las calles. «Con restricciones, si no hay vacuna todavía, pero no podemos dejar pasar otra Semana Santa como la de 2020», destaca. Reconoce que sin inmunidad no serán posibles actos multitudinarios como una Rompida de la Hora pero opina que sí se podrían organizar ensayos o algún tipo de procesión, siempre guardando las distancias y con todos los elementos de protección adecuados.
Con una sonrisa, José Antonio confía en que lo peor ya ha pasado y por eso concluye: «Pase lo que pase, yo voy a intentar seguir aquí, al lado de la Semana Santa y manteniendo un oficio que me apasiona».







