‘Voces de la Mina’ ya ha visto la luz. El documental dirigido por Raül Belver Domínguez culmina así un proceso marcado por los plazos ajustados y la posterior revisión técnica, después de que se estrenara en primicia en las instalaciones del Museo Minero de Andorra un día antes de la celebración de las jornadas de Santa Bárbara.
El proyecto nació en el marco de una iniciativa de la Federación Europea de Minas, Mines.B, cuyo objetivo es recopilar la memoria histórica minera en Europa. La versión centrada en el territorio bajoaragonés surge a raíz de un encargo de la Comarca Andorra-Sierra de Arcos. El audiovisual mantiene la narrativa original, aunque incorpora algunas correcciones, algo lógico, según ha explicado Belver, "teniendo en cuenta que montar un documental de una hora en apenas medio mes es extremadamente complejo".
Durante aproximadamente medio año, equipos de Eslovaquia, Italia, Eslovenia y España recogieron testimonios sobre cómo fue la vida antes, durante y después de la minería en sus respectivos territorios. Cada participante abordó el trabajo desde una perspectiva distinta: laboral, social o incluso feminista.
En el caso bajoaragonés, Belver centró el foco en las diferencias entre Andorra y Ariño, especialmente en el impacto social de compañías como Endesa y SAMCA. Sin embargo, al poner en común los resultados, el equipo descubrió un denominador común potente: pese a las diferencias culturales y lingüísticas, los testimonios eran prácticamente idénticos. La vida de un minero de Ariño tenía más en común con la de uno de Banská Bystrica que con la de un habitante de grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza. Esa constatación refuerza la tesis del documental: la minería esculpió tradiciones y formas de vida similares en territorios muy distintos de Europa.
Belver reconoce sentirse «feliz» con el resultado, aunque admite que prefiere no volver a verlo. Su carácter perfeccionista le empuja siempre a encontrar aspectos mejorables. "Es importante saber cuándo decir hasta aquí y entregarlo, para mí nunca estaría completamente terminado", señala, tras meses de espera en los que dejó reposar la obra hasta que la institución comarcal indicó los ajustes necesarios.
El documental persigue un doble objetivo. El primero, que cualquier persona, independientemente de su vinculación con el sector, pueda comprender qué fue la minería y qué significó para España. Belver pone el acento en lo que considera un maltrato institucional hacia estos territorios y cuestiona que existiera una transición justa tras el cierre de las explotaciones.
Sostiene que este abandono bajoaragonés se conocía en los despachos de Madrid y que el medio rural rara vez ha sido prioritario en la toma de decisiones. A su juicio, "cuando se necesita energía se piensa en Aragón, pero es el territorio quien paga los platos rotos". Tras décadas siendo motor económico durante buena parte del siglo XX, el sector se desmanteló de manera abrupta, lo que plantea la pregunta de cómo puede resurgir un territorio al que se le arrebata de golpe su base productiva histórica.
La segunda aspiración del documental es de carácter emocional: "Que un minero de Riotinto, en Huelva, o de Asturias pueda verse reflejado en los testimonios recogidos en Teruel". Que pueda reconocer herramientas, gestos y vivencias compartidas y transmitirlas a las nuevas generaciones.
Belver vincula esta reflexión con dinámicas energéticas actuales y menciona ejemplos como el trasbase del río Ebro, la implantación de centros de datos o los campos de molinos para generación eléctrica, que considera muestras de una injusticia energética persistente hacia el Aragón rural. Si eso ocurre, considera que la obra habrá cumplido su función: evitar que las historias cotidianas desaparezcan con el paso del tiempo sin haber sido contadas.
‘Voces de la Mina’ arranca con un fragmento de uno de los libros favoritos de Belver, ‘El balcón en invierno’, de Luis Landero. La cita reflexiona sobre la paradoja de conocer con detalle la vida de grandes figuras históricas mientras se ignoran las biografías de las personas cercanas.
Ese planteamiento vertebra el documental. El objetivo es impedir que las historias de los mineros y sus familias se pierdan. La minería no se aborda únicamente como actividad económica, sino como identidad colectiva atravesada por el éxodo y por la conciencia de las raíces. El cierre está acompañado por la canción ‘La Bonita’, de la artista Nana, cuya elección adquiere un significado especial vinculado al fin de la minería. Las imágenes aéreas que aparecen en el documental fueron filmadas conjuntamente con Sergio Piquer.
Belver reconoce que esa preocupación por la memoria histórica tiene también un componente personal. Desde pequeño recibió en su entorno familiar la importancia de conocer y preservar sus raíces. Su madre, nacida en Alemania, pero hija de padres andaluces originarios de Cumbres Mayores, un pequeño pueblo de la sierra de Huelva, nunca ha dejado de recordarles de dónde vienen. "Con el tiempo he comprendido que esa conciencia no solo debe de ser individual o familiar, sino también colectiva, y esa es la reflexión que da sentido al documental", ha añadido Raül.
Tras completar la fase de corrección, el documental podría emitirse en la televisión local de Andorra, Andorra TV. De momento, el autor lo ha publicado en su página web profesional con la intención de darle mayor recorrido. También aspira a que llegue a otras zonas mineras españolas a través de museos u organizaciones vinculadas al patrimonio minero, consciente de que España cuenta con un legado minero relevante.
En paralelo, Belver reflexiona sobre la dificultad de sacar adelante proyectos audiovisuales con vocación social. ‘Voces de la Mina’ salió adelante casi como un regalo para la Comarca Andorra-Sierra de Arcos. Entre sus ideas figura impulsar nuevas iniciativas documentales, como un proyecto de museo digital denominado "Raigame", concebido como una plataforma web con producción audiovisual, dinamización mediante códigos QR y participación juvenil. La propuesta no prosperó por falta de financiación, tras recibir una oferta de 200 euros que decidió rechazar.
También contempla realizar otro documental sobre minería en la Comarca de Cuencas Mineras, aunque admite el desgaste que supone negociar constantemente el valor de un producto cultural. "Ideas hay muchas. Lo que falta es apoyo", resume.
















