En unas vitrinas acristaladas conviven ‘Desayuno con diamantes’ y ‘Titanic’; y Audrey Hepburn y Marylin Monroe se miran con total naturalidad ambas vestidas como el gran público las recuerda. Es la magia del cine, que con los toques precisos cualquiera puede reconocer a dos de las actrices más influyentes del mundo e, incluso, recitar el título de la película sin haberla visto. Manuela Garrido Landa sí que las ha visto, y unas cuantas veces de forma detenida y con ojo crítico especialmente puesto en los vestidos.
El cine es una de las pasiones de la caspolina y, más concretamente, el de época unido al vestuario, además de los bolillos. Es la técnica que le permite recrear los modelos que le llaman la atención en escalas del tamaño de una muñeca Nancy. «Los bolillos te permiten una amplia variedad de opciones, parece que estén enfocados a una cosa pero no, la realidad es que da mucho juego», apunta. Desde hace unos años cose vestidos en su mayoría de corte modernista y basados en películas retomando una afición de la infancia cuando ya le gustaba confeccionar trajes para sus muñecas. El gesto lo había visto ya en casa con su madre y su abuela, «que sí cosían prendas con patrones», pero ella lo aparcó hasta que un día escuchó en la radio que en la Asociación de la Mujer Caspolina empezaban clases para principiantes y se apuntó. De la mano de su profesora Alicia fue avanzando y el tercer año ya cogió la soltura suficiente como para reproducir los trajes de películas como ‘Rebeca’ o ‘Muerte en Venecia’ con sombrilla incluida. «Los accesorios son interesantes también si entran collares, pendientes, pamelas… Tienes que hacer de sombrerera», ríe.
Sigue acudiendo a clases y aprendiendo, y todos los años tiene el reto de preparar una muñeca para el Encuentro de Bolillos de Caspe, que esta vez se celebrará el 23 de noviembre. «La estoy ultimando. Expongo siempre una muñeca pero alrededor hay auténticas maravillas que hacen mis compañeras con puntos muy complejos y piezas muy grandes. Lo mío es más manualidad que costura», añade.
Hace sus trajes sin ninguna pretensión más allá que la del disfrute propio, pero reconoce que llaman la atención. Tanto, que decidió abrir un blog (nancyenparticular.blogspot.com) en el que cada entrada tiene sus comentarios, algunas incluso superan el medio centenar. Manuela cuida cada detalle en sus muñecas y también en el blog donde explica sus procesos y el origen de sus diseños. Una entrada muy celebrada es la del vestido blanco que luce Bette Davis en ‘Jezabel’, que además de ser impresionante, lo hizo después de haber reproducido otro rojo que también aparece en la misma película.
Nancy, Ellowyne, Barriguitas…
En el caso de ‘Jezabel’ las modelos son Ellowyne, unas muñecas americanas articuladas, pero Manuela empezó con la Nancy porque tenía tres que guardaba de su niñez. «Hay un mundo con la Nancy, se pusieron por las nubes en precios porque durante un tiempo se dejaron de fabricar. Yo empecé con ellas porque las tenía, no por coleccionismo, y de ahí he ampliado un poco», comenta. También tiene alguna Mary, de aspecto y medidas muy parecidas a las de Nancy, alguna coreana que le han regalado y varias Barriguitas que también tenía de su infancia.
Siendo de Caspe, tarde o temprano era obligado hacer algunos trajes de la época de 1412, entre otras cosas, para mostrar este tipo de vestuario a sus alumnos, porque también es maestra de Educación Infantil en el CEIP Alejo Lorén y se estudia el Compromiso. No es lo único que lleva a sus pequeños, también ha creado para ellos unos cuantos cuentos afieltrados con los que disfrutan aprendiendo.
Para coser estos trajes de 1412 recurrió a Histórica Vestimentum, la asociación que en Caspe se encarga, entre otras cosas, de que la recreación sea fiel a la época en la ropa. «Si no había botones pues no se ponen, te buscas la vida, y eso es lo que me gusta de ellos y lo que yo trato de hacer con mis pequeños proyectos», dice. Las Barriguitas reducen más todavía las medidas, por lo que el reto se amplifica y hasta el calzado es digno de admirar. Manuela llega a recrear incluso la ropa interior en muchas de sus confecciones, que no se ve pero es lo que da forma al vestido y por eso sus muñecas llevan crinolinas de aros, polisones o guardainfantes en el caso de una menina, una de sus primeras creaciones. «Aprendes mucho vocabulario», bromea. «Lo que me gusta de esta afición es el efecto mindfulness que tiene porque se plantea un reto y mientras lo sacas no piensas en nada más, te evades de tu día a día», sonríe. «En cuanto al cine, son películas clásicas que, ojalá al ver las muñecas, haya gente que se anime a verlas si no las conoce o que se vuelva a acercar a ellas desde otro punto de vista», dice.
Con sus homenajes pone en valor el vestuario en el cine y ella misma también crea sus escenografías. En el blog hay unas cuantas en las que se detiene en la Escuela Moderna, el movimiento pedagógico de comienzos del siglo XX; o se recrea también en juegos y en épocas como el Barroco con las Barriguitas en diferentes situaciones. Dos de sus muñecas se han expuesto en la Filmoteca de Barcelona y en el Museo del Traje de Terrassa. Y en Viena, los visitantes a una muestra sobre el director de la película ‘Sissi’ vieron la fotografía de su Romy Schneider en versión muñeca con el vestido al detalle. Recrearlo tal cual le costó memorizarlo en una exposición en Viena. Allí se encontró con el original y en color y con que no se permitía hacer fotos. «Di unas cuantas vueltas a la vitrina hasta que me quedé con los detalles», ríe. Esta historia es una de las más comentadas en su ventana en internet.







