Este premio es un reconocimiento a su trabajo en el diseño de arquitecturas informáticas energéticamente eficientes y resilientes. Es difícil acotar, pero ¿cuáles son las aportaciones?
Diseñamos qué componentes tiene que llevar cada uno de los diferentes computadores que hay en el mercado. Una parte central de los sistemas son los microprocesadores y es a lo que he dedicado la mayor parte de mi carrera. Son los chips que encontramos si abrimos un computador. Es como el cerebro del ordenador y tratamos de mejorarlo en diferentes aspectos. Trabajamos en conseguir que den más rendimiento y a la vez consuman menos y, por otro lado, en la resiliencia: en garantizar que estos sistemas no cometan nunca errores. Es un reto porque en un chip se pueden poner del orden de 100.000 millones de transistores, que tienen un tamaño tan pequeño que en el diámetro de un cabello humano, caben hoy en día 10.000 que hay que interconectar y garantizar que funcionan.
¿Cómo considera que ha evolucionado la tecnología?
Ha sido algo estratosférico en lo que se refiere a las tecnologías que usamos para diseñar los computadores. En muy pocas áreas se ha visto una evolución tan vertiginosa durante décadas. Esto empezó ya desde hace 50 años con un famoso tecnólogo que se llamaba Gordon Moore, que fue cofundador de Intel. Sobre los años 70 ya predijo que lo que íbamos a conseguir era que cada dos años el número de componentes que integramos en un chip se iba a duplicar. Es una evolución exponencial, porque el primer chip de Intel tenía 2.000 transistores y ahora tienen 100.000 millones. El teléfono móvil que muchos tenemos en nuestros bolsillos, es más potente que los supercomputadores de los años 80, cuando había quizá 50 en todo el mundo porque valían una millonada. Desde luego, cuando se emplea el teléfono no solo se usa la telefonía, se emplean unos centros de datos enormes que pueden ser tan grandes casi como un pueblo. Son miles y miles de procesadores trabajando a la vez para resolver un problema.
¿La inteligencia artificial ha supuesto un reto en esta arquitectura de computadores?
Diría que al revés. La arquitectura de computadores ha hecho factible la inteligencia artificial que tenemos hoy en día. Todos estos modelos que usamos de inteligencia artificial se basan en modelos que se han mejorado, pero la base se propuso en los años 80.
¿Y qué es lo que ha cambiado?
Que para que esos modelos puedan realmente abordar funcionalidades complejas, como entender el lenguaje humano e interaccionar con una persona igual que si fuera un humano, hace falta una potencia de cálculo enorme. En los 80 no existía, teníamos chips, computadores que eran muchísimo menos potentes; pero esa evolución de ir duplicando cada dos años la potencia ha hecho factible que a día de hoy sea posible gestionar unos modelos que son sumamente complejos. Diría que uno de los objetivos de nuestro trabajo en arquitectura de computadores es mejorar los sistemas para que aplicaciones que hoy en día no son posibles, en el futuro lo sean. La inteligencia artificial es un claro ejemplo que está en plena explosión en parte gracias a que hemos conseguido desarrollar computadores que son mucho más eficientes de lo que eran en la época inicial en la que se empezaron a proponer las teorías.
¿Estamos entrando a las bases de un cambio revolucionario que podría llegar a medio plazo?
Yo creo que sí. De hecho, diría que ya ha habido varios cambios revolucionarios debido a estas tecnologías. Si vemos la manera en la que trabajamos, nos comunicamos o nos entretenemos, siempre hay un ordenador de por medio y quizá no nos demos cuenta. Cuando empecé mis estudios en los años 80 no teníamos correo electrónico, y ahora tenemos todas las redes sociales y hasta coches que conducen solos. Precisamente, la inteligencia artificial ha llegado a un punto de madurez que nos está proporcionando unas funcionalidades increíbles a muchos niveles.
Con la tecnología por desarrollar, ¿cómo le surgió la vocación?
(Ríe) Fue algo un poco sorprendente. Estudié la EGB en Valjunquera hasta los 14 años y luego el Bachillerato y el COU en el IES de Alcañiz. Tenía claro y decidido que iba a estudiar Matemáticas porque me gustaban mucho, yo ni sabía qué era un ordenador ni había visto uno en mi vida. Pero el último año de COU vi unos folletos en secretaría sobre una nueva carrera que se llamaba Ingeniería Informática. Algo me hizo ‘clic’ en mi cabeza, pensé que aquello parecía súper atractivo y tenía que probarlo. Se me presentó un mundo nuevo a explorar y quizá la curiosidad me llevó a tomar la decisión. Me fui a Barcelona porque era de las tres facultades que había entonces la más cercana.
¿Qué significa Valjunquera?
Es un punto de referencia, yo soy de allí, tengo ahí mis raíces, mi esposa es de Alcañiz, todas nuestras familias están ahí arraigadas, seguimos yendo frecuentemente cuando podemos a Valjunquera o Alcañiz. Aparte de la familia, ahí tenemos a las amistades que se hacen cuando uno es joven, que creo que son especiales porque siempre se tiene un vínculo más especial y que nunca se pierde. Es un punto muy importante, es un lugar de referencia, por supuesto.
¿Nunca se planteó salir a otros países a trabajar? Seguro que han surgido ocasiones.
Sí, he tenido muchas opciones y las sigo teniendo, pero lo más que he hecho es hacer estancias. Fui director de un centro de investigación de Intel durante 13 años con unos 50 investigadores a mi cargo. Es uno de los principales fabricantes de microprocesadores a nivel internacional y antes de abrir el laboratorio de investigación en Barcelona estuve seis meses en Estados Unidos aprendiendo cómo hacían las cosas allí. Luego ya trabajé desde aquí pero en contacto constante. Uno también puede hacer un trabajo excelente desde aquí, desde España. Y hay que buscar el compromiso entre la parte profesional y la parte personal, y para mí la parte personal y familiar, es una prioridad máxima y también ha pesado mucho a la hora de tomar mis decisiones sobre temas laborales.
¿Qué consejos les daría a quien esté pensando en estos estudios?
Que no hay estudios mejores ni peores, que hay que escoger lo que a uno le motive. Lo importante en esta vida es que uno vaya a trabajar con ilusión cada día, porque será más feliz y seguro que hará muchísimo mejor trabajo. Si alguien se decanta por lo que yo hago tiene que hacer Ingeniería Informática porque la arquitectura de computadores es parte de ella. Después se puede especializar con un máster, seguir con un doctorado. Hay todo un camino.







