Un body bordado a mano con miles y miles de cristales y flecos cosidos uno a uno. Así es uno de los secretos mejor guardados cada año según se acerca la fecha de Eurovisión: el vestido que lucirá la representante española. Melody fue la elegida de este año en el Benidorm Fest en febrero y ya entonces vistió de quien le ha vestido para la gran cita en Suiza: Gustavo Adolfo Tarí.
Esta semana se ha ido desvelando parte del vestuario que la andaluza lucirá el sábado, aunque no todo está contado. Tarí se ha encargado de la cantante y también del cuerpo de bailarines, algo que no suele ser lo habitual en la trayectoria del diseñador, por lo que lo ha asumido también «como un reto». Su especialidad es la pedrería y las plumas y por eso son muchas las figuras que demandan sus servicios. Bad Gyal o Ana Mena confían en él. También Shakira, con quien ha trabajado en más de una ocasión. La última, en la gira que la internacional sigue moviendo por el mundo. De hecho, mientras Melody se batía el cobre en el Benidorm Fest, él estaba viajando de un lado a otro por América ultimando detalles del tour de la colombiana. En ese momento nada estaba dicho sobre que él se encargaría del vestuario de la delegación española en Eurovisión, pero ese momento llegó una vez en Radio Televisión Española se confeccionaron equipos, se definió proyecto y arrancó a funcionar el complejo engranaje que conlleva la participación de un país en un certamen internacional de tal calibre.
Más de 15.000 cristales cosidos a mano
En unas dos semanas de trabajo puro y duro de taller, Tarí dio vida al vestuario que envuelve a ‘Esa Diva’, un diseño que confeccionó basándose en la letra de la canción. «Habla de una mujer actual, una mujer poderosa, y había que reflejarlo así y confeccionar una propuesta que tenga un poco de tradición española, porque representamos a España», dice.
Lo que se sabe y se ha visto hasta el momento es que Melody luce dos vestidos a los que se llegó en común consenso con la artista y el equipo de estilistas liderado por Almudena Ruiz. El primero es en tonos oscuros, coronado por un sombrero cordobés y terminado en una impresionante bata de cola. Ella canta estática y arranca la primera acción antes del baile. «Esa parte tiene ese punto de cultura española en la bata de cola y en el terciopelo y azabache; y luego, a partir de ese momento, pasa a ser otra diva…», añade. Eso sucede cuando rompe la canción, y rompe también el vestido dejando atrás la bata y dejando al descubierto el segundo, el body en tonos claros con pedrería meticulosamente ideada y colocada por él mismo. Calcula que ha colocado unos 15.000 cristales uno a uno en el body bordado a mano, aunque "con toda seguridad" son más. El vestuario comienza mostrando a una diva como las de antes, una diva más clásica, «y por eso tiene volúmenes que lo hacen todo más estético». Termina mostrando a una diva más actual, «una diva que puede ser una artista más de hoy en día, una diva internacional que bien puede estar en Las Vegas o en Los Ángeles». El diseño permite todo el movimiento que Melody precisa para bailar y moverse a sus anchas por el escenario y atiende a todas las demandas de la puesta en escena pensada para un show retransmitido en televisión.
Un artesano de la moda
Gustavo Adolfo Tarí es natural de Elche e instaló su taller en Barcelona, donde estudió y comenzó a trabajar en un sector al que desde niño supo que quería dedicarse. Desde ahí se mueve a medio mundo. También a La Fresneda, pueblo que conoció hace una década y del que se quedó prendado hasta el punto de hacerse con una vivienda en la que, además, habilitó otro pequeño taller en el que se pasa las horas muertas. «Ahí sí que disfruto mucho, estoy tan feliz…», añade. «Soy un artesano más que un diseñador», reitera. Muchos diseños han salido de ahí, o los ha ideado allí entre paseos por el Matarraña. Según el proyecto se hace rodear de más personal tal y como ha sido el caso de Eurovisión.
Aunque todo ha salido de sus manos, ha precisado de ayuda puntual en momentos, como por ejemplo, en el que tuvo que dar forma y vida a la bata de cola. Cada volante se ha cortado uno a uno a mano, no hay máquinas, y el resultado es una cola de cuatro metros de largo por tres de ancho. «Aunque se vea solo como una silueta, el volante tenía que ser cortado en círculo, tenía que ser uno a uno y tenía que ser ese material. No podía ser otro», apunta. El sombrero cordobés hubo que mandarlo a confeccionar a un taller porque tiene unas características específicas. Tiene la copa más baja de lo normal y el ala más ancha, algo nada sencillo de lograr si se busca que mantenga el equilibrio. «Queríamos dar trabajo a nuestra gente en nuestro sector y la base se ha confeccionado en Sevilla», dice. Luego él añadió todos los cristales que lleva y su ribete del borde. «Hicimos muchos ensayos y muchas pruebas, han sido semanas de mucho viaje Madrid, Barcelona, Basilea y lo único que me pidió Melody es que lo termináramos cuando yo estuviera contento con el resultado, y lo estoy y mucho», concluye.








