Trató de ser convencional y llevar la vida que se suponía que tenía que ser según la norma, esa que asigna a cada persona un trabajo de ocho horas, una casa y un perro. Lo intentó y separó el taller de su casa. «Fue un desastre», ríe. Entonces decidió ser como es y vivir diseñando, cosiendo y ordenando las miles de ideas de su cabeza. «Esto es mi vida, no me siento como en un trabajo, no tengo que parar nada. Disfruto y es como soy», advierte. Desde niño tuvo muy claro que sería diseñador de vestuario de espectáculos y en ello está, vistiendo a grandes estrellas. Esperando a embarcar en el avión que le llevará junto a Shakira hace memoria. «No estaba muy bien visto que un niño de un pueblo de Alicante en los años 70 y 80 quisiera coser», dice, y eso que los grandes nombres que resaltan son masculinos. «Eso es muy curioso, con la cocina pasa igual… Son trabajos que cuando somos jóvenes se nos ponen palos en las ruedas porque son de mujeres, pero luego triunfan los hombres. Es algo rarísimo, sí», piensa.
Ese deseo de vivir su vida le llevó a Barcelona a estudiar Diseño de Moda y empezó a trabajar en dos sastrerías de espectáculos y por su cuenta hasta que le ofrecieron trabajar en el vestuario de una ópera en el Liceo y empezó su camino en solitario. Fue enlazando proyectos, muy variados y de todo tipo, tanto en teatro como en publicidad, cine o musicales con conciertos y videoclips, y un largo etcétera. No podía ser convencional su vida porque su arte no lo es, aunque él se considera antes artesano que artista. Es especialista en diseño en pedrería, plumas y corte al láser. Esta exclusividad y su buen hacer le conectaron pronto con «celebrities que emplean mucho este vestuario». Son, sobre todo, cantantes y primero llamaron nacionales como Ruth Lorenzo o Pastora Soler, y más tarde, internacionales como Rosalía, Karol G, Mariah Carey o Shakira, con quien ha trabajado en varias ocasiones y de forma estrecha. De él ha lucido varios diseños, incluidas algunas coronas. Ahora que está de gira, Tarí ha volado a América para estar en su equipo. No obstante, compagina varios proyectos. Uno es un anuncio del que no puede desvelar más, y otro es la creación del vestuario para el próximo espectáculo de la bailarina Sol Picó.
Trabaja solo en algo tan específico. Puntada a puntada va sacando adelante los trajes que hacen brillar todavía más a las protagonistas. Pero también a los elencos de obras teatrales históricas o los personajes futuristas de alguna publicidad. Cuenta con colaboración y, si se embarca en un proyecto de dos o tres meses como es una obra teatral, contrata a personal. «Yo no tengo láser, para eso cuento con un amigo. Se diseñan las piezas primero en ordenador y luego se cortan y salen los espejos que se ven en mis vestidos como lágrimas o cristales rotos». Así explica en un suspiro lo que son horas y horas, y días y días de confección. «Por eso te digo que es mi vida y yo estoy feliz, feliz de verdad».
Buena parte de esas puntadas las da en La Fresneda. Hace casi dos décadas se enamoró del pueblo en una visita y compró una casa. En la planta superior habilitó un pequeño taller en el que pasa las horas, porque cuando no viaja pasa mucho tiempo en el Matarraña. «Cualquiera de los pueblos es ideal, yo dije que me instalaría en la zona, lo conseguí y estoy muy bien y estoy mucho en el pueblo», relata. Vivir en la zona le llevó a entrar en contacto con Dabí Latas -de quien recoge el testigo en EncontrARTE- y Elena Guarc, dos personas inquietas y apasionadas del mundo de la ropa y la indumentaria. El nexo de unión fue Anteayer Indumentaria, la tienda de Latas en Alcañiz a la que recurrió Tarí en un momento dado en su búsqueda de prendas y accesorios para llevar a cabo proyectos históricos en los que anda metido de vez en cuando. En ambos mundos se maneja, en el futurista y el tradicional, y ambos se dieron la mano en junio del pasado año en un desfile que organizó con Latas y FP de Hostelería del IES Matarraña en el Castillo de Valderrobres. Y, si no es en La Fresneda, es en Barcelona donde trabaja en otro taller y si no, en el lugar donde se encuentre la estrella a vestir. «A veces me llevan de viaje», sonríe. Su enlace con la artista es el equipo de estilistas que son el filtro que controla si el vestido es para una alfombra roja, premios, un festival… Saben qué fondo habrá para las fotos y qué otras cosas han llevado antes para no repetir. «Se mira todo, no hay nada al azar», dice. Si le encargan el diseño, él hace unas propuestas y si el encargo es de sólo la confección, la hace sobre el diseño que le dan. «Unas veces sólo funciono como taller y otras, como diseñador y como taller, depende», afirma. Últimamente ha viajado mucho a América, pero Europa se la ha recorrido unas cuantas veces a grabaciones a Roma, París o Londres. Él acude al hotel, toma las medidas y ya lleva tejidos e ideas. «O lo llevo medio confeccionado y lo termino allí o lo confecciono allí», dice. Trabaja en distancias cortas y por eso, además de la profesionalidad, la discreción es clave. «Lo importante es que ellas se sientan a gusto, se trata de ser natural para que ellas se sientan cómodas», apunta.
"Una diva es valiente, poderosa...": El día que Melody conquistó el Benidorm Fest y puso rumbo a Eurovisión
Tarí no le da más importancia a un proyecto que a otro por el nombre de la artista, todos son importantes y tienen ángel. El vestuario es clave en la historia que se quiera contar sea el formato que sea. Por eso no se entiende que los figurinistas sean los grandes desconocidos. «Estoy muy cómodo en el anonimato, pero ese reconocimiento sería justo». Agradecidos sí son los Eurofans y eso lo comprobó cuando Melody ganó el Benidorm Fest. La frase ‘Una diva es valiente, poderosa’ del estribillo ya forma parte del imaginario colectivo y la cantó a los cuatro vientos con un diseño del que Tarí diseñó cada pieza, cortó al láser y cosió al mono. «Son fans que van más allá, que se interesan más, y lo noté en el incremento de seguidores en Instagram», dice divertido y aclara: «No puedo decir si irá con mi diseño a Eurovisión, ahí no puedo dar una exclusiva», ríe. «Pero lo que sí es y puedo decir que hasta el Benidorm Fest va vestida de mí, luego ya… nunca se sabe».








