Pocos lugares existen en el Matarraña tan evocadores y sorprendentemente tan poco concurridos como la Fábrica Bonica de Valderrobres. La histórica construcción que durante dos siglos albergó un incesante bullicio y actualmente se encuentra en ruinas, es estos días noticia después de que la asociación Hispania Nostra la incluyese en la Lista Roja de patrimonio industrial amenazado. El edificio data de 1789 y fue una fábrica de papel. Tal y como apuntaron desde esta asociación, las ruinas del edificio conservan aún las paredes principales y una pared interior maestra, algunos arcos y piletas. El interior está lleno de escombros y de vegetación, destacando dos pinos de grandes dimensiones. La fachada principal ostenta unas pinturas al fresco que están perdiendo la viveza de los colores y las figuras casi no se distinguen. Desde Hispania Nostra destacaron la singularidad de la edificación por reunir fábrica y palacio. También se conserva la capilla de Santa Bárbara.

Desde Hispania Nostra advirtieron de que si no se actúa pronto en la consolidación del edificio, se corre riesgo de derrumbe en algunas de sus estructuras. «Recibimos documentación y fotografías del edificio y nos pareció un valiosísimo exponente de patrimonio histórico industrial que corre serio riesgo de desaparecer», explicó Bárbara Cordero, presidenta de Hispania Nostra.
La historia del edificio y sus características pueden conocerse a través de la propia web de la asociación, que recoge hasta 800 construcciones de tipo arqueológico, civil, industrial, militar, religioso y natural. La asociación se nutre de la documentación y fotos que le envían desde todo el país.
Desde Hispania Nostra reconocieron la dificultad que existe, en muchos casos, a la hora de recuperar edificios de este tipo. Entre las posibles soluciones apuntaron al micromecenazgo como una de las vías para poder llevar a cabo una actuación de urgencia y consolidar los elementos estructurales. Sin embargo, reconocieron que la experiencia les demuestra que la recuperación total de estos edificios pasa por darles después un uso, en la mayoría de los casos turístico u hostelero. «Creemos que para llevar a cabo una gran inversión en la rehabilitación de un inmueble de este tipo detrás tiene que haber un uso que puede ser turístico o de otra índole para hacer su rehabilitación sostenible», apuntó Cordero.
Fallido intento de recuperación
El inmueble es de titularidad privada. La finca, que pertenecía a los descendientes de los antiguos fabricantes, fue adquirida hace varios años por un particular que se propuso restaurar y reconstruir el edificio para poder hacerlo visitable y transformarlo en un hotel. Sin embargo, el nuevo propietario desistió de su empeño tras varios problemas a la hora de dotar a la finca de un nuevo acceso. A pesar de que llega una pista hasta el inicio de la finca, el dueño pretendió ampliar el acceso, que cruza el río Pena a través de un pequeño puente. Pero no obtuvo la autorización de la Confederación Hidrográfica del Ebro.

El inmueble se encuentra a escasos metros del cauce del río que, cabe recordar, allí ya está regulado por el embalse de Pena cuya presa está a tan solo 1 kilómetro aguas arriba. De este modo, el propietario intentó acondicionar un nuevo acceso siguiendo una pista que sigue una antigua conducción de agua y que atraviesa una finca vecina. Algo en lo que tampoco pudo llegar a un acuerdo con sus vecinos, en un asunto que incluso llegó a la Justicia, que dictaminó una sentencia desfavorable para el propietario, quien finalmente desistió en su empeño.
Apogeo del papel y abandono en 1955
La Fábrica Bonica, también conocida como Fábrica Zurita por el apellido de la familia propietaria, se construyó junto al río Pena, que forma varios saltos de gran belleza y presenta una lámina de caudal constante tras la construcción del embalse del mismo nombre en 1929. De esta manera, pasó a formar parte del tejido empresarial de las papeleras situadas a lo largo del río Matarraña, desde Valderrobres hasta Beceite. Su máximo periodo de esplendor transcurrió desde su inauguración hasta el primer cuarto del siglo XIX. Este tipo de fábrica se quedó obsoleto cuando comenzó la fabricación de papel continuo, dedicando la producción de estas factorías al papel de gran calidad, como el papel de naipes. En 1955 la Fábrica Bonica fue desmantelada, siendo desmontados el tejado, los sillares de los vanos de puertas y ventanas, así como la madera, que fueron adquiridos por la fábrica de Cervezas Damm de Barcelona.







