La búsqueda de la eterna primavera continúa llevando, al igual que hace siglos, a los pastores a realizar cientos de kilómetros andando con su ganado para garantizarles pasto natural y temperaturas agradables todo el año. Ahora, con la llegada del verano, emprenden el camino inverso que hicieron al comenzar el otoño. Aunque seguramente estos pastores sean cada vez más una especie en peligro de extinción, alguno aún resiste. Uno de ellos es Gonzalo Gargallo, él y su rebaño de más de 500 ovejas acaban de llegar a la masía Mas de Altaba de Cantavieja (1700m) desde San Rafael del Río y Traiguera.
100 kilómetros en 4 días en los que no ha ayudado saber que al llegar a las altas y más frescas tierras del Maestrazgo, no iba a esperar el mejor de los escenarios. Aunque Gonzalo lleva 34 años haciendo el mismo trayecto, esta ocasión no ha sido igual, la falta de pastos ha marcado su llegada. Además, la necesidad de comprar forraje y pienso se suma a la falta de agua. "Llevo desde los 15 años en el negocio, y en 39 años no había visto el pasto así. Ya hemos comprado el alimento y si no cambia será un gran coste económico. El campo es lo que tiene, pero es una pena", explica.
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Despertarse en un hotel de "mil estrellas", andar de sol a sol y recorrer una media de 25 kilómetros en cada etapa. Difícilmente se puede describir una trashumancia si no se vive de cerca, pero sencilla, no es. Sin embargo, esta resistencia de pastores trashumantes continúa viendo necesaria su labor. "Es seguridad y bienestar para el ganado. También un ahorro económico, el viaje en camión suponen 1.500 euros", añade Gonzalo.
Este ha sido un viaje diferente por otro motivo bien distinto. Ha sido el primer trayecto desde que la trashumancia ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Gonzalo, del Más de Altaba de Cantavieja, regresa una primavera más de San Rafael del Río a la Comarca del Maestrazgo con 514 ovejas./ Fermin M. y Jesús R.
La sangría de pastores, y más en concreto de pastores trashumantes, supone que la herencia se esté perdiendo. De hecho, quedan dos pastores de Cantavieja que hagan la trashumancia andando, y en toda la comarca solo se suma un pastor vacuno: "Cuando empecé había 15 o 20 pastores en la ruta del Llosar y ahora quedamos 3. La ganadería es complicada y trashumar es muy difícil, supone tener la vida partida entre dos sitios".
En contraposición a ello, cada vez esta práctica llama más la atención de los medios de comunicación y redes sociales. Muchos quieren acercarse y fotografiar la curiosa escena del ganado atravesando el pueblo de la Iglesuela o el puente de La Puebla. De hecho, también amigos se van sumando al viaje. "Cada vez se apunta más gente, ayudan y lo hacen más ameno, quieren conocerlo y en las agencias turísticas no se ofrece", señala entre risas. Atractivo turístico o no, la trashumancia y los trashumantes requieren una protección, y por encima de todo, un reconocimiento.










