Con las túnicas y las capas preparadas y remendadas por «la tía», la familia Grañena se reúne en Caspe una Semana Santa más. «Trabajamos fuera pero todos los años intentamos venir», asegura Alfredo Grañena. Cuatro generaciones vestirán este año el amarillo y marrón de la 'Columna', un color que no siempre ha sido el característico de esta cofradía. «Las túnicas más antiguas tienen otras tonalidades de amarillo e incluso colores beige. Para unificar y camuflar esa disparidad, en 1995 se aprueba la capa marrón, fuimos pioneros», explica Grañena.
Alfredo Grañena es el menor de tres hermanos, Carlos y Eduardo. Su padre, del que heredó el mismo nombre, fue uno de los fundadores de la banda de tambores de la cofradía en 1962. «Empecé tocando el timbal, era el único de la banda y, de hecho, antes de que se formara salía solo con el timbal a acompañar la procesión», recuerda Grañena 'padre'.
Con el tiempo, Grañena se pasó a la corneta y a la trompeta, al igual que sus hijos que, con el tiempo, también cambiaron la percusión del tambor por estos instrumentos de viento. «Fui la primera trompeta que salió en Semana Santa en Caspe, siempre hemos sido muy innovadores. Aunque al final volví al tambor», confiesa el hijo mediano, Carlos Grañena.
La tradición familiar de los Grañena en la cofradía de La Columna se remonta a 1961 con la entrada de Alfredo Grañena 'padre' y, posteriormente, de Modesto Grañena, su padre, quien fue primer corneta.
«Nosotros los hijos hemos seguido los pasos de los dos aunque algunos, como es mi caso, no queríamos ser de La Columna porque nos tiraban otros pasos como el Nazareno. Pero al final hemos seguido siendo de La Columna», señala Alfredo Grañena 'hijo'.

La banda de bombos, tambores y cornetas es uno de los mayores atractivos, sobre todo, para la gente joven. «Allí es donde empezamos todos, luego cuando la gente se va yendo a estudiar o trabajar y no puede ensayar pues la termina dejando pero continúan siendo cofrades», indica Grañena mientras su hermano Carlos añade que para él «tocar es lo mejor. Prefiero salir con el tambor tocando en la procesión que verla pasar de pie. Creo que es mucho más divertido, ameno y te sientes más parte de ella».
Ahora, con la nueva generación entrando ya en la familia «el esfuerzo es mucho mayor», reconoce Alfredo Grañena «pero intentamos venir». De hecho, a Clara, la hija mayor de Alfredo Grañena, le gusta «mucho» salir en procesión: «Me parece divertido y ahora, además voy a tocar el tambor que es muy chulo».
El futuro cofrade de la familia Grañena, por el momento, está asegurado unos años y tocará esperar a que los más pequeños vayan creciendo para saber si continuará así. «Nosotros no queremos obligar a nuestros hijos a salir en procesión o a estar en la cofradía si ellos no quieren. Que elijan libremente lo que quieran hacer», coincidieron los hermanos Grañena.








Muchas gracias, Sofía. Lo importante aquí es participar, sin competir, y sobre todo disfrutarlo. Un saludo.
p.s. No es David, es Darío. Pero igual vale!
¡Gracias por la corrección! Ya esta subsanado
a vosotros por vuestra atención