¿Cómo acoge el nombramiento de pregonero de la Feria, distinción que le otorga su pueblo?
Pues no me enteré casi hasta que lo vi en La COMARCA. Siento satisfacción y alegría porque los Amics de Nonasp siempre están haciendo cosas por el pueblo. Es de agradecer que piensen en uno aunque llevo tiempo retirado.
Eso le reconocen, los años de trabajo en un oficio ya perdido.
Se mantiene donde hay caballerías de lujo, pero el oficio como tal dedicado a los animales con los que se hacía la labranza sí que se ha perdido. Ahora todo esto se trabaja con tractores, que también se rompen como antes sucedía con las caballerías y a diario había que reparar correajes.
Guarnicionería nos suena a muy lejano, pero fue fundamental para el campo. ¿Cuál era su labor?
Suena a otro mundo ahora pero fue vital. Fui aprendiz en Ascó (Tarragona) con un señor del que aprendí todo lo que él hacía. Él y su familia fueron unos segundos padres. Estuve cuatro años y me enseñó también tapicería, toldos de remolques, colchones de lana… Para el campo trabajábamos todo lo necesario para las caballerías como las correas pero también calzado como sandalias y albarcas para ir a labrar. En las casas entonces había entre dos y tres caballerías, un par para el campo y otra para la huerta. Siempre había cosas que reparar o encargos. Al morir los animales también nos encargábamos de quitarles la piel.
Imagino que fue un trabajo artesanal. ¿Qué materiales trataba?
Aunque tuviera máquina para coser los correones más gordos, todo era manual. Se trabajaba el cuero principalmente para las caballerías. Era de toro o vaca y muy recio, de un centímetro quizá, pero tenía que serlo porque los animales hacían mucha fuerza durante su trabajo. En las zonas de las correas que estaban en contacto con el animal se ponía piel fina de oveja, la llamada badana. Se forraban con lana dentro para que fuera más cómoda y suave porque, además de fuerza, trabajaban de sol a sol.
Cómo han cambiado los tiempos, no hace tantos años de lo que cuenta.
Y tanto que han cambiado. Yo ya empecé de guarnicionero un poco tarde, fui de los últimos. Ya empezaba a haber tractores y eso trajo el cambio. La gente se empezó a quitar los mulos, pero la vendimia se mantuvo y yo iba haciendo los toldos de los remolques y también colchones de lana. Me compré una máquina para rellenarlos y recorría los pueblos de la comarca con la máquina en la furgoneta. En el taller tapizaba sillas, sillones, sofás… Lo que saliera. Siempre traté de ir haciendo las otras cosas que aprendí, hasta coser balones de fútbol.
¿Cómo que hacía balones de fútbol?
Los balones de los Mundiales desde los años 70 durante unos años se hicieron en esta comarca (Alemania 74 o España 82). Eran de Adidas, que se instaló en Caspe cuando necesitaron un almacén grande, pero el primer contacto fue Fabara. La compañía estaba en Francia pero en España la mano de obra era más barata. Cuando yo me retiré en 2005 ya apenas se hacían, el grueso de la confección ya se hacía en otros países. Vinieron a Fabara pero mucha gente de la zona trabajábamos cosiendo y también había pedidos urgentes que sacar adelante.
¿Por qué quiso ser guarnicionero?
Se decidió en casa. Mi padre vio que no había ningún guarnicionero en el pueblo y era algo que hacía mucha falta. De hecho, él mismo quiso serlo pero el campo requería mucho trabajo y no puso. Mi hermano era dos años mayor que yo y trabajaría el campo, y yo tenía dos opciones: o aprender un oficio o irme a trabajar fuera. Decidimos en casa que saldría a aprender el oficio de guarnicionero y volvería a trabajar al pueblo. Había talleres de herrero, que también eran importantes para las caballerías, pero no guarnicionero. Era muy necesario porque la gente se tenía que ir a Fabara o Maella en caballería, que tardaban mucho tiempo.
¿Le ha gustado su oficio?
Mucho. Me retiré en 2005 porque me dio un infarto muy fuerte y no tuve más remedio, pero me ha encantado. Creo que he sido una persona alegre y feliz porque me gustaba y por eso también hacía muchas horas. La gente también lo agradecía, porque si no se tenían que ir a otros pueblos. En los últimos años cuando ya no había faena con las pieles, también llevaba el campo -mi hermano murió muy joven- y es lo que más hice al final, además de colchones de lana y otras cosas más del día a día como bolsas o correas. La vida ha sido un trabajo continuo.







