José Fernando Murria (Alcañiz, 1947) cursó estudios primarios en el Colegio de los Padres de Alcañiz y después de estar en Zaragoza se trasladó a Madrid para iniciar el Grado Universitario de Arquitectura. Abrió allí un estudio en 1974, pero uno año después regresó a Alcañiz y se instaló en la avenida Maestrazgo. Ha proyectado casi 5.000 actuaciones bajo su firma con especial énfasis en el Bajo Aragón. Asimismo, el mundo de la agricultura también ha sido una parte fundamental en su vida y desde hace una década es el presidente del Sindicato de Herederos Regantes de Alcañiz y Usuarios del Río Guadalope. Este 2024 celebra sus 50 años en activo y dice que, por el momento no piensa en la jubilación.
¿Cómo le llegó la propuesta de ser el pregonero de las fiestas?
El alcalde, Miguel Ángel Estevan, apareció en casa una noche con la excusa de traernos judías verdes que habían cogido. Me lo dijo y durante un rato estuve indeciso y un poco asustado. Después reaccioné y empecé a recordar momentos de la infancia y acepté.
¿Qué recuerdos se le vinieron a la mente cuando se lo comunicaron?
Un viaje a Zaragoza, donde había una concentración de Vírgenes patronas de los pueblos. Tendría unos cinco o seis años e iba con mi abuelo en el coche al que llamábamos ‘Matusalén’. Empezó a llover y la moto que teníamos al lado se cayó; por suerte el camión que estaba cerca se frenó en seco y no les paso nada. Fue como un antes y un después y, justo en ese momento, se me pasó aquello por la cabeza y me hizo pensar que tenía que decir que sí.
¿Cómo se siente días a escasos días de dar el pregón ante los alcañizanos?
No he hecho un pregón nunca. Al principio, el sentimiento era de preocupación, pero con el paso del tiempo he sido consciente de lo que supone y es todo un honor.
¿Qué quiere transmitir en su discurso?
No me había propuesto nada, pero al final lo que me ha salido ha sido contar la historia de mi vida en rasgos generales y hablar de las tres cosas a las que me he dedicado: la arquitectura, el sector primario y todo lo relacionado con la gestión de las aguas como presidente de la Cuenca del Guadalope. También hago una recomendación a los jóvenes y a la administración para que se dediquen más al sector primario, el único que puede salvar la despoblación de los municipios del medio rural.
¿Cuáles son esas recomendaciones?
Prepararse y estudiar, ellos tienen medios y conocimientos digitales, que son fundamentales, incluso en el sector primario. La agricultura ha cambiado mucho y los jóvenes tienen que saber manejar los tipos de programas que se utilizan en la actualidad. No obstante, falta que el campo esté mucho más desarrollado y equilibrado. Al final, es el que mayor riqueza produce. Por otra parte, en el mundo rural un sitio en el que poder trabajar es el sector de la construcción, aunque echo de menos más formación y que se prepare a la población.
¿Cómo atraer a los jóvenes para que se dedique al campo y la construcción?
La formación es fundamental y, si la hay, se puede trabajar con mucha más inteligencia e información. Falta dedicación por parte de la administración y se necesita un estudio más profundo y moderno.
¿Cómo vivía las fiestas José Fernando Murria cuando era más joven?
Me fui con doce años a estudiar fuera y venía en Navidad, Semana Santa y fiestas. No había peñas, sino graneros en las casas, donde se iba a bailar. Recuerdo las elecciones de las reinas o mi afición por los toros, aunque ahora ya no la tengo. Acudía a los actos que había y conservo buenos amigos desde entonces, aunque algunos ya han fallecido.
La parte cultural siempre ha estado presente en su vida y le ha dedicado muchas horas.
El tiempo que mayor riqueza cultural tuvimos fue después de acabar la carrera. Fue alrededor de la casa de Enrique Trullenque, donde venía gente muy importante como Pablo Serrano o Pilar Narvión, entre otros. Se organizaban unas charlas con muchos intereses y de ahí vienen las colecciones que tengo de los pintores locales.
La arquitectura ha sido una parte importante en su vida. ¿Qué evolución le ve a la ciudad?
Alcañiz ha tenido un desarrollo muy amplio, ya que en muchas zonas se construyó desde cero. Ahora el sector está más parado y no hay promoción. La población no aumenta y falta alegría en el mundo del trabajo.
¿Cómo definiría su trayectoria profesional?
Me ha gustado lo que he hecho; he dado lo máximo de mí y el resultado es que he disfrutado. El estudio tiene continuidad con mis hijos y es lo que más me enorgullece.
¿Le queda algo por cumplir?
Me siento realizado y no tengo ninguna preocupación de que me falte nada. He trabajado con mucha gente y todos son mis amigos. Me llevo bien con ellos y puedo pedirles lo que quiera porque están dispuestos siempre ha ayudarme. La relación humana con todos los clientes ha sido un privilegio.
¿Qué proyecto profesional ha sido el que más le ha marcado a lo largo de su vida?
La obra del Monasterio del Olivar me ha costado 30 años no porque tuviera que durar ese tiempo, sino por la economía que provoca que haya que ir poco a poco. El resultado me ha dejado satisfecho y cuenta con el reconocimiento BIC (Bien de Interés Cultural). Cuando voy ahí y veo la gente y lo que dicen de la rehabilitación me siento orgulloso. Me pasa lo mismo cuando los clientes se sienten a gusto con el diseño de su casa y te lo dicen.
Vive en el campo siempre. ¿Qué le aporta pasear por ahí?
Ha sido mi segundo hobbie y siempre he vivido ahí. Empezó como un capricho de tener fruta y se convirtió en una empresa que da trabajo y exporta mucha fruta. Me encanta estar en el campo y siempre llevo una tijera en la mano; enseguida me pongo a quitar los pollizos y ver cómo está el melocotón. Me sirve de meditación. A veces suelo llevar un lápiz y un papel y pienso en el trabajo del estudio.
¿Le sigue su familia?
Sí, mis hijos y nietos pasan tiempo en el campo y en verano suelen vivir de seguido en la casa en la que yo estoy. Estamos muy unidos y nunca tenemos problemas. Somos 19 y da mucha alegría estar con tu gente.
Ha mantenido ese núcleo familiar fuerte.
Creo que es más cosa de la abuela. Tiene dotes y la quieren mucho. Les dedica todo el tiempo del mundo.
¿Qué les dice a sus nietos?
Son mi mejor cosecha. Trato que amen las cosas que hay y que piensen que no todo te lo dan, sino que hay que ir a buscarlo. Son una maravilla y estar con ellos me encanta.
Está jubilado, pero tiene los lugares fijos a los que acude cada día.
Sigo atendiendo a mucha gente y aprovecho el despacho en casa para trabajar. Al almacén voy menos y antes de ir a casa suelo ir a dar una vuelta.
¿La palabra retirarse no la contempla?
No sé hacer otra cosa y en casa no aguanto quieto. Si no hubiera tenido hijos arquitectos seguramente estaría cerrado el estudio y estoy muy feliz de que continúen. La arquitectura me apasiona y no me imagino haciendo otra cosa.
¿Qué le desea a los alcañizanos?
Me gustaría que los jóvenes, que son los que están sufriendo, se dieran cuenta, se formaran y acudieran a la administración, especialmente en la construcción y el campo.







