Juanjo Giner Villar era un niño cuando veía la Semana Santa de Valderrobres desde el balcón de casa de su abuela y le embelesaba su imagen y sonido. Era él quien hacía bajar de propio a sus padres desde Beceite, donde residían, a la capital del Matarraña para ver las procesiones y escuchar los tambores. Su sonido le llamaba la atención y cuando con 16 años comenzó a trabajar en la capital del Matarraña con la familia Estecha no dudó en pedirle a Isaías que le enseñara a tocar y le introdujera en la Semana Santa valderrobrense. «Fue quien me dejó el primer tambor y desde entonces no he parado salvo el año pasado, que estaba de baja. A ver si este año puedo», apunta.

Aquel joven de 16 años es hoy un adulto de 50 que sigue con la misma pasión por la tradición demostrando que se puede sentir igual o más pese a no llegarle de cuna. La vida le llevó a dejar su Beceite natal por la vecina Horta de Sant Joan, donde reside con su familia, aunque sigue muy vinculado a su pueblo y a Valderrobres, localidad en la que trabaja.
Su pasión por la Semana Santa valderrobrense se la ha transmitido también a sus hijos, Arnau y Héctor, dos mellizos de 18 años que le acompañan siempre. Participan en todas las procesiones aunque no juntos. Juanjo desde el primer grupo, con los más pequeños. «Nunca he sido muy diestro con el tambor así que me quedé ahí», comenta entre risas. El año que su hijo Arnau comenzó con el bombo decidió seguirle porque «es un poco más fácil». Los dos jóvenes tocan en el grupo «dels grocs», Arnau con el bombo y Héctor con el tambor.

La larga vinculación con la Semana Santa valderrobrense le ha hecho ganar muchos amigos. Isaías Estecha es uno de ellos y también los del grupo de «veteranos». Con su mentor se encuentra siempre en la Rompida y también con sus primos maternos de Barcelona.

Hace dos años Juanjo y sus hijos se apuntaron por primera vez a formar parte del grupo de Valderrobres en las Jornadas Nacionales de Tobarra, una experiencia que les sorprendió porque «aquello es otro mundo». «Haces amistad con gente de otros pueblos y los jóvenes ven que con el tambor también pueden hacer fiesta», dice el beceitano. Una afirmación que refrendan sus hijos con su sonrisa tímida.








Todo un ejemplo de perseverancia, que ha transmitido a sus hijos
un aplauso cheik.!!