Poco a poco va reconstruyendo una casa casi desde el inicio en Caspe. No había planes de adquirir una vivienda en la zona, pero a veces la vida sí que los tiene y, desde hace más de dos años, Leonora y su esposo Mark pasan media vida entre España y Holanda, de donde es originario el matrimonio. Ya conocían el lugar a través de la pesca, y decidieron devolverle la vida a una casa escondida entre la maleza del jardín. Han reconstruido un hogar que tiene el sello de ella, artista desde la cuna.
Leonora Roemer creció con un padre artista, y ella abrió una tienda en los Países Bajos de venta de materiales para manualidades y pasatiempos, e impartía cursos creativos de dibujo y pintura, pero también de fabricación de muñecas, joyería y arreglos florales. Comenzó desde niña a dibujar, pintar y pronto desarrolló un gran sentido para la fotografía y disfruta tomando imágenes de naturaleza, sobre todo, y de pájaros especialmente. Su admiración por ellos es tal que ha pintado varios murales en casa que protagonizan cigüeñas, un buitre y una luminosa abubilla.
«No son inventos, son los que veo cada día desde casa o yendo a Alcañiz en el caso de los buitres», dice. Lo explica en un perfecto inglés, porque español lo va comprendiendo pero no como para conversar. Habla a través de Helga Hercz, es su vecina, amiga y admiradora. También pinta en su tiempo libre y junto a sus hijas, que ya apuntan maneras artísticas, pero le pasa todo el protagonismo a Leonora. «Lo que hace no está tan visto, y ha ganado importantes premios», dice con orgullo.
No es para menos, porque Leonora despunta sobremanera en pintura corporal, el llamado ‘bodypainting’. Se metió en este universo hace unos ocho años, y ha escrito su nombre en letras de oro en competiciones mundiales en países como Holanda, Francia o Austria, y ya tiene en la agenda una próxima competición en la localidad murciana de Águilas en febrero.
Atesora decenas de fotografías con sus creaciones tanto en físico como en el ordenador. «Tomamos las fotos porque son seis horas de trabajo con mucha presión encima para que luego, con una ducha, se esfume toda la obra», ríe. Los grandes certámenes pueden durar incluso tres días en los que se van superando eliminatorias. Cada artista acude con el equipo completo, que incluye a la modelo y todo el material, aunque luego la aventura dure solo un día. Ella practica en casa, donde diseña sobre papel y se cronometra, y donde cuando necesita un descanso de tanta presión se centra en sus pájaros y sus paredes o en otras artesanías.
En cada concurso hay reglas, como pintar un cuerpo solo con pincel o hacer otra creación añadiendo accesorios. Leonora tiene destreza de sobra para hacer los tocados reciclando objetos muy variopintos. En una prueba pintó a un modelo de cielo y a otro de tierra que se entrelazaron sobre unas sábanas que también tuvo que colorear. En los certámenes suele haber temáticas y son unas cuantas y algunas tan curiosas como camuflaje, que también domina. El jurado valora cuando la modelo desfila, pero en el concurso se va viendo todo el proceso. No obstante, hasta que la artista no ha pintado las partes íntimas de las modelos, las cortinas no se abren y se permiten las fotografías. «Está todo muy cuidado y la pintura es bio específica para la piel, se borra con agua», apunta. En sus redes sociales como Leonora Creatief muestra buena parte de este arte.
Su expansión al resto del cuerpo comenzó en los rostros. Desde hace años en Holanda recorre con su pintoresca furgoneta ferias y eventos infantiles a través de una empresa. Pinta caras y, en definitiva, reparte alegría porque cuando aparece es como cuando asoma el camión de los helados en las películas.
El embarazo de su hija hace nueve años le inspiró a probar con la tripa, una práctica que se ha ido extendiendo entre las futuras madres como recuerdo. De ahí, siguió el resto de la anatomía y su hija le ha hecho varias veces de modelo.
Durante las temporadas que pasa en Holanda recibe encargos de mujeres embarazadas y también, si sus servicios son requeridos, se sigue subiendo a su furgoneta a recorrer eventos infantiles.
En Caspe ya va ganando fans como las hijas de Helga, a las que pintó la cara en Halloween y Carnaval con premio incluido. También los mayores han sucumbido a las artes de Leonora y entre las fotografías aparecen varias familias del vecindario perfectamente caracterizadas en fiestas de disfraces. «Son pinturas de rostro, pero una chica de aquí ya me ha dicho que a ver cuando le hago un ‘bodypainting’», sonríe la artista ante la posibilidad de extender este arte en el Bajo Aragón.
Momentos de Leonora en plena acción./ Archivo personal










