A sus 14 años de edad, Marisol Peris Collado fue una de las elegidas para llevar la llama olímpica durante un tramo en el paso de la comitiva por Aragón. Barcelona se preparaba para encender el pebetero -de forma magistral- con el fuego que recorrió miles de kilómetros a manos de diferentes personas y de todo perfil. "Hubo tramos que lo llevaron famosos y otros más espectaculares, como pasos de túneles, por ejemplo. A mí me tocó una parte normalita, pero yo estoy tan contenta", dice. No pierde la sonrisa mientras sujeta la antorcha en la mano: desde 1992 es parte de la familia. "Lo que se traspasa es la llama entre las antorchas que llevábamos cada uno, pero te daban la opción de comprarla y quedártela de recuerdo y así lo hicimos. Está en casa de mi madre colocada en una base que le fabricaron, aunque el tiempo y que todos hemos jugado con ella en una casa con niños, le han dejado huella", ríe. El precio de la antorcha fue de 15.000 pesetas, cantidad equivalente a unos 90 euros actuales.
Antorcha es una de las palabras más repetidas cada cuatro años cuando llega julio con la llegada de la cita deportiva más esperada como son los Juegos Olímpicos. Es momento, además, de ver y descubrir disciplinas menos visibilizadas el resto del año e injustamente relegadas a lo minoritario. "Con la maternidad frené pero me encanta el deporte y sigo practicando, además de que soy profesora de Educación Física. También me gusta verlo y ahora, con tantos canales, es todavía más sencillo acceder a ellos que hace años", añade. Distribuye su vida entre Alcañiz y La Cañada de Verich, de donde desciende su familia, y allí cuando puede también sale a hacer sus kilómetros corriendo a veces con gente de su entorno. En 1992 ella practicaba atletismo y judo y no abundaban las chicas en estas disciplinas. "Solicitaron a dos y al final, resulta que sólo necesitaban a una, así que, la que iba se decidió con cara o cruz y me tocó a mí", apunta.
En ese momento reconoce que no era muy consciente de lo que suponía, pero sabía de su importancia, además de por ser un evento mundialmente conocido, porque al viaje fue bien acompañada de sus padres, su hermana, su cuñado, sus tíos, su prima... "Allí fuimos todos", ríe. Al llegar a Huesca le tomaron los datos y le entregaron una camiseta, un pantalón corto, zapatillas, calcetines y una cinta para el pelo que debía ir recogido. Todos los relevistas fueron ataviados de la misma manera. Montaron en un autobús escoltados por una interminable comitiva. "Al llegar al punto de relevo bajabas y venía un chico de rojo que te acompañaba en tu tramo, una vez te traspasaba la llama el anterior ya corrías hasta el siguiente punto donde esperaba el siguiente. Le dabas la llama y volvías al bus", explica.
Fueron apenas cuatro horas lo que duró todo el proceso desde la llegada al centro de Portadores en Huesca hasta el regreso. Ahora han pasado más de tres décadas y recuerda ese día con cariño. Más que nada porque su madre también se ha ocupado de guardar la antorcha y un álbum de fotos con instantáneas de ese día y posteriores, porque la hazaña de la alcañizana ilustró periódicos como La COMARCA, y el programa de actividades deportivas municipales. "En ese momento fue a cara o cruz, me tocó y allí fui con mis 14 años sin pensar mucho más, pero ahora miro atrás y pienso en la experiencia tan chula que tuve la suerte de vivir. Eso se queda en la mochila de la vida y la antorcha vuelve a casa de mi madre", recuerda divertida.

Marisol Peris Collado se convirtió en una de los 9.500 personas portadoras de la llama olímpica desde su llegada a la ciudad catalana de Empúries el 13 de junio procedente de Grecia, hasta su recepción el Estadio Olímpico de Barcelona el 25 de julio del mismo año. En ese tiempo el fuego viajó a lo largo y ancho de España pasando y la alcañizana la llevó en la etapa 10 el día 22 de junio en la provincia de Huesca en el recorrido entre Zaragoza y Jaca en la carretera N-330.
Para confirmar su participación recibió una carta en la que se indicó además, que para facilitar que familiares pudieran presenciar el relevo en directo, en los arcenes tendrían todas las indicaciones para acudir al lugar en la hora prevista. Marisol hizo todos los pasos que se requirieron e incluso ser relevista le ayudó después en su cambio de nombre. Ella, que siempre había sido María Soledad, pudo ser Marisol de forma oficial gracias en parte a los JJOO de 1992. "Yo era María Soledad pero escribí Marisol y luego me sirvió para poder hacer el cambio porque tenía que presentar papeles oficiales y ahí tenía ese documento oficial del Comité Olímpico Español", sonríe.















Se me ocurren muy pocas personas que representen mejor los valores olímpicos y los de la vida en general.
Qué buena elección hicieron.