Cañizar del Olivar acogió la marcha senderista que organiza el CRA Somontano Bajo Aragón
La cita cumplió su séptima edición y contó con la participación de toda la comunidad educativa, desde alumnos hasta padres y madres, pasando por profesores además de vecinos de las localidades implicadas y las aledañas.
Los orígenes del IronCra se hunden en la reivindicación ya que fue la respuesta a los recortes que entonces la administración planteó para la escuela rural. Recortes, sobre todo, en lo referente a las ratios en el número de alumnos fijado en un mínimo de seis niños.
El CRA cuenta con 9 unidades repartidas entre La Mata de los Olmos (2), Estercuel (2) y una unidad en Berge, Ejulve, Molinos, Cañizar del Olivar y Los Olmos. No obstante, y como apuntan desde el centro, en realidad son diez los pueblos del ámbito del CRA, ya que La Zoma, Crivillén y Gargallo se encuentran cerrados.
Convivencia necesaria para seguir dando voz
Las cinco primeras ediciones, que tenían este sentido más de protesta, los participantes recorrían en tres etapas todas las localidades que comprende el centro. Este año fue el segundo en el que la caminata se centró en la jornada del domingo. «Cada año somos más personas en una jornada más de convivencia que de reivindicación pero es necesario seguir saliendo y dar voz a las pequeñas aulas para recordar que también existimos», dijo el director del CRA Somontano, Carlos Latorre.
De llevar a cabo la iniciativa se ocupan desde el departamento de Educación Física, que en el tercer trimestre trabaja un proyecto relacionado con el senderismo. «Los niños de la localidad en la que se celebra son los que marcan la ruta con la idea de conectar esta iniciativa con actividades que se hacen también en el aula y así no es algo aislado», añadió.
La salida se dio a las 10.30 en la mañana del domingo y se plantearon tres recorridos. Uno de 2,5 kilómetros y llamado «baby»; otro intermedio de 6,2 y el largo de 10. El final fue el mismo para todos pues la jornada se cerró con una comida de hermandad en el polideportivo de Cañizar del Olivar.
Panorama distinto y con políticas de acercamiento
La foto fija del panorama de la escuela rural ha cambiado respecto a hace siete años. No lo ha hecho en cuanto a la pérdida de alumnado, aunque no por las ratios, sino como «consecuencia de la despoblación» y cuyos efectos se ven en «un goteo» anual de uno, dos, tres alumnos menos, que muchas veces no se llega a recuperar.
«A nivel administrativo y de legislación sí estamos notando que se está hablando más de la escuela rural con políticas de acercamiento», valoró Latorre. No obstante, invitó a dar tiempo al tiempo. «Estamos en una fase de desarrollo de todas las propuestas que esperemos que en unos años salgan a la luz y se conviertan en hechos, que es lo que nos interesa a todos», dijo.
La escuela rural continúa siendo un foco de creación de proyectos de innovación y que en muchas ocasiones acaban por extrapolarse al medio urbano. A veces se trata de ideas que nacen como remedio a unas condiciones peculiares.
«Aquí se dan unas condiciones que nos obliga a tener que introducir cambios a la hora de enseñar, como por ejemplo, contar con poco alumnado y muy diverso con varios niveles», reflexionó Latorre. Los docentes se encuentran con un escenario y una realidad en la que hay que innovar.
En este sentido, el director analizó algunos condicionantes que se dan en los CRAs y que no se dan en otros centros de localidades mayores para innovar. «Aunque a veces pueda asustar si llegas de nuevas, el panorama que encuentran con pocos creo que a los profesores les hace salir de su zona de confort porque no están en un aula donde poder seguir un libro de texto, además de que también posibilita que en los centros con un claustro más reducido se trabaje más en común», concluyó.
El director hizo hincapié en la necesidad de conseguir dar solución a la tarea pendiente de lograr una estabilidad del profesorado.







