Con cascos de moto, banderas, camisetas, gorras, pero también cojines, cromos y hasta funko pops. Este jueves no había objeto que a los fans de MotoGP les importara cargar en sus manos durante horas con tal de conseguir un autógrafo de uno de sus ídolos. La cita para lograr su objetivo no era otra que el famoso Pit Lane Walk, ese tradicional encuentro que Motorland organiza cada jueves previo a las carreras para calentar motores y que este año volvió a contar con una masiva afluencia pese a las largas esperas.
El reloj marcaba las 16.30 pasadas cuando grupos y grupos de familias y amigos llevaban ya más de una hora esperando para entrar el circuito. Cuando las puertas se abrieron, los primeros no dudaron en correr como si no hubiera un mañana para conseguir esa ansiada primera fila entre la valla que separa al público de los boxes de los pilotos. Quienes llegaron primero, o incluso consiguieron esas segundas y terceras filas, se abrazaron y gritaron de alegría, casi como si ellos mismos hubieran ganado el podio de este próximo domingo. «Se me va a salir el corazón por la boca, pero por lo menos ya estamos aquí», comentaba un padre igual de fanático de Marc Márquez que sus hijos.
Precisamente esta zona, la de la puerta de Márquez y su 93, fue para muchos la cruz en el mapa a la que llegar desde que comenzó a avanzar la cola de gente. Los fanáticos del piloto catalán fueron los que más corrieron, pero también los que más tuvieron que esperar, y es que después de otras apariciones más tempranas como la de Pedro Acosta, Márquez se hizo rogar y no fue hasta las 18.15 pasadas cuando por fin salió para firmar y fotografiarse con sus fieles seguidores.
Los aficionados se amontonaban sin parar unos con otros, pero Marc buscaba atender al máximo como podía. A él también le acompañó su hermano, Alex Márquez, e incluso su novia, Gemma Pinto. Hubo decenas de selfies, firmas en cascos, banderas e incluso saludos cómplices con los más pequeños. Casi justo antes de irse, el padre que acompañó a sus hijos durante toda la tarde también le gritó: «¡Marc!, prueba el jamón de Teruel. Eso te servirá para ganar», a lo que él respondió entre risas «lo haré, lo haré» justo antes de desaparecer, realizando con los brazos un gesto de agradecimiento.
El Pit Lane no tardó en vaciarse poco después. «Por suerte no ha habido mucho sol», comentaban algunos aficionados al rememorar la larga espera. Poco después de todo ello, justo en la línea de salida del circuito, las cosas especiales seguían ocurriendo. El Automóvil Club Circuito Guadalope de Alcañiz realizó entonces un pequeño, pero muy emotivo homenaje a Carmelo Ezpeleta, CEO de Dorna, para conmemorar el 50 aniversario desde que participó por última vez en esta competición tan alcañizana que da nombre al club. «No era consciente de que habían pasado 50 años ya. Me acuerdo mucho de esa carrera, Alcañiz y esos años me marcaron mucho», dijo Ezpeleta.













