Una especie de mensaje en una botella pero esta vez eran imágenes enfrascadas en una vieja caja de madera. No se conoce aún el mensaje que traslada. Este es el enigmático resumen de la historia de Guillermo Castillo, de 60 años y residente en Barcelona, que desciende de Alcañiz. De hecho, a comienzos de los años 80 sus padres se hacen con una casa en la calle Mayor de una familia acomodada con la que tenían trabada una buena relación, los industriales de Gorbs. De ahí que el medio centenar de retratos antiguos que la madre de Guillermo encontró en una especie de baúl sean la instantánea perfecta de un tiempo –hacia los años 20-30 del siglo pasado- y de un modo de vida –por los ropajes, las poses, los sombreros que lucen los protagonistas-, de rango alto.

Guillermo, muy activo en la red social Facebook, tuvo recientemente la iniciativa de colgar algunas de estas fotos en su perfil y llamar a la colaboración ciudadana para poner historia a los retratos. Fue a instancias de su hijo quien, en medio de una limpieza para desprenderse de trastos viejos, le pidió no tirar las fotografías que reposaban en el número 35 de la calle Mayor de Alcañiz, en un inmueble ya antiguo pero sin duda con un rico pasado detrás. A Guillermo le ha sorprendido el enorme revuelo que se ha originado con las fotos. Ha sido un «boom», afirma. Ha cosechado multitud de interacciones, solo en la primera semana más de 10.000 visualizaciones por parte de los usuarios de internet, comentarios de todo tipo, algunos más acertados que otros, como los que apuntan a la existencia de un conocido aficionado a la fotografía en esta zona de la capital bajoaragonesa y que pudo ser el autor de las imágenes, comenta. Pero pocos apuntes certeros sobre el origen de los retratos. Más bien, todavía especulaciones.

En todo caso,esta historia demuestra también el poder de las redes. Decenas de alcañizanos se han sentido interpelados por esas fotos, que presentan un estado de conservación realmente bueno a pesar de contar con un siglo de vida. En las fotos se puede ver a hombres y mujeres de todas las edades, algunos sonríen, otros lucen muy serios, con indumentaria siempre refinada y elegante. Las estampas son en blanco y negro y se organizan por paneles. En algunas de ellas se vislumbra parte de un inmobiliario con toques modernos para la época de la que hablábamos, lo que volvería a denotar la clase social alta a la que pertenecería la familia de burgueses propietaria, los Gorbs Masana.

Según cuenta a este periódico Castillo, el paquetito con las imágenes estaba expuesto en una habitación de la vivienda y su madre –que falleció hace ahora doce años- obró parte del milagro que permitió la perfecta conservación de las mismas, puesto que al encontrarlas las encuadró en un marco tras un cristal. Guillermo las entregará a quienes identifiquen a sus antepasados en ellas y así puedan, tal vez, reescribir o poner rostro a una parte de su propia genealogía.

Posado con su futura nieta en la calle Mayor
Castillo fue homenajeado por el Ayuntamiento de Alcañiz el pasado septiembre como uno de los alcañizanos ausentes. Señala que algunas personas se han puesto en contacto con él para decirle que se han sorprendido mucho con su idea. Empleado en una residencia de ancianos, no duda de que vendría con gusto a trabajar a la que se ultima en este que es su municipio, aunque ahora existe una razón muy poderosa para no volver con tanta prisa: va a tener una nieta en Barcelona y quiere disfrutar del privilegio de ser abuelo, sonríe. De momento, conserva su casa en calle Mayor y quién sabe si podrá traer a sus descendientes a hacerse aquí una foto conjunta para que las generaciones venideras sepan que «estuvieron y descendieron de Alcañiz».








