Los alumnos del Grado Medio de Sistemas Microinformáticos y Redes del CPIFP Bajo Aragón han puesto su clase patas arriba para adaptarla a las metodologías activas. Se han despedido de los bancos largos que miraban a la pizarra y ahora tienen un aula modular con mesas más pequeñas que al unirse se convierten en circulares para trabajar en equipos. Algo imprescindible para ellos, ya que durante el segundo año del grado «van al centro a trabajar».
El horario de desdibuja completamente y ya no asisten a sus clases de Redes, Inglés o FOL. Desde las nueve de la mañana hasta las tres menos veinte de la tarde trabajan divididos en tres equipos –como si de tres pequeñas empresas se tratasen- en los retos que les han propuesto sus profesores. Uno de ellos es, precisamente, diseñar un aula que pueda convertirse en diferentes espacios y solventar problemas como la distribución de cables o electricidad.
La compra del material necesario ha sido posible gracias a las ayudas que el Gobierno de Aragón ha concedido al CPIFP Bajo Aragón –junto a otros cinco centros de formación profesional aragoneses- por implementar metodologías activas en el marco del Campus Digital A.0..
«Introducimos a los alumnos en las metodologías activas en el tercer trimestre del primer curso. En segundo año ya son el 70% de las horas lectivas, lo que significa que quitando el último mes y medio que se van a hacer prácticas, de aquí a marzo van a estar trabajando», explica Adrián Zúñiga, profesor de Informática del grado. Los profesores ya nos les dan clase, sino que pasan a ser meras guías que están en el aula para ayudarles. «Se tienen que implicar mucho más porque hay muchas cosas que no saben y van a aprender haciendo que es lo que realmente les van a pedir en una empresa, que sean capaces de adaptarse, buscar soluciones y trabajar en equipo», señala la profesora de Inglés, Ana Rodríguez. Los proyectos incluyen contenidos de las seis asignaturas del plan de estudios y los docentes se reúnen un recreo y una tarde a la semana para hacer el pertinente seguimiento.

Los retos planteados suelen ser problemas reales «que tiene el propio centro o entorno y para el cual se necesita una solución». Este año, además de en la remodelación del aula, están trabajando en un servidor de archivos para digitalizar las actas de todos los departamentos del centro y ganar en seguridad, además de ahorrar papel. Al tercer reto –todavía en búsqueda- se enfrentarán los alumnos en el segundo trimestre, a partir de enero. «Nos gustaría implicarnos con algún ayuntamiento de aquí que tenga alguna necesidad de carácter informático y que podamos echarle una mano», dice Zúñiga.
Ambos docentes coinciden en que «los chicos están contentos» con esta forma de enseñanza, ya que «el hecho de que lo que hagan luego repercuta en el centro o la sociedad y sea útil les llena de orgullo y les engancha». Sergio Hueso, uno de los estudiantes del grado así lo corrobora: «Las clases son más dinámicas. Se aprende a trabar juntos que es algo que nunca antes habíamos hecho y la verdad es que las sensaciones son buenas. Aprendemos a aportar distintas ideas y así sí que se logra llegar a objetivos que uno individualmente no llega».
En cuanto a las evaluaciones, cada profesor es libre de examinar su asignatura como crea conveniente, haciendo exámenes en un momento dado si considera que así el contenido va a quedar más claro. Eso sí, hay una serie de notas que proceden de la defensa individual del proyecto. Cada profesor realiza las preguntas pertinentes para asegurarse de que los alumnos controlan los conocimientos de su asignatura. «La defensa es como un tribunal en el que participan los clientes y todos los profesores. Realmente impone, no queremos que sea un trabajo de clase sin más. Yo creo que está más justificada la nota», explica Rodríguez. Un ejemplo para trabajar su asignatura de Inglés es pedirle a los alumnos que traduzcan el manual del servidor de archivos en el que están trabajando para poder exportarlo. Además existen las notas transversales; extraídas del trabajo semanal en el aula.
Otras metodologías activas
Además del trabajo por proyectos, han incorporado otras metodologías activas como la gamificación, «para motivarles todavía un poco más». Han distribuido dinero falso con personajes famosos de la informática para que ellos mismos tengan que comprar los materiales que necesitan para sus proyectos en una página web de venta de componentes que otro docente ha desarrollado.

También les han preparado un pequeño juego, en el que conforme van haciendo mejor las tareas van recibiendo puntos de experiencia para subir niveles. Comienzan como «aprendices» y pueden llegar al nivel de «hackers» pasando antes por otros como «informático» o «admin». De esta manera pueden hacer uso de unas cartas que les dan ventajas en el aula. «Desde poder tener un almuerzo, que tenemos unos refrescos y unas patatas guardadas, y poderlo comer en clase –que no es lo habitual- hasta pedirle a un profesor que conteste una pregunta por ellos en un examen», especifica Zúñiga.
4 años de trabajo
El CPIFP Bajo Aragón implementa las metodologías activas en sus grados desde hace cuatro años cuando varios profesores asistieron a formaciones en el CPIFP Pirámide de Huesca. Cuando surgió la convocatoria del Campus Virtual 2.0. el Departamento de Informática «se lanzó de cabeza porque ya tenían un equipo docente muy sólido con amplia experiencia desde el curso 2016-2017». Además, para ellos fue «una forma de ver reconocido su trabajo".

En el Grado Medio de Sistemas Microinformáticos y Redes les han concedido este 2020 ayudas del Campus Digital A.0. en la modalidad B y en el Grado Superior de Desarrollo de Aplicaciones Web, en la modalidad A. El centro cuenta además con un Grado Superior a distancia de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma.






