La psicóloga Patricia Ramírez, divulgadora y escritora sobre bienestar, emociones y psicología cotidiana, será la encargada de cerrar, junto a Víctor Amela, el VII Curso de Periodismo de Alcañiz. Participará la última ponencia abierta y gratuita al público que se celebrará el martes a las 19.00.
¿De qué hablaréis en esa charla final?
Es casi secreto, porque la charla va conducida por Víctor Amela y van a hacer las preguntas que él comente. Creo que vamos a hablar un poco de psicología, de la vida cotidiana, de salud mental... Pero esto hay que preguntárselo a él.
¿Cómo ha sido el encuentro con Víctor Amela?
Muy bien. La verdad que fue un reencuentro muy emotivo, porque me hizo una contra hace 12, 13 años, cuando publiqué mi primer libro y me ha hecho mucha ilusión volver a reencontrarme con él. Creo que además es un periodista muy curioso con todos los temas de salud mental. Tiene mucha experiencia, con todas esas contras que ha hecho, con un montón de escritores, psicólogos, médicos, neurocientíficos… Creo que se va quedando un poco en el alma de cada uno de los que entrevista y, de todo lo bueno que él tiene, ahí va a sacar lo mejor.
La ponencia lleva por título 'El sentido de la vida y sus valores'. ¿Qué sentido tiene la vida?
La vida tiene el sentido que cada uno le quiera dar y esto es algo en lo que deberíamos invertir tiempo, en buscar cuál es el sentido de la vida para cada uno. Por supuesto que el mío, seguramente, no tiene que ver con el tuyo ni con el de una persona que trabaja en otro sector. Tener un sentido en la vida es tener un propósito y está relacionado con nuestro bienestar emocional. O sea que, todo aquello que tú hagas, sepas un poco por qué y para qué y que tu trabajo, tu esfuerzo y tu entrega tengan de alguna manera una explicación justificativa para ti y para tu entorno. No es lo mismo servir cafés que poner un café bonito a una persona a la que se le va a agradar la mañana con ese café. El sentido de la vida y los valores tienen que ir de la mano y los valores son nuestros cimientos. Los valores son los cimientos de una persona, sobre lo que tenemos que construir las decisiones que tomamos en función de nuestras relaciones personales, relación de pareja, cómo educamos a nuestros hijos… Las decisiones que tomamos respecto a proyectos laborales tienen que estar fundamentadas en valores. Dedicamos mucho tiempo a estudiar una carrera universitaria, una formación profesional, un idioma y un curso de IA, pero no dedicamos tiempo a sentarnos con nosotros mismos y ver qué valores queremos honrar en la vida y qué valores son importantes para ti.
¿La vida es una continua búsqueda de un futuro mejor?
Si la vida es una continua búsqueda de un futuro mejor, vamos a vivir con poca serenidad porque vamos a estar continuamente buscando algo mejor, algo con lo que superarnos. Tenemos que aprender a estar satisfechos del momento que vivimos. Hay gente que está con esta continua insatisfacción y, sobre todo ahora, con tanta información que corre en redes sociales sobre la vida tan privilegiada que podrías tener y todas las oportunidades que te estás perdiendo. Tendríamos que aprender a conformarnos un poquito más, seríamos mucho más felices.
¿La felicidad absoluta existe?
No, considero que no. Además, la felicidad no es algo que tengamos que perseguir. La serenidad sí, pero la felicidad no. Es algo momentáneo que puede ocurrir durante el día porque te encuentras con un amigo que hacía tiempo que no veías, terminas de limpiar tu bandeja de correos electrónicos, te llega una buena noticia, un proyecto que te han ofrecido… pero en ese mismo día en el que tú has sido feliz, también te encuentras con el tráfico, con alguien impertinente que te ha contestado mal, con una mala noticia, un error en el trabajo… Durante el día vamos pasando por momentos de felicidad, de frustración. Perseguir la felicidad como algo estable es una equivocación. Nadie perseguiría la frustración como algo estable, ni la ira, ni la depresión. La felicidad es una emoción más. Busquemos un estado relajado en el que podamos enfrentarnos tanto a lo bueno como a lo malo desde esa serenidad.
Con tanta sobreinformación, el mundo nos pone difícil conseguir esa serenidad, ¿no?
El chocolate no engorda, engordas tú que te lo comes. Con este mundo digital pasa un poco lo mismo. Si nosotros pensamos que es el mundo el que nos lo pone difícil y que nos genera esta exigencia, no seremos libres de actuar y yo creo que las personas lo último que tenemos que perder es esa libertad para decidir qué quiero que esté en mi vida y qué no. Es cierto que las redes sociales son una bomba informativa y que, si tú te dejas llevar por el scroll infinito, no harías otra cosa durante el día, pero tenemos esa capacidad de decisión y decir esto me conviene, cuánto tiempo quiero dedicarle a esto, qué cuentas quiero seguir, cuáles no quiero seguir… Ahí nosotros tenemos que poner un poquito de actitud, de disciplina, de orden, organización, de retrasar ese placer inmediato con este cerebro cortoplacista que tenemos muchas veces, que nos lleva a querer consumir todo aquello que nos pone felices, pero que a la larga sabemos que nos perjudica y que no es bueno para nosotros.
¿Y cómo podemos encontrarle ese sentido a la vida?
Hay que surfear ahí y navegar dentro de todos nuestros talentos y pasiones. Tenemos que hacer ese ejercicio. Si nosotros dedicáramos durante el día 10-15 minutos a conocernos mejor, qué nos gusta hacer, a qué jugábamos de pequeños, cuál es mi propósito en la vida, qué huella quiero dejar, qué valores quiero honrar, ¿estoy viviendo la vida que me gustaría vivir? Si nos vamos haciendo esas preguntas y a cada pregunta vamos pensando el por qué, el para qué o el cómo lo hago, seguramente que encontraremos el sentido a la vida.
¿Qué consejos o qué visión tienes de cómo se informa ahora mismo desde los medios de comunicación sobre la salud mental?
Hay muchos medios alarmistas. Estamos totalmente vendidos al like y sabemos que hay una serie de palabras que el algoritmo favorece, entonces hay muchas veces que hay poca objetividad y poco rigor detrás. Buscamos ese gran titular con ese famoso clickbait en el que tú hagas clic en una noticia totalmente engañosa. Creo que hay que meterle mucha seriedad, no solamente a la salud mental, sino a cualquier noticia y pensar que tu credibilidad y profesionalidad están por encima de un corazoncito en Instagram.
¿Qué consecuencias puede tener también una publicación en los lectores, en los oyentes, en los espectadores?
Ya lo vemos con otros campos como la nutrición. Si hay gente totalmente vulnerable con ganas de adelgazar y escucha que hay una receta milagrosa, pues la va a seguir y va a poner en juego su salud. La consecuencia es que hay muchas personas vulnerables detrás de una pantalla, de un móvil, que se agarran a lo que sea con tal de salir de la situación en la que están. Una noticia engañosa puede dañar la salud mental y física de muchas personas. Creo que hay que tener mucha responsabilidad a la hora de divulgar.
¿Cuáles son los principales retos que tenemos ahora mismo como sociedad?
Tenemos que entender la salud mental como algo muy importante. Muchas veces entendemos que es importante romperte un brazo y que, al llevarlo escayolado, nos limita. Cuando uno está sobrepasado con fatiga mental, como no es algo que se vea, no le damos la importancia que tiene. Entonces, tenemos que aprender a detectar esas señales que nos dicen que estamos enfermando, que muchas veces son señales que no nos dejan en el camino, pero que en algún momento nos dejarán por no atenderlas. Aprender a conocernos un poco mejor para cuidarnos.








