El Ayuntamiento de La Portellada iniciará en las próximas semanas la adecuación de tres viviendas adaptadas, destinadas a personas mayores y que, en términos de dependencia, se consideran como válidas. Estas viviendas se unirán a las dos que el consistorio ya concluyó el pasado años, por lo que en total contará con 5 viviendas adaptadas para la tercera edad. El consistorio adjudicó esta segunda fase de construcción a principios del mes de enero. Las obras deberán estar finalizadas el próximo mes de septiembre.
El consistorio invertirá 120.000 euros procedentes de fondos FITE. Las viviendas, en pleno centro, estarán ubicadas en una planta del edificio multiusos que ya alberga el Hogar del Jubilado. Dos de ellas ya están finalizadas. No obstante, la totalidad de las mismas no se pondrán en marcha hasta que se den por concluidas las obras de las tres viviendas recientemente adjudicadas. Cabe recordar que durante la primera fase se invirtieron 110.000 euros procedentes de un anterior FITE.
Una vez estén terminados todos los trabajos quedará pendiente amueblar las cinco viviendas. Desde el consistorio desconocen, por el momento, cuándo sería posible afrontar esta última inversión final, aunque confían que a principios del próximo año las viviendas puedan estar ya amuebladas y operativas para albergar a los primeros vecinos. Subrayan, asimismo, que tienen ya a diferentes personas interesadas en habitar estos pisos adaptados. «Son viviendas en las que no existe ninguna barrera arquitectónica. Están destinados a personas que puedan tener problemas de movilidad reducida pero que no son dependientes y tampoco requieren estar en una residencia», explica Gloria Serrat, alcaldesa de La Portellada.
De este modo, el consistorio quiere evitar que muchos de sus vecinos de la tercera edad, pese a estar en plenitud de sus facultades mentales, deban abandonar el municipio para trasladarse a otras viviendas de familiares sin barreras arquitectónicas e incluso ingresar en un Centro de Mayores ante la imposibilidad de acceder a sus viviendas o desplazarse por ellas. En la mayor parte de los casos son las escaleras, muy frecuentes en las viviendas de los cascos urbanos tradicionales, las que hacen desistir a sus moradores de poder continuar residiendo en ellas. «Contamos ya con varias personas que dan el perfil y que nos han manifestado su intención de poder realojarse en alguna de estas viviendas», concluye la alcaldesa. Todo ello en un municipio que encadena su tercer año consecutivo de aumento poblacional. Ello implica una mayor demanda de vivienda. Por ello desde el consistorio quieren evitar que, ante la escasez de inmuebles, estos vecinos busquen alternativas para residir en otras poblaciones.







