La provincia de Teruel lidera las intervenciones para la localización y desactivación de explosivos de la Guerra Civil en España. El equipo de Búsqueda y Localización de Artefactos Explosivos de la Comandancia de Teruel, el TEBYL, recibe una media de un aviso cada tres días y, cuando no es el que realiza más intervenciones de toda España, fluctúa entre los tres primeros. En lo que llevamos de año la Guardia Civil ha realizado 82 intervenciones y ha atendido 12 falsas alarmas.
En el Bajo Aragón Histórico las intervenciones este año se han centrado en el Matarraña y también en el Bajo Aragón: Cretas, La Cerollera, Calaceite, Valderrobres, Valjunquera, Peñarroya de Tastavins, Monroyo, Valdealgorfa y Allepuz. El entorno de Utrillas y Vivel del Río Martín, en Cuencas Mineras, es una zona muy prolífica junto a la de Sarrión por los intensos combates que sufrieron. En La Cerollera se encontró este 2023 una bomba de aviación y en el resto de municipios, granadas de mano o proyectiles de artillería.
Son los ciudadanos los que dan los avisos cuando salen al monte o hacen limpieza en una casa antigua que acaban de heredar o comprar. Es por ello que el balance anual varía dependiendo, por ejemplo, de la campaña de setas. Este 2023 ha sido menor debido a la escasez de lluvias, lo que ha afectado negativamente a las llamadas. También es más fácil que localice un artefacto un agricultor que estrena un tractor porque ara más hondo. «Hay quien en su día se llevó un artefacto a casa porque le pareció curioso y luego toma conciencia de que guarda algo muy peligroso. En otras ocasiones son sus descendientes los que lo encuentran haciendo limpieza en graneros o cocheras», precisa Andrés Franco, el jefe del equipo de Búsqueda y Localización de Artefactos Explosivos. Se han llegado a localizar encima de chimeneas o incluso un militar que entró en un bar de Royuela, en plena Sierra de Albarracín, encontró un proyectil que llevaba años aguantando la puerta de un bar.
El TEBYL hace hincapié en que tanto el monte como muchos domicilios de la provincia esconden numerosos artefactos peligrosos por lo que, ante la menor sospecha no se deben tocar e, inmediatamente, llamar a la Guardia Civil. «No se deben preocupar de si es o no un artefacto, deben dejarlo como está y dar aviso. Ni tocarlo ni moverlo ni levantarlo porque puede explosionar ante cualquier manipulación», precisa Franco. En caso de estar en el monte el siguiente paso es marcar la zona con un objeto llamativo o geolocalizarlo a través del WhatsApp o cualquier otra aplicación del móvil», precisa Franco, quien también quiere dejar claro que nunca se sanciona al ciudadano que da el aviso. «Lo que nos interesa es quitar de la circulación estos artefactos, no denunciamos a nadie. Queremos que los turolenses estén tranquilos y nos llamen con total confianza», explica el jefe del TEBYL.

El primer aviso lo reciben los guardias de los puestos de la Guardia Civil de la provincia, que son quienes se enfrentan por primera vez al artefacto. Realizan fotos y descripciones que remiten al TEBYL para que el equipo valore la incidencia. Priorizan las actuaciones dependiendo de su peligro para personas y bienes pero en 24 horas tienen solucionadas todas las incidencias. «No es lo mismo encontrar un artefacto explosivo en una casa en medio de un pueblo que en un paraje solitario. La atención inmediata la requiere donde hay más volumen de población», especifica Franco.
Primero identifican el artefacto gracias a las fotos y las descripciones de sus compañeros y si perciben que es real comienzan a coordinar las labores para llegar hasta él. «La guerra no se hacía en lugares de fácil acceso. Hay que coordinar la entrada, ver por dónde llegamos, qué posibilidades tiene la zona para realizar la destrucción y acometerla de la manera más segura para las personas y el medio ambiente. Muchos de estos explosivos aparecen en medio de un pinar y una explosión en verano es un incendio seguro por lo que en numerosas ocasiones trabajamos conjuntamente con los bomberos», explica el jefe del TEBYL. De todas las labores previas se encarga el TEBYL hasta la destrucción de los explosivos, que ya es competencia del TEDAX.

Tres granadas en una poza de Monroyo
La actuación más llamativa de este año se produjo en el río Tastavins en el término municipal de Monroyo. A principios de octubre recibieron la llamada de una persona que practicaba buceo en una poza y encontró tres granadas de mortero de la Guerra Civil. Se encontraban sumergidas en el interior del pozo y el TEBYL tubo que movilizar un gran despliegue con un equipo mixto de TEDAX y los GEAS, los Especialistas en Actividades Subacuáticas de Valdemoro. «Con la botella de oxígeno los GEAS inflaban unos globos que levantaban las granadas del fondo y, poco a poco, evitando movimientos bruscos las sacaron fuera del pozo para que los TEDAX las destruyeran. Fue una operación curiosa, es el primer caso que nos hemos encontrado en Teruel», comenta el castellotano José Luis Jiménez, uno de los tres miembros del equipo TEBYL.
En el verano de 2021 hubo que desalojar a parte de los vecinos de La Portellada porque realizando limpieza en una vivienda deshabitada se localizó una bomba de aviación de 50 kilos de peso y fabricación italiana.
Este año en Sarrión han localizado en el medio de un campo dos bombas de aviación rellenas de cemento que pesan una tonelada cada una y que no saben cómo han aparecido allí. Precisamente en esta localidad de la comarca Gúdar-Javalambre se ha producido el principal suceso que ha atendido la Guardia Civil en los últimos años. En marzo de 2021 un joven pastor marroquí de 21 años que solo llevaba tres meses en España perdió tres dedos al explotarle una granada de mano.
Del caso más grave se produjo hace una década y lo atendió la Policía Nacional al suceder en la ciudad de teruel. Otro joven, Alberto Villalba, perdió sus manos y uno de sus ojos al estallarle accidentalmente una granada de la Guerra Civil mientras limpiaba el garaje de una vecina. La granada –recogida en el monte por un hermano de la propietaria de la cochera ya fallecido entonces– se encontraba en una plaza de aparcamiento sin puerta.
En 2017, el TEBYL localizó el mayor arsenal de explosivos de la Guerra Civil encontrado en Aragón hasta la fecha y uno de lo mayores de España en el fondo de uno de los ojos del río Jiloca en Monreal del Campo. En el acuífero se localizaron 538 granadas de mortero del calibre 81. «Se encontraron buscando a una persona que había desaparecido y cuando uno de los GEAS se metió en uno de los ojos vio que salían dos colas de granada de mortero. Al desplazar a todo el equipo comenzaron a extraerlas y llegaron a las 538», comenta Jiménez.
Actuaciones en 2023 en el Bajo Aragón Histórico y las Cuencas Mineras
- Cretas: una granada de mano
- La Cerollera: una bomba de aviación
- Calaceite: una granada de mano
- Valderrobres: un proyectil de artillería
- Valjunquera: dos proyectiles de artillería
- Peñarroya de Tastavins: un proyectil de artillería
- Monroyo: tres granadas de mortero
- Valdealgorfa: un proyectil de artillería
- Allepuz: una granada mortero y dos proyectiles de artillería
- Muniesa: dos proyectiles de artillería
- Aliaga: un proyectil de artillería
- Huesa del Común: dos proyectiles de artillería
- Salcedillo: una granada mortero





