Alloza ha celebrado este sábado la edición más exitosa de su Feria de Artesanía y Alimentaria, un evento que ha congregado a más de medio centenar de puestos y a centenares de visitantes atraídos por la variedad de productos, la calidad de las propuestas y el ambiente festivo que ha inundado las calles del municipio. La feria ha batido todos los récords con mucho más público y el doble de stands que el año anterior al pasar de 30 a los 56 actuales.
Las calles de la localidad se han quedado pequeñas este sábado para disfrutar de los numerosos productos que se ofrecían, gran parte de ellos de emprendedores locales. Cerámica, miel, elaborados cárnicos cocinados en forma de tapa, vinos, bisutería, pinturas, cosmética… un sinfín de propuestas han hecho las delicias que todos los que se han acercado hasta el municipio. También se han organizado talleres y otras propuestas para todos los públicos. «Hemos recibido una demanda importante de solicitudes y estamos muy contentos», ha explicado Maite Blasco, miembro de la Comisión. «Queremos reactivar la vida en el pueblo y transmitir que la vida rural tiene mucho que aportar, también a nivel cultural y económico», ha añadido.
Alloza ha vuelto a demostrar que calidad y participación vecinal son los ingredientes perfectos para dinamizar el medio rural con un evento que sigue creciendo cada año. Además de los puestos, hubo juegos infantiles, talleres de manualidades, actividades para adultos y una destacada oferta gastronómica en colaboración con los bares locales. «La feria ambienta muchísimo el pueblo y también beneficia al resto de los comercios, que fuera de temporada tienen menos movimiento», ha afirmado la alcaldesa, Marta Sancho.
Entre los productos más apreciados por el público destacó la miel natural de David Calzada, agricultor con más de treinta años de experiencia. «La gente se para, pregunta y valora que sea un producto auténtico. Les enseño cómo trabaja la colmena, dónde cría la reina y dónde se almacena la miel», relató satisfecho.
La allocina Yolanda Garrido dio a conocer los productos cosméticos naturales suecos que vende por catálogo. Reconoció que este tipo de venta es complicada y por eso la feria le sirve para darse a conocer entre el público de la zona, que año a año la busca.
El sector gastronómico fue uno de los más concurridos. La carnicería Carmen, con su oferta de productos caseros cocinados como croquetas, torreznos o las tradicionales melosillas en forma de tapa, se convirtió en uno de los puestos más visitados. «Esto es un empujón para el resto del año. Los meses de invierno son tranquilos y este tipo de eventos ayudan a la economía», destacó José Manuel Blasco.
También hubo espacio para el oleoturismo con Royauma, que ofreció aceite 100% Royal y experiencias en el campo. «La feria nos permite darnos a conocer. A las 11.30 solo nos quedan dos botellas», ha contado Marta Blesa, quien ha adelantado además que están inmersos en el proyecto de una mini almazara local.
La cerámica también tuvo su hueco con el taller de Raúl Escuín, que lleva cuatro años participando en la feria. «Ofrecemos piezas cerámicas y de madera, y también damos clases de torno y modelado. En verano tiene mucho tirón», señaló.
Atadi Andorra llevó una representación de los trabajos realizados por sus usuarios en diferentes centros. «Para nosotros es importante que la gente conozca lo que hacemos y para los chavales es una experiencia muy enriquecedora, interactúan con el público, gestionan ventas, registran los cambios...», explicó Almudena Amador, directora del centro.
La feria también sirvió para promover el deporte y la vida activa. El Club Ancagua ofreció camisetas de sus carreras y rutas por el entorno. «Es un punto de encuentro. Participar en la feria nos permite promocionar el club y atraer nuevos socios», valoró su presidente, Carlos Cortés.
Desde la Comisión de Fiestas, Pilar Álvaro celebró el éxito de las ventas del merchandaising local: «Estamos vendiendo camisetas, sudaderas y abanicos personalizados. Este año ha sido un boom, todo se ha agotado». Entre los productos más demandados, destacaban los abanicos con la expresión local «¡Qué chornina!», una forma antigua de referirse al calor en Alloza.






