Ricardo Rodríguez es el vivo ejemplo de la máxima que dice que no se puede querer lo que no se conoce. Es un apasionado de la naturaleza del Bajo Martín, cuya flora y fauna conoce al mínimo detalle y eso es su anclaje. «La vinculación emocional es muy fuerte, considero todo el entorno mi casa y marchar sería triste», dice. Nació en Mataró (Barcelona) y con tres años se trasladó con sus padres a La Puebla de Híjar, un lugar con el que no tenían relación pero se cruzó en su búsqueda de «un pueblo para vivir». Años después volvió a probar la vida de ciudad en Mataró, y como no le convenció, decidió montar Káralom, su empresa de turismo de naturaleza.
Estudió el grado medio en Caspe y no paró de formarse, porque «nadie te explica cómo emprender». Además, fue pionero en este tipo de actividad en el territorio, por lo que ha abierto camino. «La parte de la Administración es mejorable, tienes que tener una asesoría», dice. Sigue diversificando negocio. En verano gestiona el alquiler de kayaks en el embalse de Pena en el Matarraña, realiza rutas guiadas por el Bajo Martín y además lleva las redes del GR262, crea webs y es fotógrafo que toma unas imágenes con las que promociona el terreno.
Apostó por un negocio de turismo en una zona en la que hace diez años estaba todo por hacer. Reivindicó la recuperación de la vía verde y fue de los primeros en fijarse en las aves y el potencial del «birding». El tiempo le ha dado la razón.








Más personas como Ricardo hacen falta en nuestro entorno. Amante y defensor del medio natural y rural. Sabe de lo que habla porque observa y ve lo que tiene a su alrededor. Buen divulgador de los valores comarcales y provinciales y aguerrido emprendedor.