Santi Cogolludo, nacido el 30 de septiembre del 1961, es un fotoperiodista natural de Barcelona que cuenta con una gran trayectoria dentro de su campo. Después de una vida profesional recorriendo los destinos más exóticos del mundo quedó enamorado de los ríos, valles, montañas y pueblos pintorescos de la comarca del Matarraña.
Actualmente se dedica a recoger y documentar el día a día y la forma de vivir matarrañense con una cámara analógica sueca de los años cincuenta, reivindicando esta técnica. «Este método es muy diferente, cuando disparo ya no me importa el resultado porque no puedo verlo. Como decía Cartier Bresson, el momento decisivo no importa, sino en el que tomas la instantánea», destaca Cogolludo.
El fotógrafo empezó a trabajar en distintos medios de comunicación en el año 1990 en la ciudad condal. En su haber, fue uno de los ganadores en uno de los concursos de fotoperiodismo más importantes en el panorama español, el Fotopress. También formó parte en la reconocida agencia Staff y posteriormente fue elegido como uno de los mejores fotógrafos de prensa de los Países Bajos por un trabajo donde mostraba las condiciones de vida de los temporeros que faenan en los invernaderos de Almería. En el 2000 volvió a su ciudad natal y durante veinte años ha sido fotógrafo del periódico El Mundo.

A través de sus diferentes cámaras ha retratado conflictos y momentos históricos importantes por todo el globo. Ejemplos de esta trayectoria son la cobertura del nacimiento del Estado Palestino tras los acuerdos de Oslo, posteriormente fallido; crónicas en Cuba o México y un trabajo durante doce años en Nicaragua, donde plasmó el día a día y la realidad del pequeño país caribeño. «Me dediqué a retratar la imagen de un país en su cotidianidad más absoluta. Lo hice captando realidades diversas de médicos, profesores, policías, prostitutas o campesinos. Una imagen construida por la gente que lo habita», afirma Cogolludo.
De forma contemporánea también se dedicó a viajar por distintos puntos de la geografía española realizando fotografías de diferentes tradiciones y fiestas de pueblos. «Al principio salíamos mi pareja y yo por diferentes municipios y capturaba aquello que me llamaba la atención. Al cabo de unos años me di cuenta de que ese trabajo tenía vida propia. Decidí que tenía una historia que contar con esas fotografías», cuenta el fotógrafo sobre su trabajo. Estas obras se acabaron materializándose en un libro llamado 'Geografías del Olvido' que se plasmó en el Matarraña.
Esta recopilación testimonial tiene como finalidad poner en valor todas aquellas tradiciones que sufren el riesgo de perderse debido a la falta de población en muchos núcleos del medio rural, intentando ser un contenedor de historias que algún día dejarán de poder contarse. Como curiosidad cabe recalcar que Santi no utiliza pies de foto, algo que se heredó en este trabajo, para que así las personas que leyeran el libro pudieran identificar el contenido expuesto dentro de su imaginario común. «Mucha gente me ha dicho que ve reflejada su vida en alguna de estas fotografías. Podría ser su pueblo o escenas de su infancia. Como no está definido el pueblo en el que fueron tomadas se puede transportar a la imagen», aclara Cogolludo.
Después de tantos años al frente de las crónicas de la actualidad de distintos países, Santi decidió buscar un lugar más tranquilo para poder conectar de forma diferente con su disciplina. «El mundo va rápido, demasiado rápido. Después de tantos años de trabajo decidí que era hora de vivir de forma más lenta. Cuando trabajas en prensa todo es para ayer. Ahora por fin puedo vivir tranquilamente la fotografía», explica. Con estas palabras Santi Cogolludo expresa la tranquilidad que le produce disparar en analógico, revelando en su propia casa sus fotografías y seleccionándolas con mucho mimo.
Pese a que actualmente la mayor parte de su trabajo lo hace en forma analógica, Santi Cogolludo sigue guardando un pequeño equipo digital para cuando algún vecino o vecina necesita una fotografía de la comunión de algún familiar, un retrato a una pareja mayor o cualquier menester en el que pueda ayudar. Por otra parte, es crítico con algunos fenómenos que se dan a partir de esta digitalización, como el periodismo ciudadano, pero confirma y pone en valor la importancia de democratizar la fotografía para todo el mundo.

Proyecto: un cuaderno de viaje
Después de que el fotógrafo y su mujer quedasen enamorados de la comarca del Matarraña, Santi decidió cambiar los mercados de Cuba o la vida cosmopolita de México por las fachadas añil desconchadas de Valderrobres, el entorno natural de Beceite o las sinuosas calles de Calaceite, quedándose a vivir al tiempo en este último municipio, al igual que alguno de los grandes nombres de la cultura española y latinoamericana, como Juan Cabré, José Donoso, Maria Girona o Romà Vallés. Fue hace cinco años cuando Santi se afincó en Calaceite. «El destino me trajo hasta aquí. Fui a hacer unas fotos a Terra Alta y comimos en el pueblo, luego nos quedamos a dormir. Al tiempo una persona de allí nos dijo que se vendía una casa y decidimos comprarla», cuenta Santi.
A día de hoy es fácil ver a Santi recorrer los pueblos del Matarraña con su vieja cámara, llevando a cabo un proyecto que, al igual que Geografías del Olvido, nace poco a poco y con los paseos por el campo como el eje central para crear. «Llevo un año y medio trabajando de manera consciente. Este proyecto tiene un componente de viaje, además de ser un reflejo etnográfico de la vida, las gentes, y los momentos especiales del Matarraña», expresa Santi.

Actualmente el proyecto que Santi realiza en la comarca va cogiendo forma poco a poco, teniendo como finalidad crear un cuaderno de viaje para todas aquellas personas que deseen visitar una de las comarcas más conocidas de Aragón, pero con la diferenciación, explica, de que se sientan acompañados por una visión serena y tranquila.
En este cuaderno, que no aún no tiene nombre ni fecha de lanzamiento, Santi Cogolludo espera mostrar las realidades que se viven en el territorio del Matarraña, enfatizando todas las tradiciones y formas de vida que tienen el riesgo de perderse a causa de la modernidad y la globalización.









