La psicóloga Shaila Romero, autora de ‘Ansiedad, ‘estoy hasta los huevos’, ha sido la protagonista de la ponencia ‘Entendiendo la ansiedad’ este martes en Alcañiz dentro del ciclo ‘Alcañiz Soy Sana’. Habla de este trastorno, de sus síntomas, de cómo enfrentarla, del uso de medicamentos y de cómo acompañar a las personas que la padecen.
¿Qué entendemos por ansiedad?
Parece que la ansiedad y cuidarnos a nosotros mismos está en tendencia. La ansiedad es un catálogo de sensaciones, de emociones, de pensamientos… Podemos tener en cuenta que tiene sus rasgos y sus síntomas y que la entendemos como un trastorno propiamente dicho. La ansiedad se vive a nivel mental con pensamientos rumiativos y ya estamos viviendo en el mañana que en el presente. Es muy cotidiano. A nivel emocional también nos entra la angustia y el agobio de lo que no controlamos. Nos agobia mucho vivir con incertidumbre. A todo esto se le suman las taquicardias, nudos en el estómago, palpitaciones, presión en el pecho e incluso contracturas a nivel físico. Es un catálogo de sensaciones en todo nuestro ser.
Es un problema creciente en nuestra sociedad en la que vivimos de manera sobrexcitada.
Las estadísticas no son nada positivas. El 60% de la población padece síntomas de la enfermedad, aunque no el trastorno propiamente dicho. Muchas veces echamos mano de la medicación y el consumo de medicamentos para tratar este tipo de síntomas está aumentando cada vez más.
¿En qué casos debemos hacer uso, por ejemplo, de ansiolíticos?
Cuando uno vive circunstancias adversas o poco favorables puede llegar a tener situaciones que no controla. El miedo se hace patente y evidente y acudimos al médico porque tenemos sensaciones muy extrañas. Es el médico quien debe hacer esa prescripción adecuada de lo que debemos que tomar. No porque mi amigo o conocido tome algo que le venga bien yo tengo que tomarlo. Soy muy partidaria de que cada caso sea individual porque no somos números. También abogo por el autoconocimiento. A lo mejor no siempre es necesario una medicación, se pueden cambiar hábitos.
Ansiedad, estrés y depresión. Están interrelacionados, pero hay que saber diferenciarlos.
Todo comienza con un poco de inquietud o nervios. Yo lo llamo la escalera de la ansiedad. Empezamos con el puedo con todo y empezamos a acumular. Nuestro cortisol y todos nuestros neurotransmisores empiezan a hacer chiribitas. Si no ponemos control y remedio vamos subiendo escaleras y ya nos encontramos con la ansiedad. Es cuando nuestro sistema nervioso simpático. Estamos preparados para huir o para pelear pero obviamente no podemos pegarnos con el jefe o tirar de los pelos a nuestro amigo. Nos lleva a reprimirnos y a la desesperanza porque no podemos defendernos y eso se convierte en una tristeza que puede tener el tinte de depresión en algunos casos.
Por tanto, afecta a nuestro estado de ánimo y, por ende, a nuestras relaciones interpersonales…
El ser humano vive a través de la conexión. Si no nos cuidaran moriríamos cuando venimos al mundo. Esa conexión la interiorizamos dentro de nosotros y cuando crecemos eso que hemos aprendido es lo que reflejemos y reproduzcamos con nuestros seres queridos. Se traslada también a las relaciones amorosas, están muy de moda las relaciones tóxicas.
¿Qué tipo de población se enfrenta más habitualmente a la ansiedad?
Los rangos de edad suelen oscilar entre los 30 y 60 años en los que accedemos al mundo profesional. Los jóvenes, cada vez más, están incrementando este tipo de sensaciones. Y no es todo por las redes sociales pero es importante trabajar en el aquí y en el ahora. Todo surge y tiene una conexión con los vínculos que tenemos con nuestros padres.
¿Existen tipos de ansiedad?
La ansiedad sería el paraguas bajo el cual luego aparecen diferentes incluso trastornos. Por ejemplo, una fobia. Conocemos las más famosas: claustrofobia, agorafobia, a algunos animales, a ruidos intensos… También puede aparecer el trastorno obsesivo compulsivo con esa angustia en la que las cosas tienen que ser como nosotros queremos. Además existen la ansiedad de separación, ansiedad social, la ansiedad con ese tinte depresivo y el trastorno de ansiedad generalizada que en su máxima expresión puede debutar como un ataque de pánico. Ahí el sistema nervioso colapsa por completo y el cerebro necesita resetearse. Como seres humanos que somos le damos muchas vueltas a todo. Nunca nos viene bien encontramos mal y queremos saber el porqué.
¿Qué herramientas tenemos para contrarrestarla?
Voy a comentar cosas básicas pero de primera invitaría a que revisemos nuestros hábitos de alimentación. Es clave y fundamental. Nuestro intestino es nuestro primer cerebro y sintetiza todo para nuestros neurotransmisores. El descanso y la actividad física, también muy importante. Es de sentido común para cuidarnos y ya luego mirar dentro de nosotros. Con ejercicios de relajación, mindfulness… Y por mi vocación y mi profesión también recomiendo tener un espacio terapéutico para poder revisar y tener en cuenta que es lo que ahora nos está perturbando.
¿Y cómo acompañamos a una persona que se encuentra en este proceso?
Si hay algo que me crispa es el “estate tranquilo, no pasa nada”. Eso tenemos que tratar de no decirlo. Alguien que está en un estado de activación tan grande y que de repente le digas eso no acompaña. Lo que tenemos que hacer es eso, acompañar. Y es complejo. Pero cuando podemos acompañar desde nuestra presencia, sin intervenir. Sin darnos cuenta estaremos haciendo mucho más de lo que creemos.







