La banda sonora de cientos de familias bajoaragonesas tienen un motor como banda sonora.
Pasear por el territorio siempre es un placer pero no solo para los moteros que vienen para el Gran Premio desde tantas y tantas partes de España y del extranjero. También puede ser una experiencia única para los propios autóctonos, que a veces, son los que más desconocen lo que hay más cercano. Coger la moto o el coche, es una gran opción para cualquier fin de semana, puente o día libre.
Sobre una moto el paisaje se ve mejor. Al menos, distinto, y conducir sin prisa hace que la mezcla de paisaje y motor sea especial. En un mundo que avanza muy deprisa es recomendable tomarse un descanso y echar un poco el freno.
Coches y motos tienen un protagonismo en las vidas de muchos bajoaragoneses. De hecho, la banda sonora de las vidas de la mayoría tiene el sonido del rugido de motores.
Es innegable que el Circuito Urbano Guadalope de Alcañiz marcó a más de una generación de todo el Bajo Aragón Histórico. La gasolina en las venas de aquellos se transmitió a hijos y nietos que, desde Motorland Aragón, escuchan las historias de aquellas carreras legendarias.
PÁRROCO CON ALMA DE MECÁNICO
Con estos antecedentes es muy complicado, en localidades como Alcañiz, no encontrar a nadie que no tenga alguna vivencia en torno al motor. Está en la vida de mucha gente, incluida la de Pablo Roda. Además de párroco, y aunque tiene una moto desde hace 33 años, en realidad es un enamorado de los coches.
«Mi profesión hubiera sido la de mecánico. Me encantan los coches y siempre que hay una carrera o una prueba en Motorland de coches, busco un hueco y me escapo al circuito, aunque sea a un entrenamiento o al paddock», dice y confiesa que en las World Series disfruta como el que más. «Pruebo los simuladores y disfruto mucho», añade.
Es una de las personas que anhela aquellas carreras del Circuito Urbano pero cuenta con orgullo que en una ocasión pudo dar una vuelta en coche. Ahora, con el Gran Premio de Aragón de motos en plena plaza de España, donde él vive, es uno más. «No me voy a dormir por dos motivos: porque la música lo hace imposible y porque realmente me gusta estar con la gente, hablar, ver qué piensan y disfrutar del ambiente», explica.
Este año no podrá ser pero ya ha participado en otras ocasiones abriendo las puertas de la casa parroquial y mostrando una exposición sobre los buenos valores en carretera y la seguridad vial.
Este asunto le preocupa y su pasión por el motor le llevó al activismo. Es, desde hace años, el Delegado de la Pastoral de la Carretera, una sección de la Iglesia desde hace más de 50 años. En octubre celebrarán la reunión anual de los delegados de toda España y pondrán en común aspectos.
«Hacemos muchas campañas, desde precaución hasta civismo pasando por normas de comportamiento en caso de accidente», dice. Tiene en mente varias acciones y muchas de ellas, la mayoría y por razones obvias, implican a Motorland Aragón.
«Estoy en contacto con ellos y sus ingenieros y ellos están interesados en hacer campañas de seguridad vial, sobre todo, con jóvenes en colegios e institutos, así que, maduraremos las ideas», dice. «La siniestralidad ha bajado muchísimo pero el objetivo es el cero. Es difícil pero trabajaremos por acercarnos», concluye.
EL COCINERO DE LOS PILOTOS
Con los antecedentes del Bajo Aragón en carreras no es de extrañar que esta tierra haya dado un piloto. Valdealgorfa, en plena Ruta Motera del Bajo Aragón, es la cuna de Álex Rins. El catalán tiene su ascendencia paterna en el pueblo y algo más, en la comarca vecina.
En el IES Matarraña de Valderrobres se formó Darío Arrufat, un joven que a sus 25 años lleva cinco como cocinero del equipo de Moto 2 Páginas Amarillas HP 40, el de Sito Pons. Esto significa que mientras Rins compitió en la categoría (ahora está en Moto GP), Arrufat se ocupó de su alimentación.
Viaja a los grandes premios de Europa y, por supuesto, el de Aragón siempre es especial. «Viajar a otro país supone salir el lunes, hacer dos días de viaje, llegar y comprar directamente. El miércoles ya montamos la carpa y el jueves, empezamos con la cocina», dice.
Ya se mueve como pez en el agua y se siente cómodo a pesar de la exigencia que supone la cocina. «Acabas haciendo amistad con mucha gente. No solo con pilotos, también con otros mecánicos y con otros equipos porque, aunque todo esto mueve a mucha gente, al final somos los mismos y no dejamos de ser una grandísima familia», explica.
VUELVE EL ÁNGEL DEL DAKAR
La locura del motor llevó a otro bajoaragonés a dedicarse en cuerpo y alma a ello. Más bien, a dedicarse a sacar un sueño adelante como era para Paco Martínez el de competir en el Dakar.
Es de Las Parras de Castellote y, a estas alturas, es desconocido para poca gente porque su nombre, aunque común, se hizo muy singular hace unos años. Seguramente fue el único Paco Martínez en el Dakar al que acudió porque se construyó su propia moto.
No solo fue sino que, además, terminó la prueba. Eso le valió su regreso en las filas de un equipo argentino. Su cometido era el de ayudar y tan bien lo hizo que volvió con el sobrenombre de Ángel del Dakar. Ahora está a punto de terminar una moto voladora.
«Hacer un tercer Dakar no tenía aliciente y pensé en una moto voladora. Desde hace cinco años, estoy trabajando en ello», dice. Lo hace de la misma forma con la que cumplió el primer sueño, es decir, con las ganancias de su trabajo de albañil. Da gracias porque el trabajo, de momento, no falta, aunque así todo es más lento. «La moto va bien y podía estar terminada hace tiempo con ayuda de algún tipo pero las instituciones, de momento, no quieren saber nada», lamenta.
Lo lamenta de verdad porque asegura que la moto no es para recreo. «Vuela sobre nieve y agua y hemos comprobado que puede actuar muy bien en un incendio en monte bajo porque produce un aire muy potente. Puede hacer un servicio para la sociedad y lo hará porque la sacaré adelante», añade.
Divide su tiempo entre su trabajo en la construcción y los estudios. «Por mi cuenta me puse a estudiar aeronáutica porque una moto que vuela no se hace de cualquier forma», reivindica.
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