El sector del transporte pide unidad para conseguir cambios que beneficien a todos
El colectivo del transporte está integrado por cientos de personas en el Bajo Aragón Histórico. Sólo la asociación de San Cristóbal en Alcañiz cuenta con 90 socios y 78 colaboradores. Su presidente, Rafael Celma, reivindica una mayor unidad para que las demandas de este colectivo sean escuchadas. «Somos un sector que si queremos en una semana podríamos parar el país», opina. Y bien es cierto, porque están en todo el territorio, recorren miles de kilómetros, consumen millones de litros de gasolina... y constituyen un engranaje clave en la economía del país. Una sola mañana con Celma es suficiente para darse cuenta de la capacidad que tendría este sector si se uniese.
En el reducido espacio de la cabina de su camión, en caben solo dos personas, y de camino a Urrea de Gaén, Celma reflexiona. Cree que si todos ellos estuvieran conectados, tendrían fuerza para conseguir mejoras en las condiciones de trabajo o en infraestructuras, etc. Este transportista lamenta que hoy en día apenas haya unión. «Cada uno va más a lo suyo. Ahora por la emisora sólo hablamos con los conocidos y, si antes tenías alguna avería, el resto de conductores te ayudaban. Actualmente esto no pasa; llamas al servicio 24 horas y enseguida vienen», apunta Rafael. Además, Celma considera que a la administración no le interesa que estén unidos. «Es como, bien dice la conocida frase, no somos los amos del mundo, pero lo movemos», comenta.
Infraestructuras
El viaje hacia el Bajo Martín, por la N-232, invita a hablar de infraestructuras. Esta es una de las carreteras más reivindicadas y relevantes a nivel logístico, pero no la única. Celma marca como principal inconveniente el deterioro de algunas vías secundarias, a las que no tiene un fácil acceso por el gran tamaño del camión y el tipo de carga que porta.
Cuando le llaman habla por el manos libres y si se desvía del trayecto, el camión le avisa con un pitido. Está totalmente tecnologizado. Celma explica que las tecnologías han transformado la vida en los camiones. A día de hoy, todo funciona más automatizado y eso en determinados momentos es una ventaja, pero en otras ocasiones supone un incoveniente, ya que puede ocasionar algunas distracciones. En determinados momentos él preferiría que no fuera todo tan tecnológico. «Al llevar las marchas automáticas, yo sólo me dedico a conducir, es decir, antes para subir un puerto necesitabas estar bien concentrado para que el camión no se parase, ahora puedes ir tranquilo, los cambios de marchas se hacen solos», explica.
Trayectoria
Sobre la ventanilla del camión, cuelgan una foto de su mujer y su hija, y la estampita de San Cristóbal. La conciliación de la vida familiar y laboral es el mayor obstáculo para los trabajadores de este sector. Celma ha viajado por todo el país trabajando a nivel nacional, eso le obligaba a pasar muchas horas fuera de casa. Una vez nació su hija, pudo volver a lo local y así puede regresar a casa todos los días y disfrutar de su familia.
El inconveniente de realizar el transporte en la zona es que resulta más «estresante». Tienen que hacer más número de desplazamientos en menos tiempo. Su jornada comienza temprano para poder llegar a los lugares a los que tiene que cagar y descargar. Hay que ir a contrarreloj en todo momento, porque si una descarga no se hace a tiempo, no hay oportunidad a llegar a la hora al otro lugar.
En el trayecto, uno puede ver los paisajes del territorio y conocer sus rincones. Esa es una de las mayores ventajas al volantes. «Cuando hacía ruta por el Norte me gustaba mucho. Los paisajes eran preciosos y la comida espectacular».
De pueblo en pueblo
Hoy su camión ha salido a las ocho de la mañana hacia Castelserás, pero muchas veces madruga a las seis. Después viaja también a Urrea. Explica que este es un oficio vocacional por el compromiso con los horarios, saben cuándo empiezan la jornada pero no cuándo acaban. «Es una tarea que hago agusto porque siempre me ha interesado lo relacionado con la maquinaria y los camiones», recuerda Rafael. Es un trabajo «llevadero», a pesar de que es una labor algo «esclava». Sin embargo, los ajustados horarios no le impiden dedicar tiempo a la asociación de San Cristóbal. «Estoy encantado de representar a mis compañeros», dice.
Robos en la carretera
Él nunca ha sufrido un ataque ni un robo, pero eso no quita para que hable sin tapujos de la inseguridad. Viaja de día, pero ha vivido también la noche y sus peligros. Rafael critica que a pesar de tomar medidas como, evitar las áreas de servicio que son más conflictivas e incluso poner el cinturón de seguridad en la puerta, siempre existe algo de «inseguridad». Es un grave problema que sufre el colectivo cada vez con más fuerza. De hecho, la semana pasada la Guardia Civil detuvo a 5 personas de una mafia que desvalijó 118 camiones en la AP-2 y N-II.
En el angosto espacio de la cabina de su camión, Rafael vuelve a reflexionar sobre la seguridad cuando termina ya su jornada. Para prevenir este tipo de ataques y eliminar la «intranquilidad» lo mejor sería que el colectivo estuviera unido, para conseguir mayor protección en las áreas de servicio que son más conflictivas. En definitiva, como decía al principio, «la unión hace la fuerza» y San Cristóbal es el mejor momento para reivindicarlo.







