Volver a tocar el tambor o el bombo no es rutina. Es un acto de pertenencia. Es algo que no necesita explicarse porque se siente en los huesos, como un pulso que atraviesa generaciones y se renueva en cuando el tambor suena por primera vez. Cada Semana Santa, la gran familia tamborilera del Bajo Aragón Histórico se extiende por las calles como un solo cuerpo que late, que vibra, que se reconoce.
Crecen también las escuelas del tambor, con nuestros hijos, con el mañana, con los que llevan el ritmo desde la cuna y con los que acogemos con hospitalidad. En ese hilo que se va trenzando entre padres, madres, tíos, primos y abuelos, se construye el futuro de esta tradición. Por eso, desde La COMARCA se busca el testimonio de las familias, las historias concretas, mínimas y universales, que convierten la tradición tamborilera en algo único, Patrimonio Inmaterial de la Unesco desde 2019.
Las 96 páginas que se presentan son un retrato colectivo, una suma de voces que cuentan cómo se vive, cómo se cuida y cómo se transmite esta herencia común. Quienes han abierto sus casas para hablar del tambor lo han hecho desde la humildad, con una honestidad que solo se consigue cuando lo que se tiene entre manos es algo que se ama de verdad. También todos aquellos que opinan con sus artículos, que bien valdrían para recopilarse en un libro cual enciclopedia sentimental de nuestra tradición común más relevante.
Entre los contenidos destacados, se encuentran además de reportajes a doce familias; entrevistas a homenajeados en diversos municipios, pregoneros; personas que se despiden y otras que toman el relevo generacional o aniversarios de cofradías. El suplemento contiene información relativa a Albalate del Arzobispo, Alcañiz, Alcorisa, Andorra, Calanda, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda, Urrea de Gaén, Caspe, Valderrobres, Calaceite, Ariño, Alloza, Muniesa.
Gracias por mostrarnos, un año más, que el tambor no se toca solo con las manos, sino con el alma. Que hay un ritmo que no se ensaya, pero se siente. Que las cofradías no son solo agrupaciones, sino familias. Que la Semana Santa, en el Bajo Aragón Histórico, no es una celebración: es una manera de vivir.







