El corredor de montaña Pepe Prats ha recorrido 200 kilómetros y 6.700 metros de desnivel desde el Matarraña al Maestrazgo en día y medio a través de sendas. Y todo durante 36 horas sin dormir, solo realizando paradas no muy prolongadas para hidratarse y comer. El morellano pasó por 15 localidades con salida en Beceite y meta en Mirambel en una hazaña que comenzó con dos compañeros que causaron baja a lo largo del recorrido.
La del Maestrazgo no es la primera «aventura» de este tipo de Prats, que ya ha realizado otras por la provincia de Castellón. Asegura que el «secreto» está en la mente y pero también se depende de la «suerte» porque de sus dos acompañantes tuvieron que retirarse durante el recorrido por motivos de salud. A uno le salieron ampollas en los pies y el otro tuvo problemas de estómago. «Hace muchos años que emprendemos estos retos. Hay que pensar, ‘voy a hacer esto, a ver si puedo aguantar’; y después tener suerte. Salimos a correr entre semana y el fin de semana una ruta algo más larga pero no llevamos una preparación ni dietas especiales», especifica.
Pepe junto a Raúl Bordás y Rober Gil salieron un viernes a las 17.00 de Beceite y el morellano llegó a las cinco de la madrugada del domingo a Mirambel. Antes recorrió Fuentespalda, Peñarroya, Aguaviva, Las Planas de Castellote, Bordón, Tronchón, Villarluengo , Pitarque, Cañada de Benatanduz, Fortanete, Cantavieja, La Iglesuela del Cid y La Cuba. No conocían la zona por lo que se guiaron por el reloj con los tracks del GR8 que coincidía con la mayor parte de su recorrido.
El morellano recomienda la ruta, que considera muy desconocida para el gran público. Eso sí, en algunas zonas tuvieron problemas para avanzar porque encontraron abundante vegetación debido a las intensas lluvias de este año. «Son pueblos muy bonitos poco conocidos para esta práctica, hay zonas en las que no creo que haya pasado mucha gente», afirma Pepe, quien destaca especialmente la belleza del entorno de Bordón. «Pasamos de noche y me gustaría volver a ver bien los barrancos por los que bajaba mucha agua».
Durante el recorrido contaron con el apoyo de su grupo de corredores de Morella, quienes se organizaron con coches para llevarles la cena, el almuerzo o la comida. En los pueblos por los que pasaban aprovechaban para hidratarse en las fuentes. Despertaban la curiosidad de los vecinos, que les preguntaban por su ruta y también hubo lugar para las anécdotas. «Antes de llegar a Aguaviva le dimos un susto a un rebaño de ovejas que empezaron a correr. Enseguida le pedimos disculpas al pastor, que nos dijo que no pasaba nada, ya que íbamos por camino de paso y ya las recogería».








6700m de desnivel.