Con la situación más calmada, comienzan a florecer los estragos que el fuego ha dejado en la sierra de Majalinos en Ejulve. Aunque la mayoría de las 1.400 hectáreas que se han quemado eran de monte, en ellas se ha perdido vegetación, recursos naturales y hábitats de animales. Es el caso de un asentamiento con una veintena de colmenas de ‘Miel Luas’, una pequeña empresa que produce en el Maestrazgo y Andorra-Sierra de Arcos y que tiene su pequeño obrador en Ladruñan.
«Para nosotros es todo un drama, veníamos de un año muy bueno de producción y las colmenas estaban a rebosar», explica Ingrid Duch, junto a su marido, encargada de la producción. Las imágenes muestran un paraje desolador, entre la negrura de las cenizas, solo quedan las tapas metálicas de las colmenas, el resto, todo de madera, ha quedado en nada. A todo ello se suman las abejas que también se han quemado.
«Las abejas no huyen del fuego. Permanecen defendiendo su colonia hasta el final. Cuando un incendio alcanza un colmenar no solo arden madera, cera y miel. Desaparecen comunidades enteras de polinizadores cuya recuperación llevará años», relata Ingrid.
Las perdidas en este caso superan los 80.000 euros. Aun así, insiste en que lo más grave es el valor ecológico que no tiene solución. «Nosotros podríamos invertir, volver a montar el asentamiento y llevar abejas nuevas, pero allí no quedan flores de las que se puedan alimentar, es completamente imposible hacer miel desde allí», añade.
En este sentido, la joven, cuarta generación de apicultores y con tres hijos que apuestan por el mundo rural, asegura que los daños han llegado a cultivos y parcelas que suponen el medio de vida de muchos vecinos. «La realidad es que en muy pocas horas se pierde el medio de vida. Si ya es difícil apostar por hacer tu vida en el mundo rural, tragedias como estas hacen que sea muy complicado poder continuar hacia delante», añade.
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