Las opciones que ofrece Alcañiz como escenario fotográfico son infinitas. Todo depende de la mirada y en fotografía, de la mirada que atraviesa el visor de las cámaras. Son aparatos cada vez más sofisticados pero con todo, la pericia de quien los maneja cuenta y mucho. Uno de los grandes puntos a favor que tiene el mundo fotográfico son las reuniones. Compartir es lo que va haciendo que cada vez se sumen más y más adeptos. Y cada uno tiene su forma de mirar el mundo y su forma de capturarlo. A compartir se convocó el sábado en Alcañiz donde se celebró el Congreso de Fotografía Foto Alcañiz, una cita que cumple cuatro ediciones y que tuvo un poco de todo. Tuvo teoría en diferentes sesiones en el Palacio Ardid, y tuvo talleres a pie de calle y con cámaras en mano. Todo es de interés porque para lo segundo es básico lo primero.
Este año se sumó el clima, que no lo puso nada fácil. Fue un reto, especialmente para los talleres de fotografía nocturna, pero todo salió adelante. Incluso fotografiaron la Vía Láctea. «Estamos muy contentos por cómo ha salido la jornada. Tuvimos unos 80 participantes y una decena de ponentes, así que, estuvimos 90 personas implicadas en las charlas y en los talleres. La respuesta siempre es muy buena y se agradece», valora uno de los organizadores, Michael Romano. El bajoaragonés destaca la amplitud que ha alcanzado este congreso al que acuden personas de diferentes lugares fuera de Aragón. Contaron con participantes de Navarra, País Vasco, Madrid, además de Zaragoza, entre otros sitios. También acudió un nutrido grupo de Castellón animado por otros participantes que ya habían estado. «Algunos repiten porque ya tienen la fecha fija de Alcañiz, y otros vinieron por primera vez, hay variedad», añadió el fotógrafo.
El congreso contó con dos talleres abiertos al público, que son los que impartieron el APN Javier Escorza y fray Fernando del Monasterio del Olivar con el apoyo de la concejalía de Medio Ambiente, mientras que el resto de actividades tuvo un coste de 10 euros. El importe íntegro de estas entradas se destinó a la Protectora de Animales y Plantas APAP. Entre los ponentes estuvieron Juan Carlos Peguero de Ariño, que habló de Astrofotografía; Mario Rubio explicó técnicas en fotografía nocturna; Ramón Pérez se detuvo en el RawSky y la Vía Láctea; mientras que fray Fernando expuso sus retratos nocturnos a la luz de las estrellas. Por la noche en el Cabezo del Cuervo se puso en práctica este último. Antes de la medianoche, entre Michael Romano y Luis Pitarque impartieron un taller de introducción a la fotografía nocturna con Buena Ruta en la que emplearon una autocaravana como modelo y jugar con la iluminación interior. Mientras, Ramón Pérez puso en práctica la iluminación y el trabajo en equipo en la fotografía nocturna.
Conocer el entorno para respetarlo
La tarde del sábado se reservó para un taller tan especial como necesario con el fin de conocer el entorno y emplearlo, en este caso con escenario fotográfico, siempre desde el respeto. Javier Escorza hizo una ruta guiad por parajes del entorno como La Saladas y alrededores y la ermita de San Miguel. Como Agente de Protección de la Naturaleza conoce a la perfección la zona y su historia. Explicó la orografía, la fauna, la flora y contó la razón de ser de algunas infraestructuras.
Se detuvo en los paleocanales y en ese momento dejaron de ser simples y curiosas rocas a ojos de los oyentes, tanto de los visitantes como de los locales, que no conocían su origen para transportar el agua de lluvia hace millones de años. «No solo lo verde es paisaje, hay que reivindicar los colores ocres y los entornos esteparios», sonrío. La ermita, que se construyó cuando las temporadas en el campo se alargaban meses y no se bajaba a Alcañiz, causó sensación. Sus contrafuertes se mantienen firmes apuntando a un cielo en el que es difícil no ver estrellas.















