La alcañizana Luz Jubierre es investigadora en Nueva York y desde hace unas semanas tiene el orgullo de decir que uno de sus descubrimientos protagoniza la portada de la revista Science Advances, una de las publicaciones científicas más prestigiosas a nivel internacional.
La investigación confirma una cuestión que hasta ahora se sospechaba: el ADN no es estático, sino que existen los conocidos como elementos transponibles, fragmentos capaces de moverse dentro del genoma y generar variaciones en las células. En este caso concreto, el estudio confirma la existencia de un gen —PGBD5— que cumple una función clave en el desarrollo del cerebro y que, cuando no funciona correctamente, provoca alteraciones neurológicas.
Es decir, no todas las neuronas tendrían exactamente el mismo genoma y esa diversidad genética neuronal podría ser una parte normal del desarrollo cerebral. Sin embargo, si el proceso falla, pueden aparecer enfermedades como discapacidad visual, trastornos del movimiento, epilepsia o incluso autismo. El trabajo conecta el genoma, la diversidad neuronal y las enfermedades del neurodesarrollo, demostrando que están profundamente relacionados.
El ensayo ha sido completamente multidisciplinar y ha contado con médicos de países como Pakistán o Turquía. «Hay todo un equipo recolectando los datos de las pocas familias que existen en el planeta que tengan esta mutación. Además, generar los modelos de ratones y llevar a cabo el análisis puede llevar años», explica la investigadora.
En la portada, además del título de la investigación que ha liderado Jubierre en inglés —A transposase-derived gene required for human brain development—, se pueden ver neuronas dibujadas al estilo de las clásicas ilustraciones neuroanatómicas de Santiago Ramón y Cajal, codificadas por colores para simbolizar la diversificación genómica somática durante el desarrollo cerebral.
Un gran impacto
Que la investigación se publique en Science Advances supone un orgullo, pero también el fin de una etapa. «Ha estado, sin exagerar, dos años y medio en revisión antes de publicarse. Para una investigación de estas características es muchísimo», añade.
Las conclusiones que recoge el paper suponen también una confirmación relevante a nivel científico. «Esto es el inicio de un montón de estudios que pueden llevarnos a explorar mejor cómo funciona el cerebro humano y por qué es tan importante tener diversidad genética, que es, al fin y al cabo, lo que nos hace únicos», reconoce Jubierre. «Es el principio básico de muchas cosas que podemos hacer después».
Una estancia en el extranjero para seguir investigando
La decisión que en 2018 llevó a la alcañizana a trasladar su vida a Estados Unidos estuvo motivada por su intención de continuar su carrera como investigadora y abrir nuevos horizontes profesionales. «En Europa, y en general en el mundo de la ciencia, está bien visto salir de tu país para seguir formándote. En España hay muchas oportunidades para hacer el doctorado, pero pocas para el postdoctorado. Aquí (EE.UU.) las oportunidades eran mayores, aunque ahora, con la administración de Donald Trump, todo está un poco más parado», relata.
Tras terminar sus investigaciones sobre el genoma humano —las que publica ahora Science Advances— trabajó en el laboratorio de Alex Kentsis. Actualmente ha trasladado su campo de trabajo a las células madre en el centro de Lorenz Studer. «A finales de año mi objetivo es comenzar con la financiación para abrir mi propio laboratorio», añade, aunque reconoce que la vuelta de Donald Trump al poder se traduce en recortes en los fondos de investigación científica.
«Nueva York es lo más parecido al set de una película»
Los logros científicos se combinan con tener un segundo hogar a 5.000 kilómetros de Alcañiz y el Bajo Aragón. Después de casi una década, define la vida en la Gran Manzana como «un poco rara». «Es como estar todo el rato en una película. Salir a cenar a un restaurante y encontrarte con un actor famoso es de lo más normal».
Para ella, la vida neoyorquina se resume en una sensación constante de FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo. «Siempre hay tres eventos que te interesan cada día a la misma hora y la realidad es que no puedes dividirte, y eso acaba dando rabia», bromea Jubierre. No obstante, reconoce que la ciudad, con casi nueve millones de habitantes, «reúne a los mejores y a los más exitosos de cada área», lo que convierte a Nueva York en un referente mundial en ciencia, cultura e innovación.
Aun así, la vida allí no es tan idílica como parece y también compite con problemas cotidianos como el alto precio del alquiler en Nueva York. «Los estudios rondan los 3.000 dólares al mes y los pisos de una habitación no bajan de 4.000. Con el sueldo de postdoc te puedes permitir un piso viejo y pequeño», concluye.








Mi enhorabuena.
Es una satisfacción ver que una joven alcañizana avanza en su importante estudiol, y más cuando su trabajo es publicado en una impotante revista de avances científicos. Le deseo mucha suerte de la mejor y que siga cosechando éxitos.