Alcorisa dio inicio este sábado a sus fiestas con el pregón y la presentación de sus Majas de 2025. Un millar de personas se agruparon en la plaza José Ángel Azuara para disfrutar de una de las veladas más señaladas. Tras varios años en los que la lluvia no permitió celebrar este acto al aire libre, los gigantes y cabezudos pudieron volver a bailar a la sombra del Monte Calvario. La música de la orquesta y un gran despliegue de luces generaron un ambiente mágico.
Las Majas juveniles e infantiles lucieron sus mejores galas para celebrar «el orgullo de representar a su pueblo». Unas fiestas que, tal y como indicó el alcalde, Miguel Iranzo, «vivirán de forma especial al asistir a todos los actos». Las Majas y Majos salientes también se mostraron emocionados, marcando el arranque del evento con su discurso, en el que agradecieron a los alcorisanos el año que han vivido.
La presentación fue presentada por dos jóvenes del municipio que plasmaron su carácter divertido y de implicación con esta festividad, una realidad que también quiso agradecer el alcalde en su discurso. En sus palabras, los protagonistas, también quisieron agradecer el papel de David Bautista, concejal de Juventud y Festejos, quien se comprometió a ofrecer las mejores fiestas posibles a los vecinos y visitantes mostrando su orgullo alcorisano.
Un pregón con Estrella Michelín
El pregón de las fiestas fue ofrecido por Sebastián Roselló, jefe de sala del restaurante ‘El Batán’, local quien mantiene la única Estrella Michelín en toda la provincia de Teruel desde 2013. Acompañado de su esposa, la chef María José Meda, y de su hermano Florencio Roselló, actual arzobispo de Pamplona y Tudela además de pregonero.
En su discurso, el pregonero explicó sus buenos recuerdos en las fiestas de esta población. Sus palabras, cargadas de nostalgia, le hicieron recordara a sus padres, en especial a su madre, quien aseguró que estaría «orgullosa» de ver a su hijo cumpliendo con ese papel. Roselló reconoció haberle pedido al alcalde unas horas para pensar si aceptar este reconocimiento, ya que él siempre había visto a gente que consideraba «importante» cumpliendo con el rol de pregonero.
























