La localidad de Alcorisa celebra durante estos días una Semana Cultural dedicada a conmemorar al pintor alcorisano Valero Lecha, coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento. Con su obra y su labor docente transformó para siempre la historia del arte en El Salvador y dejó una impronta perdurable en las artes plásticas de ese país centroamericano.
Valero Casimiro y José Lecha Alquezar nació el 4 de marzo de 1894 en la villa de Alcorisa. Su infancia estuvo marcada por la dureza de la vida rural tras quedar huérfano de padre, trabajando desde muy joven en tareas agrícolas y oficios como pintor de rótulos antes de embarcarse en una aventura que lo llevaría a Hispanoamérica, primero a Buenos Aires y luego a San Salvador, en donde halló su verdadera vocación artística.
Aunque su nombre puede sonar lejano para muchos en España, su impacto en el arte salvadoreño es profundo y todavía palpable. Al establecerse en El Salvador, Lecha fundó en 1937 la Academia de Dibujo y Pintura Valero Lecha, una institución formativa que abrió las puertas de la creación artística a generaciones de artistas que, hasta entonces, carecían de una formación local accesible y profesional.
Gracias a esa academia, surgieron figuras clave de la pintura salvadoreña como Julia Díaz, Noé Canjura o Rosa Mena Valenzuela, quienes desarrollaron estilos propios, pero siempre reivindicaron la influencia de su maestro. Este papel no fue menor: Lecha no solo enseñó técnicas; promovió un sentido de identidad pictórica que conectaba con la realidad y las tradiciones locales, algo que hasta entonces muchos artistas tenían que buscar en el extranjero.
En sus propias obras, Lecha exploró temas muy diversos, desde paisajes que capturan la luz y la geografía salvadoreñas hasta obras que reflexionan sobre la figura humana y la cultura local, como la serie sobre los llamados 'Vientos de octubre', que muestra el dinamismo del entorno en torno al volcán de San Salvador.
La importancia de Alcorisa en su trayectoria no se limita a ser su lugar de nacimiento. Fue precisamente el espíritu de ese pueblo, su paisaje y su conexión temprana con la artesanía y la observación de la vida cotidiana lo que sembró en Lecha una sensibilidad pictórica única, capaz de articular una fusión entre tradición europea y expresión latinoamericana.
Reconocido en vida con honores como la Orden Nacional José Matías Delgado y un doctorado honoris causa, y considerado por muchos como el padre de la pintura salvadoreña, Valero Lecha falleció el 20 de agosto de 1976 en San Salvador a los 82 años. Su legado no solo vive en las obras que dejó, sino en el eco de las generaciones de artistas que él ayudó a formar y en el vínculo artístico que, medio siglo después, Alcorisa sigue reivindicando con orgullo.









