Andorra volverá a ser este jueves 1 de mayo el epicentro en el territorio de las reivindicaciones por el Día del Trabajador. Comisiones Obreras y UGT han convocado una concentración a partir de las 12.30 en la plaza del Regallo, enfocada este año en reclamar la reducción de la jornada laboral. En lo territorial, los empleos fijos más allá del montaje de las placas solares, la renovación de los convenios colectivos y la estabilización y consolidación de los interinos se mantienen como principales reivindicaciones.
El municipio se encuentra en pleno proceso de reindustrialización tras el cierre de la Central, y sus vecinos continúan pendientes de la puesta en marcha de varias inversiones empresariales millonarias. Desde CCOO defienden que todavía hay que estudiar qué alternativas permanecerán una vez se termine la construcción de dichos proyectos. "Todavía estamos esperando a ver si todo el tema del hidrógeno sigue o no adelante. Por ahora sí que ha habido un sostenimiento del empleo, pero algo circunstancial por las construcciones de molinos y placas. Una vez se terminen, esto se va a acabar", afirma el secretario general del sindicato en el Bajo Aragón Histórico, Ignacio Arasanz.
Las reivindicaciones, además, también pasan por la evolución de Andorra. "Tenemos unas diferencias claras a cuando Endesa era pública, con inversiones propias del Estado, y que al final acababan revirtiendo en la misma sociedad y trabajadores. Veíamos cosas concretas en la localidad, como el economato, las construcciones de las viviendas para trabajadores... Esos beneficios sociales ya nos los estamos teniendo", añade Arasanz.
La villa minera ha sido históricamente un municipio marcado por la reivindicación. Este año se quiere ver cuál será la respuesta social a la concentración programada para así decidir cómo avanzar en la lucha por una justa reconversión económica. CCOO explica que habrá que ver "si continuar con el diálogo social con los agentes implicados en la transición energética, como gobierno o empresas, u optar por la movilización en la calle".
"La gente aquí no ha tirado la toalla, lo que pasa es que hay que recuperar el pulso. Veníamos, después de la crisis del 2008, con un ciclo de movilización muy potente en todo el país, incluyendo nuestro territorio. A partir de 2018 la gente empezó a creer que todo se podía solucionar a través de las instituciones, y eso nos ha afectado. Eso, más el cierre de la Central, que implica menos gente sindicada, y menos gente organizada. Ahora intentaremos enlazar el objetivo con la gente, y que se crean que las cosas se pueden conseguir con esa presión", defiende Arasanz.
En ese sentido, además, también quieren reivindicar otras cuestiones que todavía consideran vitales para el resto de empresas no solo de Andorra y alrededores, sino de todo el Bajo Aragón Histórico. "La renovación de los convenios colectivos es crucial, sobre todo en las empresas en las que no hay representación de sindical. También es vital mejorar la estabilización y consolidación de los interinos, que tendría que estar ya terminada", añade Arasanz.







