Ángel Guimerá (Castelnou, 1973) repasa todo cómo ha sido el proceso de creación y rodaje de su documental que verá la luz este año. Además, comenta la necesidad de contar con colaboración a la hora de trabajar desde el territorio y se plantea nuevos retos para el 2024.
¿Qué balance realiza de 2023 con el rodaje de 'Libros, el legado de Alantansí'? Es uno de los proyectos audiovisuales más ambiciosos.
Estoy contento, el balance final está bien. Pero reconozco que si hubiera sabido de antemano lo complicado que es meterse en un proyecto como este no lo hubiera hecho. Tuvimos que hacer los viajes a Estados Unidos, Israel e Inglaterra en plena temporada de verano pero era la única forma de encajar a los entrevistados y equipo. Todo se encarece y se ralentiza porque no viajas de ocio. Por ejemplo, en el aeropuerto de Heathrow en Londres estuvimos cinco horas hasta tenerlo todo correcto en el cuaderno ATA porque vas cargado con mucho material. Lo que se me hacía más complicado era rodar en inglés y ha sido lo más fácil. Fue un rodaje muy complicado en ese sentido de tener que encajar todo esto. Pero lo bueno es muy bueno.
¿Qué es lo mejor del documental?
Que aborda varios temas desde diferentes prismas, y que hemos reunido a los mayores expertos sobre estos libros a nivel mundial. Hemos rodado donde se guardan los incunables y los hemos tenido a nuestra disposición. Para mí ha sido un trabajo de investigación. De hecho, en la Universidad de Oxford hemos encontrado posibles nuevas publicaciones que salieron de Híjar. Respecto a la parte de ficción estoy muy contento también, creo que fue un acierto salir a rodar a Palos de la Frontera en barcos de verdad. Eso fue gratis porque les gustó el proyecto.
Mucha gente se une por la idea.
Sí, y el hecho de que haya muchos logotipos no significa que hayan aportado dinero sino que en muchos casos nos han evitado tener que pagar. El Archivo Histórico Nacional no me ha cobrado por las imágenes; y tampoco en el JTS (Jewish Theological Seminary) de Nueva York. Allí rodamos entrevistas con expertos y tuvimos tres días los incunables a nuestra disposición. Son dos ejemplos, pero hay más de instituciones y personas que nos han ayudado mucho.
¿Puede repercutir la guerra?
Veremos qué sucede de aquí al estreno, pero estalló tres semanas después de que rodásemos en Israel y sí está dificultando el proceso. Me gustaría que no, pero la gente confunde la historia de un judío del siglo XV con la idiosincrasia actual de una zona en la que hay judíos, pero es que los hay en muchas partes más allá de Israel y muchos están en contra.
Ahora es Alantansí pero antes fue Segundo de Chomón o Pierres Vedel. ¿Qué tienen estos personales para llevarlos al audiovisual?
En el caso de Alantansí me atrajo la historia de los libros en cuanto me habló de ello la historiadora hijarana Lucía Conte, que está en el documental. Buscando tema para organizar las jornadas de patrimonio del Centro de Estudios del Bajo Martín (CEBM) apareció y por eso hicimos el coloquio internacional sobre patrimonio judío. De Vedel me atrae la arquitectura, que me apasiona, y de Chomón la unión de técnica y cine, y que fue un precursor. Todo desde Aragón y la provincia de Teruel especialmente. Alantansí era el impresor de Híjar pero no era conocido aquí y sí en universidades de medio mundo. El documental habla de las letras.
¿Hubiera sido posible sin el FITE?
No. Y eso que en un principio la subvención no iba a cubrir documentales. Realmente si Aragón TV, que gestiona estas ayudas, no hubiese apostado por este proyecto no hubiera salido. Con todo, hay que adelantar mucho dinero y tenemos más respaldos, aunque espero que se sumen más, porque en medio del rodaje casi me traigo una expedición de 40 personas a ver las juderías de Aragón.
Estas ayudas retornan...
Y tanto. En cada departamento hay al menos una persona de la provincia de Teruel. En la memoria está detallado hasta el dinero que el rodaje dejó también a su paso por Híjar o la ciudad de Teruel.
¿Qué le parece todo el movimiento de las film commission?
Es necesario que haya una oficina que facilite los rodajes. Se está trabajando muy bien en mejorar, y si hablamos de la provincia de Teruel se ha hecho un gran esfuerzo. Los resultados están porque vienen producciones, yo mismo estuve en un par antes de centrarme en ‘Alantansí’. Traen trabajo y tenemos que seguir engranando esta industria audiovisual. La realidad aumentada, la inteligencia artificial y hasta una marquesina del bus es audiovisual. Aquí somos capaces de hacer esa industria. En el medio rural se puede y ya se está haciendo.
Hablaba del CEBM, que sigue presidiendo. ¿Cómo ve el futuro de los centros de estudios?
Pedí cambio hace años pero es verdad que no hay relevo generacional. Las asociaciones en general están desconectadas de la realidad y la realidad es que la gente joven no las necesita. En los 90 tuvieron su esplendor porque si querías contar algo o tenías inquietudes intelectuales, necesitabas crear una plataforma. Ahora con un móvil grabas un corto y con redes sociales eres el azote de las instituciones. Los jóvenes no quieren publicar revistas, funciona Instagram y Tik-Tok.
¿Habría que cambiar el concepto?
En el CEBM lo hemos intentado entrando en el IES con proyectos audiovisuales o con el FestiFal, pero no les somos útiles. Quizá las administraciones deberían tener la sensibilidad real de digitalizar todo el material. Requiere de una inversión económica en el proceso y en establecer un control de calidad, pero ahí sí que nos abriríamos al mundo. Igual que pasó con los incunables de Alantansí. Cualquiera nos encontraría con un buscador de internet. He de decir que la sensibilidad cultural de las instituciones ha mejorado muchísimo desde que empecé en el asociacionismo. Soy optimista.
¿Cómo se presenta 2024?
Hay proyectos, algunos de ficción pero no puedo detallar más. Sí es seguro que, además de Alantansí, sigo con el Ayuntamiento de Albalate en otra fase de crear ‘video mapping’ y contenidos digitales para el Castillo. Albalate sería pionero en estas tecnologías unidas al rigor científico.
¿Se ha quedado sin ideas alguna vez?
(Ríe) No, pero somos muchos así y también en el Bajo Martín. A veces nos juntamos y entonces salen cosas chulas.







