Túnicas, tambores y bombos de hasta cuatro cofradías alcorisanas, El Nazareno, La Piedad de Nuestra Señora, San Juan y la Oración en el Huerto, se guardan cada Semana Santa bien ordenados en el patio de la casa familiar de los Azuara Carod, donde los hermanos Azuara Lorente y Azuara Navarro y sus parejas e hijos siempre se han vestido durante estos días tan especiales. La casa también atesora cornetas, y, como no, trajes del Drama de la Cruz. En la familia hay costaleras, responsables de los grupos de tambores locales y hasta integrantes que pertenecen a dos cofradías a la vez porque «lo importante es colaborar con el pueblo», por lo que es fácil asegurar que la tradición, presente desde siempre, perdurará en otras tantas generaciones de esta gran familia.
La fotografía que puede verse sobre estas líneas se realizó en el Calvario porque cuando eran niños todos recuerdan comenzar a adentrarse en el mundo de la Semana Santa participando como pueblo en el Drama de la Cruz. A día de hoy algunos como José Ángel, el que ha encarnado a más personajes de la familia, todavía continúan colaborando. No obstante, conforme han ido creciendo cada uno de ellos ha ido encontrado su propia pasión.
Mamen, por ejemplo, siempre supo que ella quería sacar el paso a hombros y por eso, tras mucho esfuerzo, logró convertirse en la primera mujer costalera de Alcorisa. Es cofrade de El Nazareno, y a día de hoy ya lleva más de 30 años portando al Santo. «Fue difícil conseguirlo primero por ser mujer y después porque la mayor parte de los puestos ya estaban adjudicados. Logré entrar para relevar a mi hermano y desde entonces salgo con él. Es lo que verdaderamente me llena», explica orgullosa.
Los más jóvenes de los Azuara, por su parte, comenzaron tocando el tambor, pero algunos como Sergio y Alejandro, en cambio, se acabaron decantando en su día por la corneta, instrumento que llevan tocando por lo menos más de siete años. Otros como Ignacio, en cambio, han ido asumiendo otros cargos como el de ser responsable del grupo de tambores infantil, tarea que también realiza su tía María Pilar, aunque en este caso con el grupo de mayores.

Y mientras todo esto ocurría, cada uno iba dando con su sitio y también su propia cofradía, muchas veces diferente a la que en su día ingresaron cuando eran pequeños. «Por parejas o amigos nos hemos ido cambiando, pero por lo general seguimos perteneciendo también a nuestra cofradía inicial. La afición es la misma y lo importante es que haya gente en todas», explican.
La única desventaja de todo ello es que, por diferentes costumbres y actos de cada hermandad, apenas pueden verse durante estos días. Solo lo hacen en momentos clave que, por ende, son sus favoritos. El primero, el de Romper la Hora; el segundo, mientras se cambian en la casa familiar; y el tercero, la gran tradición Azuara: unirse para la fotografía momentos antes de que inicie el Drama de la Cruz, un recuerdo para el que, por suerte, siempre están juntos.







