La microparcelación de la huerta antigua es un problema heredado en Aragón y, en el caso del Bajo Aragón Histórico, el reto no es menor. Ante la fórmula de la concentración parcelaria, los agricultores buscan otras alternativas como las que se han planteado desde Galicia en Maella, en una jornada en torno a la modernización del regadío. La cita estuvo organizada por UAGA el pasado lunes, a petición de la Junta Central de Regantes del Bajo Matarraña, que busca impulsar un proyecto de modernización en la cuenca.
Cerca de 60 agricultores asistieron a esta jornada, que contó con la participación de técnicos gallegos por videoconferencia. En ella se expusieron experiencias en la gestión del minifundio mediante modelos de permutas múltiples.
El Bajo Aragón Histórico busca nuevas fórmulas para desbloquear uno de los grandes obstáculos de la modernización de los regadíos tradicionales: la microparcelación de la huerta antigua. La jornada celebrada esta semana en Maella, impulsada por UAGA a petición de la Junta Central de Regantes del Bajo Matarraña, puso sobre la mesa experiencias de otros territorios, especialmente Galicia, donde la gestión del minifundio ha obligado a ensayar soluciones más ágiles que la concentración parcelaria clásica.
El encuentro reunió a unos 60 agricultores y contó con la participación de técnicos gallegos por videoconferencia. En concreto, se explicaron los modelos de permutas múltiples, que ofrecen una vía voluntaria para intercambiar parcelas entre propietarios y agrupar así superficies sin recurrir a un proceso de concentración parcelaria tradicional. «Seguro que será imposible aplicar aquí lo de Galicia tal cual, pero a muchos les hizo pensar en soluciones diferentes», valoró David Solano, agricultor y ponente en la jornada.
La parcelación en los regadíos antiguos dificulta la modernización de los mismos al haberse mantenido dividida la propiedad en parcelas que pueden ser inferiores a una hectárea. Se crearon en base a una agricultura de hace décadas, en la que no se contemplaba la mecanización actual. Solano advirtió de que esta situación afecta a muchas huertas de Aragón y de España y que, en el caso de las comunidades de regantes, puede acabar convirtiéndose en un problema colectivo si parte de la superficie deja de regarse. "Las concesiones de la Confederación Hidrográfica del Ebro son comunitarias. Si hay agua que no se emplea, se podría sufrir un recorte", detalló.
En el Bajo Matarraña, el proyecto de modernización se plantea sobre unas 2.000 hectáreas, que incluyen huerta tradicional, segundo turno y riego de invierno en Maella, Fabara y Nonaspe. El presidente de la junta central, Miguel Zurita, insistió en que se trata de modernizar, no de ampliar regadío, y subrayó que el proyecto dependerá de dos factores clave: consenso social y ayudas públicas.
«Lo más importante es que una mayoría esté de acuerdo y convencida de que esto es necesario para la cuenca. Y, después, que cuando se decida desarrollar el proyecto haya subvención», señaló Zurita. Para ello, la junta central ha celebrado varias sesiones informativas en las localidades, además de esta última jornada técnica.
En cuanto a la financiación, se destacaron las dificultades de las comunidades de regantes para acceder a crédito. Solano recordó que estas entidades apenas cuentan con patrimonio que hipotecar, aunque defendió que históricamente han demostrado ser pagadoras fiables. También apuntó a la necesidad de buscar acuerdos entre propietarios que no desean invertir, por edad o falta de actividad agraria, y agricultores jóvenes dispuestos a arrendar y poner en marcha las fincas. Por su parte, Zurita recordó que hasta ahora las líneas del Gobierno de Aragón han cubierto en torno al 50% del coste, un porcentaje "determinante" para afrontar una inversión de esta envergadura.







