Contar su historia ante más de 300 personas en Caspe ha sido el reto que han enfrentado este miércoles varios emprendedores del Bajo Aragón Histórico. Han dejado sus habituales tareas, para remangarse en otra bien distinta: compartir con otros profesionales, inspirar y ser referente para las generaciones más jóvenes. El foro EREA de Fundación Aragón Emprende les ha reunido en una jornada que ha puesto también el foco en la innovación y en la incorporación de las nuevas tecnologías.
No obstante, la innovación no siempre va de la mano de los avances más recientes y se manifiesta también "al poner en valor los activos y los recursos endógenos que hay en cada municipio, en cada comarca", ha destacado el vicepresidente de la fundación, Daniel Rey. Esta afirmación se ha alineado a la perfección con uno de los testimonios locales más impactantes, el de la pastora de Alacón, Raquel Burillo, quien ha asegurado que el "ovino no está muerto".
"Ser pastora es único. Decidí apostar por un negocio que se pensaba que era para los hombres y estoy aquí para romper las reglas", ha afirmado tras explicar que decidió entrar en la empresa familiar de ovino extensivo al ver que nadie más continuaría con el legado. Su ejemplo, tal y como ella misma ha incidido, demuestra que una persona joven "puede quedarse en el medio rural" y en un sector que demanda cada vez más relevo generacional.
La jornada también ha dejado espacio para más casos de emprendimiento. En el caso de la caspolina y veterinaria Laura Tobeñas, su nuevo negocio ha llegado tras el cierre de la clínica en la que trabajaba en Alcañiz. "Tenía claro que quería quedarme en el territorio y no dejar tirados a los clientes con los que ya llevaba trabajando años", ha señalado. Después de 17 años como asalariada, en diciembre de 2025 decidió dar el paso como emprendedora en la misma localidad, la Ciudad de la Concordia. Eso sí, no lo ha hecho sola ya que la acompaña la auxiliar de veterinaria Paula, con quien ya llevaba trabajando dos años en la clínica anterior.

Tenía claro que quería quedarme en el territorio y no dejar tirados a los clientes con los que llevaba años trabajando
Laura Tobeñas. Veterinaria

Ser pastora es único. Decidí apostar por un negocio que se pensaba que era para los hombres y estoy aquí para romper las reglas
Raquel Burillo. Pastora
Junto a las historias personales, el foro también se ha hecho eco de la capacidad del programa EREA, que ya cumple su cuarta edición, para generar nuevas oportunidades económicas, sociales y vitales en el medio rural. «Se trata de un programa que muestra cómo se puede incentivar el talento y desarrollar el empleo», ha explicado Francesc Xavier Boya Alòs, secretario general para el Reto Demográfico del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Entre los datos más destacados, Boya ha resaltado que "hay un 40% de municipios de menos de 5.000 habitantes que han ganado población mayoritariamente de carácter femenino y jóven».
Más emprendimiento en el medio rural que en las ciudades
Las oportunidades de emprendimiento aumentan en el medio rural, mientras que los jóvenes encuentran dificultades para sus proyectos en la ciudad. "Crece y es especialmente importante el empredimiento femenino", ha comentado Daniel Rey, vicepresidente de la Fundación Aragón Emprende y director gerente del Instituto Aragonés de Fomento.
Junto a la extensa jornada que comenzaba a las 10.00 y terminaba sobre las 17.30, se ha organizado un mercadillo de negocios locales en la plaza Soberanía Nacional. Además, los asistentes han podido participar en una rifa de una cesta con productos si conseguían ocho sellos, que equivalían a ocho compras en el mercadillo.
La alcaldesa, Ana Jarque, ha subrayado precisamente la dinamización que ha impulsado este foro: "Nuestra ciudad se ha convertido en punto de encuentro de talento, ideas y futuro. Un lugar donde lo rural deja de ser únicamente paisaje para convertirse en motor de innovación, en laboratorio de oportunidades y en ejemplo de resiliencia».
El Programa EREA ha apoyado a 41 empresas y 42 nuevas iniciativas dentro del territorio en su cuarta edición. En total, la iniciativa ha impulsado 320 proyectos y más de 140 nuevas iniciativas de negocio y ha formado a 4.000 personas con unalínea de ayudas de 2,7 millones de euros de los Fondos de Cohesión y Transformación Territorial del Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográdico.Este año ha celebrado cinco jornadas en cinco municipios distintos de la comunidad donde han asistido más de 1.200 personas.









Un problema central en Caspe y en toda la comarca del Bajo Aragón es la falta de una visión estratégica que vaya más allá de las propias estructuras. Mientras en muchos lugares se habla de escasez de mano de obra cualificada, de la emigración de los jóvenes y de la evolución demográfica, un potencial evidente sigue sin aprovecharse en gran medida: jóvenes ciudadanos de la UE, bien formados, que desean trasladarse de forma consciente a regiones rurales como esta.
En concreto: mi hijo y su pareja, ambos de 23 años, ciudadanos alemanes y con una buena formación, tienen previsto trasladarse a Caspe. Lo que falta no es motivación, sino estructura. No existe un programa integrado que facilite la incorporación: no hay un modelo combinado de “Work & Learn”, en el que por la mañana se aprenda español de forma intensiva y por la tarde se trabaje de manera práctica; no hay cursos intensivos orientados a principiantes sin conocimientos previos del idioma; no hay servicios de intermediación especializados que tengan en cuenta de forma específica a los inmigrantes europeos; ni existe una integración coordinada de gestorías locales que acompañen activamente los trámites administrativos (empadronamiento, seguridad social, contratos).
Y, sin embargo, el punto de partida es favorable. España —y en particular las regiones rurales con potencial de desarrollo— se benefician cada vez más de una percepción positiva dentro de Europa: calidad de vida, clima, menor coste de vida y una dinámica económica en crecimiento. Especialmente los jóvenes de los países del norte de Europa son muy conscientes de ello. También en el entorno de mis hijos se observa lo mismo: el interés por vivir en España existe, al igual que el entusiasmo tras las primeras estancias. Lo que falta es un acceso claro y accesible al mercado laboral y a la integración social.
En la actualidad, este movimiento no fracasa por falta de voluntad, sino por la ausencia de puentes. Sin conocimientos de idioma, sin red de contactos y sin programas estructurados, el acceso resulta aleatorio y arriesgado. Esto provoca que un potencial significativo de nuevos residentes quede desaprovechado, a pesar de que podría contribuir de manera real a la dinamización económica, a la cobertura de la demanda de mano de obra cualificada y a la estabilización demográfica.
Hasta ahora, la mirada se dirige demasiado hacia el interior. Una apertura estratégica hacia el exterior —especialmente dentro de la Unión Europea— podría suponer un impulso decisivo para regiones como el Bajo Aragón / Teruel.