La relación del Bajo Aragón con los olivos es antiquísima, como atestiguan los ejemplares de más de mil años que siguen en pie o las prensas de aceite halladas en yacimientos íberos-romanos. El cultivo de la aceituna ha dado sustento a familias durante generaciones -en la actualidad se calcula que a unas 8.000- y, desde el año 2000, el oro líquido extraído está reconocido con una Denominación de Origen que abarca 77 municipios en las provincias de Teruel y Zaragoza. Se emplean para tal fin las tres variedades más comunes (Empeltre, Arbequina y Royal de la especie Olea Europea); sin embargo, existen muchas otras -no catalogadas científicamente- que ahora se están tratando de recuperar.
El proyecto de cooperación 'Olivos de Aragón' ha logrado identificar, tras cuatro años de trabajo, 17 nuevos genotipos en ocho pueblos de las comarcas del Matarraña, Bajo Aragón, Andorra-Sierra de Arcos y Bajo Aragón-Caspe. En Oliete, se han localizado seis, 'Negricas', 'Royala basta', 'Farriñuelo', 'Negrillón', 'Royal de Alloza' y 'Royal'; en La Portellada, cuatro, 'Redona de Catxol', 'Ramellet', 'Dura' y 'Bordís de Bosquet'; y en Arens de Lledó, dos, 'Lolenca' y 'Jerrenca'. En el resto de localidades se ha descubierto una variedad en cada una: en Torrecilla de Alcañiz, 'Judiera del Lópiz'; en La Codoñera, 'Bordizo'; en Valdealgorfa, 'Capistrana'; en Lledó, 'Llorona'; y en Maella, 'Blayenca'.
En el conjunto de la comunidad se han hallado 30 genotipos (tras prospectar 96 municipios) que no coinciden con los registrados en el Banco Mundial de Germoplasma ubicado en Córdoba, que cuenta con 750 muestras de 29 países. Por lo tanto, más de la mitad de las nuevas variedades, el 56,66%, se han hallado en territorio bajoaragonés. Además, está pendiente de analizar el ADN de otros 38 ejemplares prospectados (13 de Aniñón y Morata, y 25 del resto de municipios), por lo que el número final de genotipos podría ser todavía mayor.
De momento, ya se ha dado un primer paso con la creación de un inventario, que podrá ir ampliándose. Para ello, los cinco socios del proyecto -el grupo Leader Bajo Aragón-Matarraña (Omezyma), Fruticultores de Caspe (Afruccas), el grupo Leader del Campo de Belchite (Adecobel), Viveros Mariano Soria y Aceites Lis- recibieron una subvención de apoyo a acciones de cooperación de agentes del sector agrario, dotada con 60.100 euros. La ayuda procedía del Programa Nacional de Desarrollo Rural 2014-2020, financiado por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER), el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y el Gobierno de Aragón.

Ahora toca seguir avanzando para que el trabajo realizado marque un antes y un después en la producción de aceite de oliva en la comunidad. Por un lado, habrá que estudiar cuáles de esas variedades pueden emplearse, ya que hasta el momento, al haber muy poca cantidad, ninguna ha ido al molino sin mezclarse con otras. De hecho, algunas solamente se han consumido como aceitunas de mesa; y otras, incluso, hace tiempo que nadie las prueba porque se encuentran en campos semiabandonados. Por otro lado, más allá del rendimiento económico, interesa conocer de cara al futuro próximo qué genotipos son resistentes a determinadas plagas, sequías o heladas.
A falta de plantar la colección de las nuevas variedades en la finca experimental que tiene DGA en Alcañiz, ya se sospecha que algunas de ellas podrían ser resistentes a las heladas. «La mayoría de los árboles son antiguos y eso significa que sobrevivieron a la helada de 1956, que mató a muchas especies, no solo olivos, en toda España. Ese frío de viento polar fue un desastre para el campo y muchas oliveras se tuvieran que cortar», explica Joaquín Lorenzo, coordinador del proyecto 'Olivos de Aragón' y gerente de Omezyma. También se quiere cultivar en parcelas en zonas áridas las variedades que se consideren más adaptadas. El seguimiento de campo será fundamental para conocer en detalle cómo se comporta cada genotipo.
Esta segunda fase del proyecto necesita apoyo económico para ver la luz, por lo que Lorenzo adelanta que se volverá a pedir en 2025 una subvención de cuatro años en la convocatoria que lanza el Gobierno de Aragón para acciones de cooperación. «Tenemos que configurar el proyecto y ver qué socios están dispuestos a participar», señala. La intención, además, es seguir con la prospección en más municipios para recuperar el mayor número de variedades caídas en el olvido.
Siguiendo la pista
Para llegar hasta oliveras «raras», se hizo al comienzo del proyecto una campaña dirigida a los productores, tanto agricultores particulares como cooperativas. En el caso de las comarcas del Bajo Aragón y Matarraña, muchos ejemplares ya estaban identificados gracias a la iniciativa anterior 'Oliveras centenarias y singulares', coordinada por Omezyma. «Las personas que participaron en esa catalogación ya tenían la pista de qué olivos había que no eran los más comunes», detalla Lorenzo, quien apunta también que colaboraron voluntarios de la Red de Semillas de Aragón, personas «muy sensibilizadas» con recuperar cultivos de todo tipo.
La mayoría de árboles «ya se veían a simple vista que eran diferentes», sin embargo, existía la posibilidad de que algunas variedades ya estuvieran catalogadas por alguien. «Pasó, por ejemplo, con una 'Manzanella' de Ráfales y de La Portellada que estaba ya registrada como que procedía de Arnes, municipio de Tarragona que limita con el Matarraña», recuerda Lorenzo.
La Red de Semillas de Aragón se encargó de tomar muestras y datos de los árboles detectados. Después, el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) estudió el ADN de los ejemplares seleccionados. Con la información obtenida, se creó el inventario. Además, algunas variedades ya se recolectaron para extraer el aceite y someterlo a un análisis fisicoquímico y organoléptico.
























