Bartolo Aglio Villar fue uno de los impulsores del Museo Minero de Andorra, un espacio que nació en 2005 como homenaje a la historia industrial de la localidad y a quienes dedicaron su vida al trabajo bajo tierra. Hoy, dos décadas después, sobrevive gracias al esfuerzo de tres voluntarios.
«Empezamos quince, pero por unos motivos u otros hemos ido quedando menos. Algunos han fallecido, otros se han puesto enfermos, otros han hecho su vida... y ahora solo quedamos tres: Ignacio Caballer, Luis Lasalas y yo», relata Bartolo con tono sereno, pero también con preocupación. El tiempo pasa y la falta de relevo es una amenaza silenciosa que se agrava con cada año que pasa para el museo.
El Museo Minero de Andorra es más que una colección de objetos. Es un espacio que permite comprender el pasado reciente de la localidad y de toda la Comarca Andorra-Sierra de Arcos. Las instalaciones exteriores, que incluyen maquinaria minera y zonas ajardinadas, requieren mantenimiento constante. También lo necesitan los espacios dedicados a la divulgación, las exposiciones temporales y los actos culturales que se organizan de forma puntual a lo largo del año.
«No hace falta que vayan los 365 días del año. Con venir dos o tres días a la semana y echar una mano con lo básico, ya ayudarían mucho», ha insistido Aglio. En primavera y verano, por ejemplo, hay que cuidar los jardines, cortar la hierba, pintar las máquinas que están al aire libre o preparar actividades como el tradicional ‘Cante Flamenco’ en agosto o los actos en honor a Santa Bárbara, patrona de los mineros.
Aglio también quiere desterrar la idea de que colaborar con el museo es un esfuerzo pesado. «Tenemos segadoras automáticas, hay herramientas, no hay que coger la pala o el martillo picador todos los días. A veces hay que reparar una tubería o desbrozar, pero no es nada del otro mundo», asegura. «Es más la voluntad que otra cosa», añade. El problema, sin embargo, es que esa voluntad no está apareciendo. Ni siquiera entre los mineros más jóvenes. «Yo hago un llamamiento también a mis compañeros de la mina. Aunque no tiene que ser solo gente que haya trabajado allí. Cualquiera con ganas de colaborar es bienvenido», ha dicho. «Ojalá este mensaje sirva para que se haga realidad", ha reflexionado.
Desde hace años, el museo permanece cerrado durante los meses de invierno. «Después de Santa Bárbara, en diciembre, ya prácticamente no volvemos hasta marzo o abril. En enero está cerrado. Es cuando menos trabajo hay porque la hierba no crece», ha explicado. Pero a partir de primavera, el ritmo se intensifica y las manos siguen siendo las mismas, tres, para todo.
«Si vinieran cuatro personas más, podríamos enseñarles qué hacer, cómo organizar las tareas. Todo poco a poco», ha asegurado. La idea no es crear una estructura formal ni imponer horarios, sino lograr una red de personas que colaboren de manera voluntaria.











hay gente en el paro
A los jovenes, no les importa ni les interesa la historia, ni todo lo que ello supone. Ni lo que fueron sus antepasados, ni sus abuelos, ni sus padres, ni siquiera ellos mismos.
Solo les interesa tener, en el sentido mas material de la palabra. Que mas da ser un analfabeto, ¿para que sirve el conocimiento?
Esto, si les pasara factura y repetiran los mismos errores que se han sucedido durante milenios.
los jóvenes lo que no quieren es ver cómo otros cobran y ellos voluntarios,a qué el delegado de turismo cobra y no es voluntario pues eso y como eso protección civil ,cruz roja y muchos chiringuitos,los de abajo nada pero a cierto nivel buen sueldo que lo hagan ellos