Son las 17.30 de un jueves cualquiera, y en la residencia La Solana de Ariño los usuarios ultiman su aparición en el último TikTok de moda. Lejos de sentir vergüenza delante de la cámara, todos quieren tener su momento estelar, ya sea bailando o parafraseando la canción elegida. En uno de los últimos que realizaron consiguieron hacerse virales con más de 300.000 visualizaciones en Instagram. Y para quien ese día no quiere bailar, a la misma hora también puede participar en un taller de cocina o manicura. Porque la actividad no para en la residencia, siempre bajo un lema concreto: conseguir que la vida y cada día sigan siendo divertidos, incluso a la hora de hacerse mayor.
Detrás de este calendario de actividades se encuentra Laura Félez, vecina de Alloza y animadora sociocultural, una figura desconocida para muchos y que, sin embargo, puede logar cambiar por completo el día a día de un centro residencial. "Cuando llegué había un ambiente triste, incluso apagado. Una residencia no debería ser un lugar en el que solo ves la vida pasar", defiende.
En el caso de la de Ariño-con 51 usuarios-la mejoría se ha notado a nivel emocional e incluso fisiológico. Los vecinos de Ariño, Alloza, Oliete e incluso La Portellada que viven en ella esperan cada día la llegada de Laura para pasar la tarde de una forma diferente. Además de las actividades, la profesional también dedica tiempo a hablar con ellos, trasladándoles los hechos noticiosos de su alrededor para que no se queden atrás.
"Hay usuarios que antes apenas hablaban con las visitas que recibían, pero ahora los ves con ganas de que lleguen para contarles las noticias que saben. Es un lazo que pueden tener con ellos", cuenta Félez. Las charlas, además, son especialmente beneficiosas para aquellos que no reciben visitas, ya que consiguen sentirse escuchados.
El conocimiento es poder, y por ello Félez también trabaja diariamente para incluirlos en el mundo de las nuevas tecnologías. El objetivo era hacerlo de una forma divertida, y por ello se decantó por hacer vídeos de redes sociales como TikTok o Instagram. Desde el primero que hicieron, todos los residentes quisieron participar. "Ahora siempre me dicen 'a ver cuando me toca a mí'. También es otra forma de conectar con sus familiares", añade. Una vez publicados, la animadora se encarga igualmente de enseñarles cada uno de los vídeos en una pantalla, "y a ellos les encanta verse".
Los usuarios también disfrutan de otras actividades y talleres para entretenerse / L. C.
La animación sociocultural, fundamental
La agenda en la residencia de Ariño se completa con otras tantas actividades como paseos saludables por el pueblo, actividades culturales o talleres de cine. "Cuando vuelvo después del fin de semana me dicen 'por fin has llegado'", cuenta Laura. También reciben visitas de los estudiantes de Ariño, o participan en la decoración del centro para cada estación. Y a raíz de esta programación, el día a día es mucho más ameno, tal y como defienden desde la dirección de la residencia.
Aun así, no todos los centros residenciales del territorio cuentan con un profesional que cumpla con estas funciones de animación sociocultural. "Usuarios que se han tenido que ir a otras residencias sin este tipo de actividad lo han notado en su día a día", traslada Félez. En su caso, defiende la formación detrás de su cargo después de haber trabajado en otras zonas como Barcelona o Logroño. "Debería ser considerada una parte fundamental de la atención integral hacia las personas mayores", puntualiza.
Para Laura, el beneficio es mutuo. Su día a día con los usuarios también le ha permitido conocer a fondo a vecinos de otros pueblos cercanos y sus raíces. El trabajo es agradecido, dice, porque gracias a él puede "devolver aunque sea una parte de todo lo que los mayores han hecho por nosotros". "La infancia que tenemos ahora no tiene nada que ver con la que tuvieron. Y mucho de lo que se ha conseguido es precisamente porque ellos lucharon. Aprendo cada día de esas historias", concluye.











