Beatriz Altaba Sanz (Alcañiz, 1975) es enfermera y ha trabajado en atención primaria, en el Hospital, en el 061 y ahora ocupa un puesto directivo. Posee un profundo sentido del compromiso social, ha sido concejal, y no duda en iniciar campañas solidarias o por el medio ambiente, además de impartir cursos de desfibrilador y reanimación mientras saca tiempo para el duatlón. Dice que, aunque no le vino la vocación de cuna, se dedica a "la profesión más bonita del mundo".
Ahora es enfermera de apoyo a la dirección de enfermería de Atención Primaria del Sector Alcañiz. ¿Cómo está llevando trabajar en un puesto tan administrativo?
Todo tiene un lado bueno y esto también. Me gusta la parte de organizar y en este caso, además, estar con los contratos programa en los que entra, por ejemplo, el seguimiento de control de personas con diabetes, o el cribado de cáncer de colon, entre otros muchos. Hay que llegar a la gente y si no se llega, idear campañas o ver cómo hacerlo. Vas viendo en qué posición estás en Aragón y con el contrato programa estamos mejor en Teruel y en Alcañiz que en el resto. Ahora toca la vacuna de la gripe, pues a por ello. También mantengo el contacto con el paciente porque si hay que cubrir una guardia de un día para otro un fin de semana, estoy disponible si nadie quiere ni puede. No me gusta perder técnica y me gustan las guardias. He pasado por todos los ámbitos profesionales de enfermería y en todos muy a gusto.
¿Tenía claro ser enfermera?
No fue una elección de cuna pero me conquistó desde el principio. Tengo la profesión más bonita del mundo, no podría ser otra cosa.
Son bien conocidas sus acciones altruistas. Hace años empezó a recoger tapones...
Sí, y sigo recogiendo 15 años después. Fue la primera de estas acciones (ríe).
¿Por qué? ¿Cómo se lanzó?
Porque vi un cartel en un escaparate de una familia que recogía tapones para recaudar dinero para poder operar a su niña, a Aitana. Me sorprendió que con la basura se sacara dinero y contacté con la familia y más tarde entró Fundación Seur. Se está ayudando a muchos niños.
Ahora que los tapones van unidos, ¿todavía se recogen?
Se arrancan y sí, se recogen. Pero lo ideal es dejar las bolsas en Seur y ellos se encargan. Incluso en la puerta.
¿Cómo llega a todo? Consejos...
¡Puf! Muchas veces escucho a gente que dice que no tiene tiempo, pero es cuestión de organizarse. Yo no sé cómo lo hago, pero mi lema es aprovechar la vida porque son dos días y cuando me muera sí que no haré nada. Con 49 años estoy a menos de la mitad de lo que me queda y solo hay una vida, hay que aprovecharla a tope. Me busco mis ratos y ahí entra el deporte, porque hago duatlón y me encanta correr y, sobre todo, la bici de carretera. Lo he incorporado a mi vida y no es una obligación. También me encanta la docencia, y saco tiempo para los cursos.
Para concienciar sobre el reciclaje se disfrazó. Aquello causó sensación en Alcañiz.
(Ríe) Sí, la cabeza me da muchas vueltas.
¿Cómo nació Samu Sara?
Estaba pensada para niños de la edad de mi hijo, que entonces tenía 13 ó 14 años. Yo esperaba que si veían a una persona que no tenía otra cosa que hacer que ir disfrazada al instituto pues igual no tendrían que tirar basura al suelo. No me funcionó.
¿Y qué hizo?
Cambié el chip porque ese día en la plaza de toros me crucé con unos críos de fuera que alucinaron al verme. Me tocaban, me preguntaban por la nave espacial… Estaban emocionados. Ese era mi público. Hice varias acciones mientras lo podía compaginar con el trabajo, pero con el turno de mañana ya nada. Me llamaron hasta de Calatayud y fui. Se pensaban que era una acción de la DGA, pero no, era cosa mía. No me olvido de Samu Sara, el traje y la máscara están en casa.
Aparte, da cursos. ¿Por qué se metió en docencia?
Soy instructora en Soporte Vital Básico y manejo de desfibrilador por la DGA porque siempre me ha preocupado saber afrontar una parada cardíaca. Me saqué un título para poder dar cursos acreditados y me llaman de Cruz Roja. Ahora, por las mañanas trabajo y las tardes voy a pueblos del Matarraña a dar con la Comarca unos cursos de RCP (Reanimación Cardiopulmonar).
¡Menuda agenda!
La gente me pregunta si no me canso. A mí no me cuesta nada. A veces da pereza, es normal, pero una vez en el sitio… Si es que yo me lo paso bomba y encima me pagan por mi trabajo.
También suele estar detrás de alguna iniciativa con asociaciones.
Cuando fui concejal del ayuntamiento organicé el spinning solidario un par de años. Lo hago feliz pero te quita el sueño porque quieres que salga bien y te da rabia porque siempre se puede conseguir más. Y cada vez hay más competiciones y la gente se tiene que repartir. Se quedó parado, aunque no lo descarto, pero cada cosa tiene su momento.
El ayuntamiento... ¿No tenía bastante para estar la anterior legislatura? Quien ha estado dice que todo el mundo debería probarlo.
Es verdad. Es lo mismo que el puesto en el que estoy ahora en el trabajo, que si no estás no sabes cómo hubiera salido. En el ayuntamiento, la experiencia bien pero no me apetece repetir (ríe). Me tocó oposición, que entiendo que tampoco es lo mismo. Esta vez me presenté muy atrás en lista y no salí y no te niego que me fastidió, pero ahora no volvería. En un futuro no me cierro pero no llevo idea porque tengo una vida muy completa y muy llena, no me hace falta nada más. Estoy feliz, para qué voy a mentir.







