La historia de Beceite no se concibe sin las fábricas de papel, enormes edificios que marcaron también la orografía del pueblo y que lo siguen haciendo pero transformados en otros negocios, principalmente, en destinados al turismo. La industria papelera fue el sostén económico de buena parte del pueblo, también el de las mujeres que les permitía tener independencia económica en la España de mediados del pasado siglo XX. El cierre de la última fábrica trajo consigo el éxodo de decenas de familias hace cuatro décadas. La huella papelera es imborrable en Beceite y el objetivo ahora es que no se pierda. Para ello se ha puesto en marcha una iniciativa que lleva por nombre ‘Lo recordaba la más vieja del lugar’, un programa del Ministerio de Igualdad en el que participan varios pueblos con diferentes proyectos.
A través de la Asociación Clásicas y Modernas a la que pertenece Ana Santos se presentó la propuesta de la puesta en común en Beceite de los recuerdos de esos años aportados por personas que vivieron esa época ya sea desde dentro de las fábricas trabajando en ellas o como vecinos del pueblo. «Mi recuerdo de ese tiempo es llorar. Lloré mucho cuando nos tuvimos que despedir de los niños y niñas que se fueron a porque cerraron, muchas familias se fueron al quedarse sin trabajo y el colegio se quedó casi vacío». Este es el recuerdo de una de las participantes del primer taller que se celebró el viernes. Esa tarde, alrededor de una quincena de mujeres -y también un hombre- charlaron tirando de memoria. Se emplazaron al miércoles 9 para ponerlos por escrito en la segunda sesión, antes de que se lean en la tercera el viernes 11 y se decida cómo plasmarlo. El resultado se verá en la feria del 20 de agosto en Beceite.
Salieron muchas ideas gracias a los fragmentos literarios seleccionados por Teresa Claramunt, de la librería De Bat a Bat Llibres de Calaceite. Fragmentos de Pardo Bazán, Martín Gaite o Rosa Montero, entre otras autoras, inspiraron y dieron pie a compartir anécdotas y situaciones, como por ejemplo, que entonces «se trabajaban 48 horas semanales, y, salvo dos días por las fiestas, no había vacaciones». Mucho juego dio la festividad de Santa Lucía, «la patrona del sector papelero» por la que sí se montaba fiesta con trabajadores, familias y gente del pueblo. Se organizaban incluso montajes teatrales. De todo ello hay fotografías que se comprometieron a aportar para que quede constancia. En las fábricas trabajaban hombres y mujeres, de más edad y más jóvenes, y que trabajasen juntos hombres y mujeres se «veía com algo normal en Beceite». A ellas, trabajar les otorgaba autonomía y que se pudiesen jubilar con ingresos. Fue tan excepcional que recuerdan a la perfección el nombre de «las primeras que tuvieron pensión en el pueblo». En los turnos se hablaba y también se cantaba, a veces canciones de la época del Dúo Dinámico, pero otras veces entonaban ‘Qué bonito es Beceite’, una canción compuesta por una joven del pueblo sobre la melodía de ‘Qué bonita es Barcelona’. En el taller del viernes la volvieron a entonar entre aplausos y muchas risas.
Vivir en la fábrica desde niñez: "A Beceite le decían Nueva York"
Eduardo entró a trabajar a las fábricas con 13 años y se marchó a Zaragoza el 29 de agosto de 1970 en busca de prosperar porque la industria ya no era lo mismo y cerraría unos años más tarde. «Esas fechas no se te olvidan nunca», dijo. Él sigue fiel a Beceite, lo mismo que Faustina Bueso Ibáñez y Juana Ibáñez Carbó, que son primas y en su caso, vivieron en las fábricas como hijas de encargado. «Yo tendría unos 4 años cuando nos fuimos a vivir a la fábrica y salí cuando me casé. Mis tres sobrinos nacieron allí, mi padre murió allí, nuestra abuela también…», dijo Faustina. Allí fabricaban cartulina de hilo que se hacían a partir de trapos y la pana, el textil con el que más se vestía la gente entonces, era uno de los más seleccionados. «En la fábrica llegamos a estar más de cien personas, que cuando cerró nos marchamos a Cheste en Valencia», añadió Juana. «Yo creo que el principal motivo de cierre de las fábricas fue la ubicación porque había que traer toda la materia prima y sacar lo que se hacía y los costes eran altos», apuntó Faustina, que nació en 1942 y acaba de cumplir 83 años. Juanita nació en el 39 y luce sus 85 años «aguantando bien». Aquella fábrica alberga ahora apartamentos turísticos por los que pasan a diario las primas, que con la jubilación regresaron a su pueblo. «Ha cambiado todo tanto… Llegó un momento que a Beceite le llamaban Nueva York porque estaban todas las fábricas en activo, minas de tierra refractaria y de carbón y también venían de otros pueblos a trabajar, sobre todo, de Valderrobres», añadieron.
El papel, más necesario que nunca en "tiempos líquidos"
El taller estuvo dirigido por Teresa Claramunt, que hace meses abrió una librería que también es un espacio cultural. De tomar todas las notas se encargó Eli Díez, presidenta de la Asociación de Mujeres La Pesquera y quien lanzó la idea de montar una composición entre fotografías y escritos que confeccionarán en próximos talleres. Esta idea fue muy bien recibida en la primera sesión y se invita a todo el que quiera a sumarse a las dos siguientes y aportar sus recuerdos. Estos se pondrán sobre papel, por escrito porque al papel y al libro le queda mucho. Hace años que algunas voces ya lo entierran pero resiste. "No sabes la de veces que me han preguntado si es el fin del libro. Algunos gurús decían que le quedaban diez años... Están equivocados. No pueden desaparecer los libros porque desde hace miles de años están en el imaginario colectivo y porque, en una sociedad tan líquida y evanescente en la que aprendemos pero no tocamos, se buscan objetos y recuerdos físicos", dijo Ana Santos, que recordó que, además, "se editan más libros en papel que nunca en España", y se están recuperando otro tipo de objetos como los vinilos.
Santos fue durante once años hasta 2024 la directora de la Biblioteca Nacional de Madrid, es zaragozana pero el vínculo con Beceite es fuerte. Su abuela paterna era del pueblo y ella sigue muy vinculada y con casa en la localidad. Se implica con sus vecinos y con este proyecto, todavía más. Reivindica, además, su profesión de bibliotecaria y la labor que realizan estos profesionales "puramente vocacionales" en sus puestos de trabajo, sobre todo, en el medio rural. "Mi etapa en Madrid fue más de gestión y apenas tuve contacto con los libros estando en un lugar como la Biblioteca Nacional", lamenta. El papel de Beceite se empleó en naipes de Fournier y también para grabados de Goya, puede que también en los libros que atesora el gran edificio de la capital pero esa investigación está por abrirse.










