Las horas parecen esparcirse en Belmonte de San José, un pueblo con detalles imperceptibles para quienes acostumbran a transitar sus calles. Los señalan quienes viajan al pueblo a pasar unos días para centrarse en su trabajo creativo, como son quienes resultan seleccionados para vivir una estancia en las residencias artísticas que organizan en la Casa Jardín Filou con Nele Vanparys al frente, una entusiasta por reunir y rodearse siempre de mentes creativas y personas que aportan. Esto lo hizo realidad a través de la convocatoria de estas becas para residencias artísticas que ya van camino de cumplir dos años. En su casa de hospedaje ha acogido a artistas internacionales de perfil muy variado y todos han dejado o han hecho algo con la comunidad local. De hecho, esta es una de las premisas para optar a la beca. Esta vez fueron dos mujeres las que se alojaron cuando el verano todavía no había terminado de explotar. Dos mujeres de Países Bajos que hacía más de cuatro décadas que no compartían escena y Filou obró el milagro al juntarlas en una actuación en la plaza en la que una puso la música y la otra la letra y lectura de un poema.
Truus de Groot es quien se encargó de la música. Interpretó ante el público nada menos que diez temas que había compuesto en Belmonte durante su estancia de dos semanas. La artista, que asegura tras su estancia, que «Belmonte tiene magia», valoró disponer de la casa y sentirse como en la suya propia mientras sacó adelante su trabajo. Los días le cundieron hasta el punto de componer diez temas que verán la luz a través de su canal de Bandcamp. El cierre fue la actuación conjunta con María, un momento «muy importante» para ella porque sintió que era la manera de «devolverle algo a este lugar tan especial» porque todo lo que hizo fue «100% inspirado por Belmonte y Filou». Compartió escena con Maria van Heeswijk, artista que hace décadas vive en Calanda y que el año pasado disfrutó de unos días como invitada en Filou, pero esta vez se quedó una semana y sacó adelante un proyecto muy especial y muy personal
Hace quince años María viajó al banco de semillas de Spitsbergen a bordo del Plancius. Es artista plástica, aunque también tiene su vena poeta como demostró en Belmonte al dedicarle un poema al pino de la ermita del pueblo. Tras ese viaje comenzó a escribir una serie de libros sobre la libertad de la semilla, libros que van aparejados con sus pinturas. La serie se compone de 25 y en Belmonte dio vida a los 12 primeros. «En Belmonte el silencio está tan presente que se convierte en parte de de todo lo que decides hacer, ese silencio permite volver a lo esencial, donde no hay distracciones y la vida puede ser comprendida y admirada en su forma más pura», dijo tras finalizar su semana de residencia. «El lugar de trabajo que ofrece Filou se convierte, en ese momento, en el centro del mundo, tu concentración alcanza su punto máximo», añade.











