La Escuela de Hostelería y Turismo de Teruel cumplió 30 años de historia en 2023. ¿Cómo lo celebran?
Es una celebración que hemos aprovechado para acercar la escuela a la sociedad turolense, tanto con talleres, como con iniciativas como la apertura de nuestro restaurante tres días a la semana o un take away cada viernes. Vivimos en una provincia muy grande y muy diseminada, por lo que una de las principales apuestas del equipo directivo pasa por abrir esas ventanas de la escuela a todo Teruel. Por ello también hemos modernizado nuestra página web, y queremos apostar más por las enseñanzas a distancia. La formación en un sector tan pujante como el nuestro es crucial, y más teniendo en cuenta la falta de mano de obra actual.
¿De dónde cree que surge esa falta de mano de obra?
El mayor problema, a mi juicio y sin querer ser alarmista, es que los sistemas de gestión se han quedado anclados a una época donde de alguna manera vivías para el trabajo. Eso, lógicamente, en pleno siglo XXI, los trabajadores no lo quieren. Lo que desean es trabajar para poder vivir. La pandemia también nos trajo un baño de realidad en el que la persona que utilizaba la hostelería como refugio laboral o pasaje temporal se dio cuenta que en otros sectores puede ganar lo mismo o un poco más y, aún por encima, conciliar.
¿Es posible revertir esta situación a través de la formación?
Por supuesto, de ahí la necesidad de modernizarnos como centro educativo. Debemos enseñar a cocinar, a servir y a mostrar nuestro patrimonio, pero de una forma actualizada para hacer nuestro trabajo más atractivo, llegar a más personas y así poder aportar esa mano de obra formada en alta calidad.
¿Hay gente interesada en formarse en la hostelería, o directamente la mayoría opta por trabajar?
A lo largo de estos años la evolución de las enseñanzas de hostelería y turismo ha ido decreciendo, no solo aquí en Teruel, sino a nivel nacional. Nosotros también lo hemos notado con un descenso paulatino de matrículas. Hay muchas personas que prefieren ir a trabajar y no formarse, pero nosotros entendemos que un sector tan importante como este no puede existir sin que esté plenamente formado.
¿Cómo se sitúan las cifras de este año?
Para nuestra alegría, y gracias al trabajo y esfuerzo que empezamos a realizar el curso pasado, hemos mejorado datos. Las matrículas iban decayendo y de repente, si en términos general de formación profesional de toda Aragón estas han aumentado en torno al 14%, nosotros lo hemos hecho en más del 25%.
¿A qué se debe tal cambio?
Creo que hemos sabido llegar a gran parte de la sociedad que sí quiere trabajar en base a la formación. También hemos trabajado el sector de la inmigración, quienes quieren desarrollar su vida profesional en este país. Es algo que luego repercute a la hora de repoblar el medio rural.
Mencionaba que hay quien directamente comienza a trabajar sin formación previa. ¿Diría que existe intrusismo en el sector?
No lo denominaría intrusismo porque al decirlo, de alguna manera, estamos denigrando ciertas actitudes. Sí yo con mi dinero me meto en un sector donde en cierta medida no es difícil acceder, por esa necesidad que existe, será mi responsabilidad el saber freír un huevo, hacer una cama o conocer el entorno donde estoy. Cada uno que haga lo que quiera, pero qué duda cabe que con ciertas garantías, y la formación es parte de ello.
Reciben a muchos alumnos del Bajo Aragón Histórico y resto de provincia. ¿Cuál es el aprendizaje más importante que les intentan transmitir?
Me gustaría retomar algunos valores que tienen que ver con esa necesidad de atender al cliente, no con esa vocación clientelar o de servilismo, sino con la de querer servir para poder satisfacer. La vocación de atención a las personas es fundamental, pero para lograrla también tenemos que modernizar esos sistemas de gestión. Si tenemos trabajadores que pueden conciliar y disfrutar de su familia bajo unos ingresos dignos contaremos con personas que querrán dedicarse al servicio de los demás.
¿Cuál es el nivel la hostelería en la provincia?
Cada vez mayor. Zonas como el Bajo Aragón, Matarraña, Sierra de Albarracín, Gúdar Javalambre, Bajo Martín…cada vez están teniendo mayor protagonismo. Tenemos buenas materias primas, un patrimonio alimentario que pocas comunidades autónomas pueden presumir de ello. Y existe una generación más joven que quiere empujar con fuerza, y hará que se incremente este nivel.
¿Qué reto principal tendrá que afrontar el sector este 2024?
Acompañar a ese sector primario y agroalimentario con un sector altamente cualificado. Debemos aportar un mejor servicio a los ciudadanos que vengan a visitarnos precisamente con la formación tan necesaria. Las posibilidades son muchas, y el futuro lo tenemos garantizado, solo queda poner los medios necesarios para hacerlo con garantías de éxito, pero sobre todo para la gente que venga a vernos.







