Una de las señales de carretera en la TE-V-1703 procedente de Azaila que llaman la atención al llegar a Vinaceite es la que indica la presencia de un despoblado ibérico. El espacio existe pero no está excavado a pesar de los halagüeños resultados que revelaron catas hace casi cuarenta años, y de que ya en 1931 fue declarado Monumento Histórico Artístico. Años más tarde se le otorgó la protección de Bien de Interés Cultural (BIC).
En este lugar del siglo II a.c. solo se ha intervenido lo imprescindible para sacar a la luz detalles como algunos fragmentos de yesos y cerámicas que corroboran la relevancia de lo que hay cubierto en el subsuelo. Este despoblado está ubicado a escasos 500 metros del casco urbano. Es visitable pero no hay nada que destaque. Quien acuda a pasear por la zona no apreciará nada más allá de fragmentos de materiales que han emergido.
En el siglo XIX, hacia el año 1870, se realizaron unas primeras excavaciones al tiempo que se actuaba en el vecino Cabezo de Alcalá de Azaila. Estas catas las ejecutó el mismo arqueólogo, Pablo Gil y Gil. Era catedrático de la Universidad de Zaragoza pero nunca publicó nada sobre su intervención en Vinaceite en ese momento. Tras varios intentos posteriores no fue hasta principios de los años 80 del pasado siglo XX cuando María Luisa de Sus y Jesús Ángel Pérez, arqueólogos zaragozanos, realizaron una serie de catas. Aquellos resultados sí se publicaron en 1984 en un artículo en la revista Kálathos. Se pueden consultar y de momento es la única bibliografía que existe al respecto.
«Aquellas catas sacaron a la luz aspectos interesantes, entre ellos, restos de algunas viviendas con los suelos de yeso pero están en muy mal estado debido a la falta de actuación seria y porque las catas que quedaron a la luz se han ido deteriorando con el paso del tiempo», dijo Álvaro Segundo, vecino de Vinaceite y trabajador en el ámbito de la Historia. Caminar por las inmediaciones implica toparse con fragmentos de algunos materiales de los mencionados, alguna de las partes de muro que asoman y trozos de adobe de los que formaban las paredes, así como con algunas piedras de yeso de los zócalos de las viviendas.
Con toda la información adquirida a través de las catas de hace cuarenta años, de llevarse a cabo una inversión para realizar excavaciones, Vinaceite podría sumar un nuevo reclamo. Además, ya es uno de los pueblos que visitar en la ruta de Agustín Sanz. El arquitecto del Duque de Híjar levantó las iglesias de La Puebla, de Urrea y de Vinaceite y dejó más legado en cada una de estas localidades. En Vinaceite se ocupó de las señales de delimitaciones del término municipal, una parte más desconocida de la historia local y de la zona.
El amojonamiento
Al igual que en Samper, los Amigos de los Balsetes están tratando de rescatar la historia del amojonamiento que marca los límites de término, también en Vinaceite lo hay. Existe desde finales del S.XVIII. «Es curioso, se encargó Agustín Sanz al servicio del Duque de Híjar porque había tensiones con el Arzobispado de Zaragoza, al que pertenecía Almochuel que hoy es de la provincia de Zaragoza. Esos mojones son cilíndricos de más de un metro de altura de piedra caliza y aún pueden verse salpicando algunas zonas del término», dijo.
Vinaceite, que celebra sus fiestas patronales con el inicio de septiembre, vive alguno de los momentos más señalados en la iglesia. De allí sale la procesión del pan bendito y es un buen momento para admirar la arquitectura del templo. Agustín Sanz lo concibió a imagen y semejanza del urreano aunque con dimensiones más reducidas.







