Guillermo Arriaga agradeció su homenaje en Calanda estrenando a nivel nacional su última película.
Guillermo Arriaga (México, 1958) recibió el Premio Buñuel-Calanda en la clausura del XIII Festival Internacional. Él celebró su homenaje con una sorpresa ya que eligió Calanda como lugar de estreno nacional de «Hablar con Dioses», su última película.
Arriaga es director de películas como «Lejos de la tierra quemada», y suyos son los guiones de «21 gramos», 'Amores perros' y «Babel», entre otros muchos. En la actualidad promociona «El Salvaje», su última novela que en España va por su cuarta edición.
Después de dos días en el Bajo Aragón, Guillermo Arriaga se lleva a casa algo más que el Premio Buñuel-Calanda. «Me llevo nuevos amigos de la infancia, que son ustedes», dijo mirando a los ojos al público que en la clausura aplaudió su homenaje. «Pienso que todos somos barcas y estoy convencido de que Buñuel viajó a México para ser mi barco y que yo estuviera aquí. Estoy en deuda con el maestro», añadió.
El «escritor de cine», como se define, es además un gran conversador que derrochó cercanía y dejó parlamentos que quedan para el recuerdo del festival. Comenzó su estancia en la mañana del viernes con un desayuno con medios de comunicación en el Parador de la Concordia de Alcañiz, donde estuvo alojado. «Más que con el paseo arquitectónico, me voy con la calidez y humanidad que desprende esta comunidad del Bajo Aragón», valoró. Pisar el territorio era importante para él.
Buñuel se convirtió en una persona muy importante en su vida desde que lo vio por primera vez. «Tuve dos encuentros con él en mi vida y todos muy surrealistas», dijo. La primera vez que escuchó su nombre fue con ocho años y acudió con su padre a San José Purúa, un balneario donde el calandino iba a escribir. «Nadaba haciendo «el muertito» panza arriba y le gritaban: «¡Señor Buñuel, señor Buñuel!» y como si nada. ¡Era sordo, claro!», explicó sonriendo en el desayuno con periodistas.
El siguiente encuentro fue poco antes de morir el calandino cuando Arriaga entró en la misma «tortería» que él. «Era una especie de sitio de bocadillos y estuvimos una hora los dos solos, lo tenía al lado vestido con traje, corbata y zapatillas», contó. Ahí, ya sabía quién era «el maestro Buñuel» como él lo llama. «Me quedé callado, no lo quise molestar y ahora me arrepiento», siguió despertando la complicidad de los presentes.
En cuanto fue conocedor del homenaje que le brindaba Calanda asumió su papel de embajador. «Espero que no sea la última vez que me inviten. Les voy a ayudar a conseguir el próximo homenajeado, esa será mi primera labor», anunció.
Sabe que volverá y a los hechos se remite. Hace mes y medio pisó por primera vez Aragón, concretamente Zaragoza, donde presentó su novela «El Salvaje» y donde aprovechó para comprar de nuevo «Mi último suspiro», las memorias de Buñuel que alguien le robó. «Es curioso que nunca había venido a esta tierra y en dos meses he estado dos veces. Algo me está llamando», reflexionó.
Sin embargo, se marcha con una preocupación. «Antes de buscar al siguiente homenajeado, lo urgente es explicar por qué no escuché tambores. Buñuel los difundió tanto que allá la gente se cree que en Calanda se tocan a diario y me pidieron muchos amigos que los grabase», aseguró con media sonrisa. «Les tengo que decir que se calmen, que suenan tambores pero hay un tiempo para ello», añadió riendo.
El mexicano reconoció su obsesión con «las razas añejas de los seres humanos». Aseguró que como persona que procede de la mezcla de varias, siente debilidad por conocer a pobladores que llegaron originalmente a unas tierras. Es por ello que sentía la necesidad de visitar Calanda.
«Pensar en que Buñuel viene de una genealogía que creció en estas tierras, se alimentó de ellas y desarrolló,… Es apasionante. Ver que viene de un lugar original con toda la carga genética, cultural, histórica influenciada por el paisaje, la religión,... Es interesante».
Estreno nacional de su última película
Producto de esta debilidad es su última película. Arriaga llegó con una sorpresa ya que decidió que Calanda sería el primer lugar, a nivel nacional, donde iba a proyectarse «Hablar con Dioses» (2014), una película en la que se invita al diálogo sobre la religión a través de las piezas de nueve directores de todo el mundo.
En la Mostra de Venecia cosechó éxito de crítica y el aplauso del público. «Calanda es una tierra legendaria para los que apreciamos el trabajo y la vida de Buñuel. Desde que mostramos al mundo «Amores perros», aparecieron las referencias, así que no encuentro mejor lugar para el estreno», dijo.
«Hablar con Dioses» ofrece la visión de religiones como el islamismo, el judaísmo, el budismo o el cristianismo, entre otras. Además del propio Arriaga, que aborda el ateísmo, participan Álex de la Iglesia, Emir Kusturica, Warwich Thorntonson, Héctor Babenco, Amos Gitai, Bahman Ghobadi, Hideo Nakata y Mira Nair.
La música fue compuesta por Peter Gabriel, y el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, se encargó de editar el orden de las piezas. «Es la primera producción mexicana filmada en varios países. A cada director se le dio una suma de dinero y ellos hicieron lo que quisieron. Confianza total», añadió.
«Ha tenido una respuesta bastante buena en Calanda. Ha salido la pregunta que suele acompañar de por qué no se ha visto en más lugares. Es mi objetivo, que la vean todos los líderes religiosos, pero es delicado porque para algunos esta película es peligrosa aunque es justo lo contrario», valoró.
«Desata una necesidad de diálogo, de encuentro, nos dice que al fin y al cabo estamos juntos en el mundo, así que, bajemos el tono de las cosas y hablemos», concluyó.
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