Rosa María Calaf (Barcelona, 1945) recibió este viernes el V Premio Pilar Narvión en el marco del VI Curso de Periodismo Especializado de Alcañiz, este año dedicado a los viajes y turismo. Lo recibió tras mantener un diálogo con David Jiménez, periodista al que le une una estrecha amistad y trayectoria, ya que ambos han sido corresponsales internacionales. La homenajeada celebra que se le haya tenido en consideración para ser merecedora del galardón, pero más celebra que se esté tratando de sacar del olvido a la alcañizana que ejerció la profesión en plena dictadura. "Desbrozó el camino a las que empezábamos en los años 60 y 70, que ya era el final del franquismo y era complicadísimo, así que, ella lo tuvo mucho peor en los 50", reflexiona Calaf. Se lleva a casa de Alcañiz una mochila cargada de más reflexiones, porque ha sido una más en el curso tomando sus anotaciones e interactuando con los más jóvenes. "Me encanta escuchar lo que tienen que decir y, sobre todo, me encanta ver a tantas mujeres haciendo periodismo", añade. Asegura que sigue prodigándose en conferencias o cursos de este tipo porque es una manera de devolver a la sociedad lo que le ha dado. "Yo lo disfruto, porque me considero muy afortunada con la vida que he tenido", apunta.
Es inconfundible en el paisaje con su característico pelo rojizo y su mechón blanco, un look que durante años y años se asomó a las televisiones de los hogares españoles a diario. "Es imposible ir con Rosa María por la calle o estar en un sitio porque siempre hay gente que la para y la quiere saludar... A mí no me pasa", dijo David Jiménez durante el diálogo en el escenario. Y así fue en esta entrevista, que en apenas media hora de conversación, hasta en cuatro ocasiones hubo que parar para fotos y saludos. A todos atiende y con una sonrisa siempre. "La gente tiene muy buena voluntad, yo lo agradezco pero es fruto de que he estado muchos años en la tele", dice dejando entrever cierto sonrojo por muchos años que hayan pasado.
¿Cómo se siente ya con el premio en las manos?
Ha sido todo estupendo, por encima de las expectativas. Es realmente difícil que un premio tenga tantas características positivas y que lo diferencien. El lugar influye, quien te lo da influye… En este caso concreto, encima el personaje es relevante y es una mujer que ha sido referente en el periodismo de este país. Trabajó en una época muy difícil y siendo ella conservadora lo supo separar y distanciarse críticamente para en el franquismo iniciar crónica política. Eso es muy complicado, y sé lo que es porque lo he vivido en parte. Por tanto, todo eso incrementa el valor añadido del premio que me hace muchísima más ilusión y es más emocionante. Aparte, lo recibo aquí, donde ya he venido muchas veces y te tratan estupendo. Te gusta el sitio, te gusta la gente, encuentras amigos, conoces gente nueva estupenda… es que todo es positivo. Hoy en día que todo es tan complicado y tan acelerado, tener tiempo se valora. Yo vine el día antes y he estado en Alcañiz en el curso tres días simplemente reflexionando, oyendo a gente que tiene cosas que decir y no banalidades una detrás de la otra. Gente que te hace pensar. Al mismo tiempo he disfrutado de buena comida, buena compañía y te lo pasas bien porque estás hasta las tantas hablando. Parece que todo el rato estés hablando de de Humanidades y Filosofía y no (ríe), pero es que hablar de la vida es muy interesante y nunca tenemos tiempo.
No se habla de la vida, es cierto.
De los que estamos aquí en el curso, seguro, y de la mayoría, el periodismo es nuestra vida. No es que forme parte de la vida, sino que lo es. Yo no puedo separar mi profesión de vivir.
La hemos visto con su libreta en las ponencias y participando en los corrillos. ¿Qué saca en claro del curso?
El contenido está realmente repleto de interés, de reflexión sobre puntos importantes que se transmiten a gente joven. Seguramente todos los mayores que hemos venido hemos pensado alguna vez en lo que se ha hablado, pero la gente joven no. Y, ¿por qué? ¿Por que es tonta? No, porque no se le da el caldo de cultivo, no se provoca que se piense, no se quiere que se piense. Por tanto, de repente oyen cosas que posiblemente algunas ni siquiera van a entender muy bien qué quieres decir, pero sí que se dan cuenta de que detrás de eso hay un mensaje. La mayoría de los que han venido, sino todos, no vienen de vacaciones, vienen porque les interesa y se preocuparán de ver qué demonios quiere decir todo eso que han escuchado. Por otro lado, vincular el curso al mundo del viaje es muy inteligente porque todos viajamos y todos queremos viajar. Estoy segura de que a todos los que han venido les gusta viajar y quieren trabajar en el mundo del viaje. Es importante que tengan el mensaje de la importancia que tiene el periodismo de viaje, que no es «ja, ja, ja, ji, ji, ji» y te voy a decir donde tomar un mojito. Cada cosa que tú cuentes tiene una consecuencia, por tanto, responsabilidad. Es un género periodístico que no es ajeno para nada a los valores periodísticos y que tiene que respetarlos, los puede poner de una forma más atractiva a lo mejor más asequible que otros géneros periodísticos, pero lo que no puede es no tenerlos en cuenta. Me parece que eso es muy importante. Todo lo que se ha dicho aquí en distintos tonos, distintos mensajes, incluso con la gastronomía, que a mí ha habido momentos en que me sorprendía porque me ha parecido fantástico realmente verlo desde este ángulo. Esto no es vete a no sé qué restaurante porque hace la mejor tortilla; el mensaje más importante creo que es que salgan de aquí dándose cuenta de que es un género periodístico con una extraordinaria responsabilidad.
Comentaba que rechazó ir a Rusia a cubrir las elecciones porque no le iban a hacer caso ni podría hacer su trabajo. ¿Esta responsabilidad la sigue manteniendo?
Si hubiera estado en activo hubiera ido, sin ninguna duda. Me apetecía muchísimo, le tuve que dar vueltas y luchar contra mí misma. Pero pensé que no voy a poder hacer lo que quiero hacer. Podré decir después que eso ha sido una patochada y no va a tener el menor efecto. Prefiero, sinceramente, seguir con mi vida. Ahora tengo esa sensación que es lógica porque voy a cumplir 80 años y no sé los que me quedan pero, desde luego, me quedan menos que el año pasado (ríe). Es evidente que tengo que aprovecharlos y hacerlo en este tipo de cosas… sinceramente, me puede un poco el egoísmo. Prefiero hacer cosas que, aunque sea poco, tengan algún efecto, y también disfrutar de mis viajes personales que no quiero escribir sobre ellos ni hacer nada. Ahora estoy intentando entrar en Eritrea, que no sé si podré. Ese límite a quienes estáis ahora no os vale, está vinculado a mi edad y a los años que llevo haciendo esta profesión. Pero hubiera ido de estar en activo, por supuesto.
Quienes estamos ejerciendo agradecemos la generosidad que tiene yendo a conferencias, cursos y entrevistas. Podía estar en su casa tranquilamente. ¿Por qué lo hace?
Yo creo, y lo ha dicho David Jiménez en la ponencia, que tengo obligación de hacerlo también. Yo lo disfruto. Hay una parte, efectivamente de generosidad, en el sentido de que creo que lo tengo que hacer porque yo siempre he creído que he sido muy afortunada en mi vida. De alguna manera tengo que devolverlo, y una de las formas es esta. Porque si no aprovecho los espacios que me dan para hablar, yo que puedo hablar… pues por lo menos eso sí. Tengo esa sensación de obligación, pero luego también es verdad que lo disfruto mucho porque esto siempre es de ida y vuelta.
¿Qué le aporta, sobre todo, la gente joven?
Vuestras preocupaciones, vuestros problemas… Y la fuerza que me da ver tantas mujeres jóvenes que estáis allí. Y estáis no para haceros influencers y recomendar cremas solares, sino con intención de hacer periodismo. Esto reconfortar muchísimo porque realmente te da la sensación de que servimos para algo, de que realmente no estás predicando en el desierto. Predicamos en el desierto a efectos de los que, evidentemente, no quieren que las cosas se hagan así porque les importa un bledo lo que digamos y te van a tratar de neutralizar como sea. Afortunadamente, como hemos dicho, aquí no te matan, pero hay otras formas de eliminarte, sobre todo, si estás en activo. Yo no tengo redes, me da igual que me ponga en verde, me importa tres pitos, me da absolutamente igual. Y cuando veo que las que estáis, que sí os estáis jugando mucho y os ponéis en el lado que hay que estar, eso es maravilloso, te vas un subidón tremendo.
Es lógico sentir eso cuando lleva toda la vida trabajando fiel a sus principios y creyendo en lo que hace. Es como que el tiempo le da la razón.
Sí, sí. Y piensas: pues mira, eso no lo hemos hecho tan mal (sonríe).
En cuanto a Pilar Narvión, ¿cómo era percibida en la época?
Yo no la conocí. Había muy pocas mujeres en el sector, ella era prensa escrita y en mi caso, mis referentes eran televisivos y los más fundamentales eran extranjeros. Pero en periodismo ella desbrozó el camino para las que llegamos a finales de los 60 y 70, que es que mi caso. Ella fue la primera que estuvo en un cargo directivo. Lo comenté hace poco con otra compañera, con Elsa González, que fue la presidenta de la asociación de la FAPE hasta hace dos mandatos. Me lo dijo también y ella trabajó con Pilar. Siendo conservadora supo distanciarse críticamente lo suficiente en el franquismo aunque es evidente que no podía hacer muchas cosas, y a mí me pasó también porque trabajé al final del régimen. Hasta donde pudieras estirabas todo lo que podías, te cortaban y después de todo te decían que no te iban a dejar ir a determinado sitio o cobertura. Esto pasaba en el Vaticano cuando estuve en Roma también. Cuando decías cosas que no querían, en el siguiente vuelo del Papa no había plaza casualmente. Con esto quiero decir que era un referente y para mí, fue una buena cronista, una excelente corresponsal en etapas muy importantes como el nacimiento de la Unión Europea, la quinta república en Francia con De Gaulle… un montón de acontecimientos históricos. Aunque fuera prensa escrita, era evidente que para nosotras era referente absoluto. En los años 50 se fue a la URSS, yo cuando terminé la carrera de periodismo y era el año 69 y tuve que pedir un pasaporte especial y mandarle una carta a Fraga. Imaginaos ella en los años 50… Era un auténtico referente y además, era una mujer con personalidad y fuerza.
No se podía ser de otra manera, supongo.
No, si no, no sobrevivías. La veías y pensabas que si ella estaba ahí cómo no iba a poder estar yo. Es muy injusto que se la haya invisibilizado, como es injusto que se invisibilizara a todas las mujeres de la República y de antes de la República, porque había mujeres muy importantes como Carmen de Burgos y muchas más. Además, si este premio puede ayudar, igual que el trabajo de Eva Defior con su tesis, a que se la visibilice es estupendo, porque es una injusticia terrible. Se ha visibilizado a compañeros hombres que hicieron mucho menos que ella. Y, ¿por qué? Pues por lo de siempre, porque como es mujer pues nada.
Entiendo que en el franquismo, si era difícil contar, contar siendo mujer era limitado todavía muchísimo más.
Claro, porque el problema era que no te no te daban espacio. No se te suponía, como no se nos supone todavía ahora, capacidad. Siempre tienes que estar demostrándola y siempre es una sorpresa que tal cargo es una mujer. El nombramiento en un cargo de una mujer siempre es materia de discusión, pero nunca discutiendo por el valor de su trabajo sino por el género y por cómo habrá llegado. Si esto sigue siendo así ahora, imaginaos entonces. Mi casa fue una excepción absoluta que con 14 años me mandó a estudiar al extranjero sola, pero en la época te oías decir permanentemente aquello de «no te hagas la lista».
El “no te hagas de notar”...
Sí, siempre te instaban a disimular tus capacidades y a los niños, a disimular sus limitaciones. Todos tenemos capacidades y todos tenemos limitaciones. Tan injusto es que uno tenga que ocultar permanentemente sus limitaciones como tener que ocultar permanentemente sus capacidades. La socialización en femenino es aberrante para el valor de una sociedad porque desaprovecha cantidad de talentos. La autoestima la tenías por el suelo pensando que no sirves para nada, era lo normal entonces.







